-Una, dos, tres, cuatro, umm, cinco -contaba el hijo cuando el padre le interrumpió.
-¿Qué es lo cuentas hijo?
-Las estrella -respondió el niño mirando al cielo desde la ventana, cada día que miro hay distinta cantidad.
-¿Cómo es eso de que hay distinta cantidad?
-No lo se, creo que se esconden. Desde mi ventana no veo más de 10 estrellas pero mis profesores dicen que hay millones.
El padre rió admirando la inocencia de su pequeño.
-Hay tantas estrellas en el universo que no serías capaz de contarlas todas.
-¿Y por qué se esconden? -preguntó el niño -¿Acaso tienen miedo de algo?
-Se esconden de las luces de la ciudad, son muy vergonzosas y solo se dejan ver las que están más cerca de nosotros -contaba el padre entre risas -pero si vas a la oscuridad no sabrán que estás ahí y saldrán de su escondite.
-¿Si apago la luz del cuarto vendrán? -preguntaba el niño con cara de emoción.
El padre soltó una carcajada.
-No, esta luz es muy pequeña, el próximo sábado iremos tú y yo de noche al campo, allí no nos verán y saldrán de su escondite -el padre se levantó y arropó al hijo -y ahora a dormir, que tienes que descansar, buenas noches pequeño.
-¡Buenas noches papá!
El padre dio un beso a su hijo y este durmió, soñando, como es natural, con las millones de estrellas que el sábado vería con su padre.
Comentarios
Gracias por el relato tan tierno, Pablo D
(sólo quería una estrella jajajaja)