¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Cuesta abajo y sin frenos

Groucho MarxGroucho Marx Pedro Abad s.XII
editado octubre 2014 en Humorística
Después de unos días como encargado de la hamburguesería, he podido comprobar que la situación del negocio es catastrófica. Las ventas se reducen cada vez más, los empleados están ociosos la mayor parte del tiempo y empiezan a temer por sus empleos, y Berta, como tampoco tiene trabajo, se pasa el día en mi despacho haciéndome arrumacos. La situación empieza a ser desesperada, sobre todo para mí, que ya no sé cómo esquivar sus insinuaciones.

-¿Cómo estarr hoy mi pichoncito, cuchi-cuchi, osito lindo? Tú darr un besito a tu Berta.
-Em… con gusto lo haría, mastodonte mío, pero es que me ha salido una llaga en el labio.
-¿Mi bebito tenerr pupita? A verr, yo sanarr a mi conejito... ¡Esto parrecer morrdedura y no llaga! ¿Tú morrdido a tí mismo?
-(¡Demonios, me ha pillado!) Eeehh... sí, puede que sí, es que me gustó tanto tu plato de bratwurst de ciervo tirolés con chucrut que me mordí con la emoción.
-¡Ooohh, Julius! Tú muy amable con Berta.

Me da un golpe amistoso con la cadera que desplaza la silla con ruedas donde estoy sentado a toda velocidad contra la pared. Noto que la cara se me deforma como la de un astronauta volando a seis gravedades, en las escasas décimas de segundo que tardo en estamparme contra la susodicha, acabando ambos (la silla y yo) patas arriba en confuso batiburrillo de piernas y ruedas.

Sin inmutarse, Berta me pone en pie con una sola mano, me coloca las destrozadas gafas, que pendían de mi oreja derecha como un alpinista colgando de su piolet, recoge mi puro del suelo, que al haberse partido, sin llegar a romperse, forma un bonito ángulo de noventa grados, y me lo coloca en la boca de nuevo con el extremo encendido apuntando al techo. A causa del golpe me ha quedado el pelo como el de un cherokee, y me lo alisa con unos cuantos manotazos que hacen rebotar mi cerebro dentro del cráneo como la bolita de un cascabel.

-Ahorra Berta irr a la cocina a limpiarr un poco. Después yo venirr y tu darr masaje en espalda a Berrta con cremitas.
-Desde luego, querida. –contesto, mareado.- Prepararé el remo para untar y veré si ha llegado el camión cisterna con la crema.

Recojo los pedazos de mi destrozada dignidad y me siento de nuevo en mi mesa. Mi amigo Johnnie Walker me ayuda a recuperarme y pronto me siento mucho mejor, aunque sigo preocupado. La situación es grave y hay que tomar una decisión cuanto antes.

Marion llama a la puerta de mi despacho y entra.

-Señor Marx, tiene usted visita.
-Marion, ¿no ve que estoy ocupado? –contesto, bajando precipitadamente los pies de la mesa y agarrando, sin mirar, un informe de ventas de la bandeja, que resulta no ser tal, sino un ejemplar de Playboy que sujeto en posición invertida, con la conejita de portada boca abajo. - ¿Quién quiere verme?
-Un tal señor McFlurry, dice que es importante.
-Está bien, hágale pasar.

Un tipo con traje de rayas y aspecto petulante entra en mi despacho. Sin levantar la vista del informe de ventas (esta vez de verdad), me dirijo a él.

-Si trae una factura, puede dejarla en la papelera. Si me disculpa, tengo una reunión con mi corredor de apuestas en cinco minutos.
-Sólo será un momento, señor Marx. –Sin esperar permiso, se sienta en la silla que hay frente a mi mesa, enciende un cigarrillo y pone los pies encima de mi escritorio. Levanto los ojos del papel y le miro por encima de mis lentes.
-No le conviene hacer eso, amigo. Tengo un arma de destrucción masiva en la cocina que más le vale no conocer.
-Señor Marx, soy el representante de la franquicia de MaraDonald’s. Sus cifras de ventas hace meses que están en los últimos lugares de las estadísticas.
-Dénos dos meses más y conseguiremos llegar al último. Se lo garantizo.
-Veo que no se da cuenta de la gravedad de la situación. La compañía ha decidido no seguir prestando su nombre a este… -mira con expresión de asco a su alrededor- …tugurio.
-Sepa usted que no tiene nada que temer, jamás he dejado de no pagar un préstamo.

McFlurry se pone de pie, apoya las manos en la mesa y me mira desde arriba.

-Me temo que sigue sin comprender. A partir de hoy este local ya no pertenece a la cadena MaraDonald’s. Mañana mismo vendrán a retirar los rótulos de la franquicia y las máquinas que son de nuestra propiedad.

Me levanto, apoyo también las manos en la mesa y le miro cara a cara.

-Es la mejor noticia que me han dado en mi vida, y me han dado muchas. Llévense su apestoso veneno a otra parte. Por fin podremos quitarnos todos las pinzas de la nariz.

Teatralmente, abro un cajón de mi mesa, saco una pinza de la ropa y me la coloco en la nariz. Pero me aprieta demasiado, no puedo respirar y se me empieza a caer un moquillo, por lo que empiezo a mover a un lado y a otro el labio superior intentando contener el inoportuno afluente.

-Ya veremos si opina lo mismo cuando tenga que pagar las facturas y las nóminas. Buenos días, señor Marx. –Se gira y sale del despacho dando un portazo.

Me quito la pinza, aliviado, cojo un pañuelo y me sueno con tal fuerza que noto temblar el cristal de la ventana. Me dejo caer en la silla, desalentado. Ahora sí que estoy en apuros.

Comentarios

Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com