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Los Zuccarelli- Capítulo 4 (parte 1)

CAPÍTULO 4

Después de una larga siesta me he recuperado un poco del jet lag, pero tengo hambre. Necesito cambiarme de ropa, el uniforme no se estará todo el año dentro de la funda de plástico. Zapatos, medias opacas, y falda negros, una camisa blanca, corbata plateada y americana negra. No puede ser más simple y a la vez más elegante. Con los zapatos tengo vía libre mientras sean negros o sea que me pongo unos botines que me compré hace unos meses. Podría ponerme el vestido negro en lugar de la falda, pero he visto que abriga mucho y me lo reservo para cuando llegue el verdadero frío de Oregon. Una vez termino de peinarme mi larga cabellera negra que con la humedad comienza a retorcerse (he cambiado un estado húmedo por otro) necesito salir a buscar un sitio donde comer. Si no me equivoco llegaré antes a la cafetería si en lugar de cruzar el puente voy por el paseo de bloques de casas y llego al bosque. Así que lo hago de esta manera y me marcho tranquilamente.

El bosque es impresionante y gracias al camino no me voy a perder. Nuevamente los árboles oscurecen el entorno y la sensación no me gusta. Por ese motivo avanzo a paso rápido y me encuentro ante la escuela de Veterinaria. Por lo que sé es el más alejado de todos porque, claro, no se pueden poner a curar vacas en medio del campus. Justo en ese momento dos chicas salen por la puerta principal del edificio, una de ellas vestida con el uniforme de la escuela y la otra viste el equipamiento para montar a caballo en lugar de la falda reglamentaria, aunque incluso las mallas llevan el escudo de la ZU.

- ¡Hola! - me saluda una de ellas.

Me paro sorpresa por su grito y espero mientras ambas se acercan hacia mí. La que me ha saludado es muy bajita, y lo digo yo que tampoco soy esencialmente muy alta, y arrastra a su amiga, que esta sí es alta, hacia mí. La amiga no parece muy convencida de acercarse a presentarse. De hecho, mueve sus manos por las mallas de montar a caballo como si estuviera nerviosa. Tiene el pelo muy liso y de un color castaño claro. Le tengo que preguntar cómo carajo mantiene el alisado con esta humedad, aunque creo que es natural. Qué afortunadas son algunas. Su amiga, en cambio, lo tiene ondulado como yo y corto por encima de sus hombros. Ambas de ojos marrones y sonrisas corrientes, y me quedo más tranquila porque pensaba que todos serían supermodelos como Grayson Luzio.

-Ei. - las saludo.

-Hola. - me corresponde la bajita- Me llamo Ava y ella es Juliana.

-Hola. - me saluda la amazona.

-Hola, encantada. Soy Eleanor.

Ellas dos me sonríen, Ava mucho más entusiasmada que Juliana por haberme conocido.

- ¿Hacia dónde ibas ahora? - me pregunta precisamente Ava.

-A buscar la cafetería. - le cuento.

-Vamos allá nosotras también. Si quieres te la podemos enseñar.

-Gracias. -acepto.

Entonces caminamos hacia el centro del campus, ahora las tres juntas. Comienzan con la pregunta fácil y que ya esperaba: ¿Cómo es Florida? Y desmiento todas las visiones de película que tienen porque no toda Florida es playa, fiestas y chicos guapos. Ava no deja de hablar y en menos de quince minutos ya sé que tiene diecinueve años como yo, que es de un pueblo de Dakota del Sur que no soy capaz de reconocer, que quiere entrar en una escuela de veterinaria cuando se gradúe, que naturalmente le gustan mucho los animales y que odia que la política del campus no le deje tener un cerdito. Le he propuesto que pida tener un perro que es bastante más normal, pero ella dice que un perro es demasiado aburrido y que prefiere un cerdito. Para entrar en la escuela de veterinaria, está estudiando biología y cuando se gradúe intentará quedarse en la escuela de veterinaria de la ZU.

Ya que Juliana no está muy a favor de mi compañía y se dedica a mirar por donde vamos, Ava también me cuenta su vida en tres minutos. Tiene también diecinueve años, es de otro pueblo perdido de Montana, campeona estatal de salto ecuestre y estudia International Business.

Esta conversación introductoria continua cuando pasamos por delante del impresionante edificio de la biblioteca principal. Es un edificio de ladrillos marrones con muchísimas plantas porque es altísimo. Esta biblioteca es gigantesca. Para acceder a ella, tienes que bajar por unos escalones blancos hacia un pequeño hall con césped y dos árboles rodeados de piedras negras. Hay más de seis puertas una al lado de la otra e incluso hoy, que las clases aún no han comenzado, ya hay estudiantes que las utilizan para entrar y salir.

La cafetería está situada a pocos metros de la biblioteca. Tiene una terraza de madera con todas las mesas llenas en este momento. Para llegar hasta la puerta tenemos que acercarnos al pasillo central de la terraza y mientras lo hacemos, miro con un poco de envidia todos estos amigos que toman un refresco mientras se explican qué han hecho durante el verano.

En el interior de la cafetería hay mucho ruido. Para comprar comida o bebidas tienes que ir hasta un largo mostrador que recorre los laterales de esta planta rectangular. En el centro hay un gran espacio con mesas de madera de varios tamaños. Sigo a Ava y Juliana para ir a buscar un té verde y cuando lo tengo nos dirigimos hacia la zona de las mesas. Ava saluda con la mano libre a un chico que está sentado en una mesa redonda. Toda ella tiembla de emoción para saludarle y creo que acabo de averiguar el chico que le gusta.

El chico en cuestión saluda a las chicas y se levanta para presentarse cuando me ve. Lo único que puedo decir es que es dos dedos más alto que yo, que tiene unas cejas marrones extremadamente pobladas y que lleva sus cabellos cobre peinados hacia un lado.

-Hola, soy Eleanor. - me presento.

-Leonardo Miller. - me contesta. -Leo, mejor.

Encajamos de manos en medio de una sonrisa y entonces nos sentamos los cuatro en la mesa.

-Así que eres de Florida ...- me dice Leo.

Y empezamos de nuevo con la playa, la fiesta y, en su caso, las chicas guapas en bikini. De verdad que mentiría diciendo que soy de Chicago si no fuera porque mi acento del sur me delata.

Con todo ello empezamos a hablar un poco de todo. ¿La mejor noticia? Leonardo también está especializándose en Periodismo como yo y eso significa que estaremos juntos en muchas clases. Me gustará tener alguna cara conocida junto a mí, al menos el primer día. Desgraciadamente no compartiré ninguna clase con Ava porque no coincidimos ni en gustos ni en especialidad, pero creo que aun así la veré menudo. Tampoco estaré con Juliana, pero si soy sincera no me afecta mucho, la chica es muy estirada y es como si no estuviera con nosotros. Leo, Ava y yo somos básicamente los que mantenemos una conversación. Ellos dos no dejan de hablar de la fiesta de esta noche, que no parece ni legal por como la describen. Estoy curiosa para saber qué clase de fiestas organizan esta gente y, sobre todo, dónde la organizan. En la ZU no hay ni una fraternidad. Es muy extraño porque en Miami había muchísimas. Allí era donde se hacían las fiestas así que estoy curiosa por saber dónde las hacen aquí.






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