LISTA Por culpa de un día 11, el mes 9 tiene ya un 7 para siempre

cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII


(Este texto lo escribí un día después de la hecatombre de la Torres Gemelas de Nueva York 1(1/09/2001). En realidad, es un artículo que hice para la prensa que conseguí que se publicase en un periódico de mi ciudad)

Por culpa de un día 11, el mes 9 tiene ya un 7 para siempre


Veníamos viviendo en un cuento de hadas a la orilla de una prestigiosa bahía, rodeados de príncipes de la economía, héroes del arte, supermanes de lo increíble, y en una aparente y definitiva Babel que conseguía, por fin, el liderazgo entre todas las babeles anteriores: la armonía del caos y lo contrapuesto. Pero no teníamos la cabeza ni la imaginación preparadas para que a nuestro gran faro le entrase por lo más alto dos gigantescos túrmix con grandes y demoledoras aspas y le triturasen la testa, dejándonos como único recuerdo un enorme e irrellenable boquete.

Lloramos ahora desconsoladamente por la muerte de tantísimos inocentes, lloramos por haberse salido con las suyas un fanatismo criminal, pero lloramos, sobre todo, por nosotros mismos. Pobres niños que despiertan de un sueño, indefensos, solos, huérfanos. No estaban hechas nuestras retinas ni nuestras neuronas para que le entrase a Occidente a través de unas grandes cristaleras dos pájaros metálicos supersónicos y devoronasen nuestra majestuosa Babel, que creíamos indestructible. Se nos ha roto, en un 11 siniestro, nuestro juguete más preciado. Nos ha entrado por ese ventanal de una vanidad de 400 y pico de metros de soberbia humana el tiburón de la historia, al que creíamos metido para siempre en una pecera y al que podíamos observar plácidamente como si fuera un chanquete.

Nueva York es ahora lo mismo que eran todas las otras babeles anteriores, una gigantesca ficción, apoyada en pies de barro y en forma de torres gemelas. Y este es el dilema, que nos habíamos ido poniendo, como Alicia en el País de las Maravillas, al otro lado del espejo, y ya estábamos cada vez más acomodados en un mundo de fantasías y hechos insustanciales.

Hace tiempo ya que perdimos una humildad obligatoria para toda civilización. Mucho antes de que esas naves asesinas penetrasen los cristales, habíamos puesto nuestro granito de arena de fuego y de odio.

Veníamos comportándonos cual guardián altivo que cree que no queda perro salvaje que no se someta a su silbato, político, militar y financiero, y nuestra soberbia, inconsciente e incontrolada, se había alzado antes que los rascacielos destruidos, pero ahora ha caído con idéntico estruendo.

Desde hace un siglo, veníamos creyéndonos que nuestro racionalismo, unánime y cojitranco, era un arma efectiva para enfrentarse al mundo y domarlo de las pasiones y las irracionalidades humanas, que ya pensábamos que las tenía todas atadas el Pentágono, pero el Pentágono sólo tiene y sólo entiende de aparatos.

Veníamos explayándonos, desde hace un siglo, en una era de pasiones y no en la vieja era de estructuras. Como una muestra más de nuestra desmesurada imprudencia, hemos ido desmontando, como auténticos suicidas, todos los cortafuegos que nuestra experiencia histórica había ido poniendo para que nos sirviera de protección ante el eterno retorno de lo mismo; un huracán de irracionalidades sangrientas.

Nos reconcomemos ahora buscando causas y efectos, talibanes y fanatismos en el fondo de los países oscuros, pero no queremos acordarnos de nuestras exageradas sofisticaciones, de todo lo que hemos ido tirando por la borda, ufanos y afanosos, durante nuestras circunnavegaciones: una ingeniería, filosófica, moral y política, que, mal que bien, habíamos ido heredando de nuestros pasados y nos había ido llevando.

