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¿CUÁNTAS TIENES EN CASA, AMPARO BONILLA?

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


:):)
 
 

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    Debería de tener unas cuantas...  que ironía, en casa de herrero cuchillo de palo :)
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Pues eso es una injusticia fragrante. Por lo menos una pequeñita para cada familia colombiana, porque la producción es abundante, aunque requiere trabajo y dedicación para su búsqueda y pesca. 

    Mira, lee esta pequeña historia...

     

    El complejo trabajo de las mujeres que cazan esmeraldas

    Todos los días, un grupo de cinco mujeres se adentra en las montañas y se juega la vida por la ilusión de encontrar una piedrita verde en las montañas de Boyacá. Así es su vida.

    Mujeres que cazan esmeraldas en San Pablo de Borbur

    Dicen que el mes pasado una guaquera sacó una esmeralda de 20 millones de pesos y compró una camioneta. Otra, hace medio año, halló una que vendió en 75 millones y pagó la cuota inicial de una casa en San Pablo de Borbur. También cuentan de un hombre que en julio no encontró ni una gema, pero sí la muerte. ¿Qué pasó? Se le fundió la linterna en la mina, se extravió entre tantos caminos que hay bajo la montaña, y asfixiado por el calor y a un paso del infierno, le dio un paro cardiaco. Tenía 63 años, y dejó dos viudas y siete hijos.

    –¿Dónde ocurrió?

    –Aquí mismito, a donde vamos a entrar.

    Wendy Yurani, de 17 años, se pone un casco y enciende una linterna. Cecilia, Adela, Dora, Carmenza y el hijo de Cecilia, de 21 años, hacen lo mismo. La menor es Wendy y la mayor es Carmenza que tiene 61. Entramos en fila por un túnel estrecho donde apenas cabe el cuerpo. Una empresa explotó antiguamente este socavón, pero ahora está a merced de los guaqueros. Se llama Tierra Santa.

    Adentro el aire es más cálido y por la poca altura hay que caminar agachados. Nadie habla, apenas se oye el ruido de las botas sobre los charcos y algún casco que se estrella contra la roca dura y filosa del techo. Las linternas alumbran piedras que parecen escarcha y hacia adelante se extienden metros y metros de completa negrura.

    A medida que avanzamos van apareciendo otros túneles, que llevan a otros, como ramificaciones de un árbol subterráneo o un hormiguero gigantesco. Somos hormigas obreras bajo toneladas de roca, tierra, cuarzo y esmeralda.

    –El señor se perdió en uno de estos caminos –dice Wendy– Quizá ese. –Y señala con la mano un hueco oscuro que parece no tener fondo–.

    Al mirar hacia atrás, ya no aparece la salida, que antes se veía como un punto blanco y diminuto. Hemos avanzado por recovecos sin darnos cuenta. El aire cada vez es más denso, el camino es aún más estrecho y debemos arrodillarnos, arrastrarnos, pasar por agujeros que apretujan. Cecilia dice que en otras minas los huecos son tan diminutos y la temperatura aumenta tanto cuando se penetra a la siguiente recámara, que el cuerpo se hincha y al intentar volver por el agujero se puede terminar atascado, como el corcho de una botella. Cuando eso sucede no hay que desesperarse, llorar, ni gritar, sino tener paciencia hasta que el corazón y los pulmones se calmen. Solo así el cuerpo regresa a su antigua forma.



  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    Buenos días, no conocía esta historia, ahí nos vamos enterando de cositas :)
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    Como veo que ha sido de tu agrado ese relato relacionado con la piedra preciosa esmeralda de tu hermoso país, ahí llevas un enlace de otras informaciones

    https://www.semana.com/seccion/contenidos-editoriales/esmeraldas-historias-por-contar-/384


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