Hola, les quiero compartir una pequeña noveleta de mi autoria titulada "el sueño de la sonrisa" consta de 10 partes y cada semana les compartiré una nueva. Cap 1
Era una tarde de finales mayo, calurosa, había llovido con fuerza el día anterior y se sentía una humedad sofocante en el ambiente que dificultaba la respiración, yo un chico de 21 años sin rumbo, me vi pronto caminando entre los árboles de la alameda, así que decidí parar un momento y sentarme en una de esas bancas gastadas y mirar las formas de las nubes que danzaban entre el follaje verde, pensaba en lo hermoso que puede llegar a ser el mundo, en lo pacífico y tranquilo, y en lo banal de lo terrenal, en lo hermoso de algo que está todo el tiempo sobre nuestra cabeza, pero que sin embargo nadie volteaba a ver, bastaba con girar la cabeza hacia la calle, para ver el tránsito desesperado y violento de los autos que se esfuerzan en pasarse unos a los otros, el claxon frenético, y la locura con que la gente deseaba llegar ya sea a esa jornada larga y cansada, que llaman empleo, o en su defecto, a su casa para besar a sus esposas y encender el televisor y yo solo podía pensar en cómo ese caos estaba a unos pasos del lugar tan reconfortante en el que me encontraba.
Sumido en esto me encontraba cuando me di cuenta que alguien se sentó junto a mi, era una mujer, debía tener no menos de 80 años, complexión delgada, tez blanca, no muy alta, su cabello completamente cano, manchas en su cara y sus muchas arrugas delataban su edad, pero tenía una sonrisa blanca y juvenil que parecía no hacer juego con su mirada cansada y unos ojos verdes fantásticos
-bonito día ¿no? –me dijo–
-El calor es un poco sofocante y el tráfico arruina la atmósfera, pero si es un bonito día –dije un poco sarcástico–
-no prestes atención a esos pequeños detalles, aveces hay que tolerar a las orugas si se quieren ver mariposas ¿no crees?
Yo sonreí a regañadientes y le conteste,
-tiene razón señora...
-Emilie –apresuró a decir–
-mucho gusto señora Emilie es usted una buena compañía, mi nombre es Roberto –dije con un tono cortes–
-oh por favor Roberto, no me hables de usted que me haces sentir más vieja, puedes solo llamarme Emilie
-disculpe, digo disculpa Emilie –conteste torpemente– no fue mi intención
-en momentos como este, quisiera que el tiempo se detuviera, y que nos encapsularamos, en el aquí y ahora, que este instante se hiciera infinito en el tiempo y espacio, ¿te gustaría? –dijo mientras clavaba la mirada fijamente en el cielo–
Yo estaba apuntó de decir algo, pero me límite a asentir con la cabeza, y así quede atrapado en ese momento pensando en que sería fabuloso poder transformar un momento como aquel en algo atemporal; súbitamente me di cuenta que se hacía tarde y que las nubes claras habían sido desplazadas por unas obscuras y que no tardaría en comenzar a llover, me incorpore de un brinco y me despedí de Emilie.
-¿te vas? –dijo un poco triste
-si, lo siento debo irme, pero fue un gusto hablar contigo
-entiendo, el gusto fue mio, no sabes cuanto agradezco que me robaras una sonrisa
salí con paso veloz mientras me despedía con la mano, de Emilie, sentía esos ojos cansados penetrar mi alma y esa sonrisa juvenil y exquisita asomarse, apenas pude avanzar un par de cuadras, cuando tuve la necesidad de volver y compartir más tiempo con Emilie, o al menos preguntarle si algún día podíamos vernos para platicar, así que me detuve y tras un par de segundos pensándolo volví marcha atrás en dirección en la que apenas hacia un minuto había dejado a Emilie, pero cual fue mi sorpresa que al volver, Emilie ya no estaba, trate de buscarla con la vista a través de los árboles frondosos y las personas, sin éxito, volví la mirada hacia la banca dónde se encontraba sentada hacía apenas un par de minutos, y vi a una mujer apenas un poco más joven que Emilie, con apenas unas canas y severas arrugas en su rostro, le pregunté si vio a mi enigmática compañera de banca, que había estado sentada en ese mismo lugar, ella negó con la cabeza, yo le agradecí amablemente, y ella sonrió, en ese momento me di cuenta que esa señora tenía una hermosa sonrisa como la de Emilie, le devolví la sonrisa y me retire de prisa, pensando que tal vez no volvería a verla, y que aquella señora se parecía a Emilie sobre u todo por su sonrisa, lo cual no podía ser debido a que claramente se veía más joven.
Si les gusto, por favor me gustaría escuchar sus opiniones
Comentarios
Prefiero no revelar mi nombre, mi seudónimo es Toltekayotl, administró una pagina de arte para que personas comunes puedan compartir sus trabajos y darle difusión, si alguien gusta leer más de mis trabajos pueden mandarme un mensaje y les doy el link, en cuanto a tu comentario amparo, a mi me gustaría que también dieras una opinión de lo verdaderamente importante, como por ejemplo mi escrito.
Saludos
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Gracias por tu vivista a mi blog:)