Liberados ya de nuestro fardo, que siempre nos había parecido lento y pesado para un sprint osado a nuestra inclusión histórica, nos hemos ido entregando al reino de las ligerezas y a los sueños inocentes, pero robustos en una sociedad ilustrada, trazada en la musculatura intelectual de los pensadores liberales, que nada tiene que ver con sus exangües sucesores o sus epígonos. Hemos ido derivándonos hacia la construcción de una sociedad tribal y trivializada, en la que engullíamos masocotes de ideas muertas, grandes dosis de fatuidades, egoísmos de baratijas y verdades tan acomodaticias como ficciones.

Y, ante esta tesitura, el mundo se estaba polarizando en dos mitades: sociedades cada vez más tribales y sociedades cada vez más triviales. Y este es el problema; ahora, de pronto, la ciega pasión tribal nos ha despertado bruscamente de nuestra pasión trivializadora. Esos malvados aviones nos han mutilado nuestra ciudad-estado que nuestra imaginación había construido en un modelo.

Convertidos ya todos en un gran muñón, hemos descubierto, por fin, en qué consistía el nuevo y rutilante orden mundial: en desorden. Nueva York, como símbolo, más que como Gran Manzana, era una fábula, y en cuestión de pocos minutos nos hemos vuelto conscientes de nuestra propia inconsciencia.

De nuevo, y como venía siendo costumbre, estamos en medio de la jungla acompañados de nuestros inseparables amigos de siempre: el caos y la fragilidad eterna.




Comentarios

  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII

    .
  • De lo supuesto a lo real, del continente al contenido...

    Me ha gustado mucho la crítica al modelo americano, por no decir occidental ya que muchos se lo hemos copiado obviando que era el mejor, tan encantado de conocerse que daba por supuesto que los demás también estaban igualmente encantados.

    Lástima que el despertar del sueño, de esa «segura mentira» en la que se vivía, tuviera que ser tan sumamente violento y triste.

    Se suele decir que, cuanto más alto es alguien, mayor es también el golpe cuando cae al suelo.

    Muy buen texto como siempre... Un saludo...
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII
    De lo supuesto a lo real, del continente al contenido...

    Me ha gustado mucho la crítica al modelo americano, por no decir occidental ya que muchos se lo hemos copiado obviando que era el mejor, tan encantado de conocerse que daba por supuesto que los demás también estaban igualmente encantados.

    Lástima que el despertar del sueño, de esa «segura mentira» en la que se vivía, tuviera que ser tan sumamente violento y triste.

    Se suele decir que, cuanto más alto es alguien, mayor es también el golpe cuando cae al suelo.

    Muy buen texto como siempre... Un saludo...

    Hola

    El día 2 de septiembre del 2001 escribí ese artículo con la idea de conservarlo en mis archivos, pero mi hijo mayor (recientemente fallecido) me animó a que lo publicase en un periódico local, y eso gestioné y me lo admitieron. En realidad, no es, obviamente, un relato de ficción, desgraciadamente, fue real. Quizá no sea un escrito que corresponda en este apartado, pero tampoco deja de corresponder. Me gustó cómo me salió y lo he querido rememorar plasmándolo aquí.

    Gracias por leerme




  • Lamento sinceramente saber sobre la muerte de tu hijo...

    Respecto al texto te comento lo mismo que pienso sobre los géneros musicales, literarios, cinematográficos o artísticos en general: una buena obra es buena más allá de su estilo, temática o connotaciones. Pues en este caso, sin duda alguna, estamos hablando de un muy buen texto.

    ¡Un saludo grande!
  • cehicehi Miguel de Cervantes s.XVII
    Lamento sinceramente saber sobre la muerte de tu hijo...

    Respecto al texto te comento lo mismo que pienso sobre los géneros musicales, literarios, cinematográficos o artísticos en general: una buena obra es buena más allá de su estilo, temática o connotaciones. Pues en este caso, sin duda alguna, estamos hablando de un muy buen texto.

    ¡Un saludo grande!


    Gracias, tú siempre tan amable


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