Las diez de la mañana. Una hora antes de que abran al público, me presento en la hamburguesería para hacerme cargo de mi flamante puesto de fregaplatos.
Un adolescente con aspecto de aburrido y la cara con más granos que una paella me abre la puerta.
-Tú eres el nuevo, ¿no?
-Bueno, depende cómo lo mire usted, jovenzuelo. Si tenemos en cuenta que nací en 1890, muy nuevo no soy. Pero como me enterraron en 1977 y he estado más de treinta años descansando, la verdad es que me siento como nuevo. Eso sin tener en cuenta que las células de la piel se renuevan cada dos semanas, la sangre cada tres meses, el hígado cada año y medio y el esqueleto cada diez años, así que la verdad es que puedo decir que soy nuevo del todo.
Me mira con la misma expresión que una ameba en una clase de ortografía.
-¿Qué?
-Déjalo, majete. Sí, soy el nuevo. ¿A quién hay que liquidar?
-¿Liquidar?
Bajo la voz y adopto un aire misterioso.
-¡Sí, liquidar! En mis tiempos se usaban las balas y el veneno, ahora se usa la cómida rápida. Todos esos incautos que aterrizan por aquí no saben que les estamos cargando el cuerpo de grasas saturadas, azúcares, conservantes, colorantes, antioxidantes y toda clase de sustancias cancerosas. -Levanto las cejas, abro mucho los ojos y exhibo una sonrisa maléfica- ¡Es un plan diabólico! ¡Y encima les soplamos la pasta, somos unos genios! ¡JA, JA, JA!
El mozuelo me mira con los ojos desorbitados y retrocede espantado, tropieza con una silla y a punto está de dar con sus posaderas en el suelo. El joven encargado, que estaba en la caja, levanta la vista, nos mira y se acerca rápidamente.
-¿Qué pasa aquí?
Le miro con cara de no haber roto nunca un plato, lo cual resulta de lo más apropiado para mi nuevo cometido.
-Nada, jefe. El chavalín ha resbalado con una mancha de ketchup. ¿Donde está la cocina? Estoy ansioso por empezar a romper cosas.
-Ten mucho cuidado, listillo. Lo que creíste ver ayer no te protegerá eternamente. Me he quedado con tu cara.
-Pues haga el favor de devolvérmela, la necesito para afeitarme.
-Ve al vestuario y ponte el uniforme. -Me sigue con la mirada mientras me dirijo al cuartito- Te estaré vigilando atentamente.
-¿Cuando vaya al retrete también? Pues no creo que le guste lo que vea.
Salgo del cuartito con un ridículo delantal de rayitas blancas y rojas que me llega hasta los pies y una gorra de MaraDonald's con la frase 'Born to wash' (nacido para fregar) bordada en letras color verde moco. He tenido que dejar el puro en la taquilla, porque en este maldito país está prohibido fumar hasta en la calle.
-Ve a la cocina y preséntate a Berta. -Me dice el encargado, con una sonrisa que no me gusta nada- Ella te dará qué hacer.
Presa de negros presagios, abro la puerta batiente y me doy de bruces con una inmensa pared blanca, que curiosamente no es lisa ni dura, sino que es blanda, abombada y con dos enormes protuberancias por encima de mi cabeza. Levanto la vista y más allá de dichas protuberancias veo un rostro rubicundo semejante al cruce de un hipopótamo con el hermano feo de Arnold Schwarzenegger. Brazos en jarras, cada uno de los cuales es más grande que mi tronco, me mira desde arriba como el que mira el maloliente producto de una noche de borrachera. Sus ojos inyectados en sangre se clavan en los míos y al instante me provocan una conjuntivitis aguda.
-¿Y de qué cloaca haberr escapado tú? -Vocifera, con fuerte acento germano- Cada vez me envian peorr escorria.
-Disculpe, señora. Creí que la guerra había terminado y habían desguazado ya todos los tanques.
Antes de que pueda abrir la boca otra vez, me agarra del cuello de la camisa, me levanta como si fuera una pluma y realiza conmigo un lanzamiento digno de un record olímpico, aterrizando en un montón de cacerolas y cacharros sucios con enorme estrépito.
-¡Quierro esos cacharros tan limpios que los podamos reciclarr como espejos! ¡Y deprrisa, gusano inmundo!
Comentarios
Sí, pero no le traigas hermanastros, que me lo distraes.
Tranauilo, señor Senequista, no los traeré porque para cuando sepan caminar yo ya estaré por lo menos en Pernambuco.
De eso nada, señorita Bonilla, los guardias y yo no nos llevamos bien.
Me guardo de hacer niños.:D
Vaya, me han llamado muchas cosas, y ninguna agradable, pero nunca me habían llamado 'despalomado'. ¿Es que acaso me han robado las palomas? No puede ser, las cociné anoche para cenar.
Usted se lo pierde, señor Senequista, yo no pierdo ninguna oportunidad de intentarlo.
Ni lo sueñe, ¡qué asco!
Como diría el Dolmancé de Sade, yo no practico el único culto admitido.:rolleyes::D