[FONT="]Es domingo. Como todos los domingos, he vuelto a pasar a media tarde por delante de tu portal, aun sabiendo que hace meses que no vives ahí. He marcado de nuevo tu número de teléfono, para que bajes a abrirme, para darte dos besos y que me abrace tu sonrisa, y volar de nuevo a tu piso cogidos de la mano. Por su puesto, nadie ha contestado, ya solo existe ese número en mi agenda y en mi memoria.[/FONT]
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[FONT="]He pasado de largo, siguiendo a las palomas de tu terraza hasta la cafetería de la esquina, para pedir lo de siempre después de nuestros encuentros cronometrados. “Café con leche con hielo, en vaso grande, por favor”. Sopesando condicionales, consumiéndolos, sorbo a sorbo, con la mirada ausente Siempre supe definir al amor hasta que te conocí.[/FONT]
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[FONT="]Es domingo, y el viento escribe con lágrimas en mis folios tus palabras con el polvo de tus alas: “me he violado a mí misma cada día”. Y me abrazas, y tu cabeza se posa en mi hombro, como las palomas en nuestra terraza. Te consuelo, acariciando tus alas replegadas, te arranco una sonrisa tímida, exorcizando el dolor que cubre tu alma. Después, arrodillado en la cama, con los dedos entrelazados, frente con frente, son mis lágrimas las que se ahorcan en la mentira que hasta ahora ha sido mi vida, esa que sé que solo tú eres capaz de comprender. Tus dedos se enredan entonces en mi pelo, y besas mis párpados y mis pómulos con la dulzura y la pasión de quien sabe que no habrá un mañana para los dos. Se anclan los cuerpos, aullamos en llamas, danzando al unísono entre las costuras de un orgasmo que se deshilacha, hasta que se desgarran las almas.[/FONT]
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[FONT="]“Tengo frío”, me susurras, antes de hundirte en mi pecho y pintar con tus besos mi espalda. Hablaremos de nuestras pesadillas y nuestros demonios; desnudos, entre las sábanas, adivinaré por última vez tu carta soñada. Intercambiaremos las cruces que cuelgan de nuestros cuellos. Nos prometeremos recordarnos para siempre un día a la semana; nos desearemos felicidad eterna y merecida, esa de la que el mundo nos ha privado. Y terminará todo con tu beso más dulce en mi frente y en mis párpados, fundidos en un último abrazo, como se abrazan dos planetas que colisionan, haciéndonos añicos entre susurros, caricias y sollozos. Bajaré las escaleras, solo esta vez, huérfano de tu mano, sin volver la vista atrás, para volver a mi mundo de colores desdibujados. Seguiré siendo el jugador que se envida cuando le reparten la dama de corazones, jugando al amor, perdiéndolo todo, preso de esa mala racha pasajera que dura toda una vida.[/FONT]
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[FONT="]Es domingo y, como todos los domingos, hago examen de conciencia arrodillado frente al Cristo antes de la misa, como un San Agustín contemporáneo. Soy incapaz de acercarme al confesionario a redimirme de todas mis faltas. Cómo podría entender Dios que cambié su templo por el sagrario de tu alma y el pecado de tus caricias; cómo hacer que entienda que cuando le buscaba te encontré, y te escogí a ti; que prefiero condenar mi alma por pasar un solo segundo más a tu lado, que la eternidad no tiene ya ningún sentido si no estás aquí, si las olas del mar terminarán borrando tus pisadas.[/FONT]
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[FONT="]Es domingo y de vuelta a mi noche urbana, los duendes me siguen preguntando el nombre del hada de Rostov. Pero no puedo pronunciarlo, porque no conozco la respuesta: nunca quise conocerlo para no poseerte. Y morirán las palabras cada noche, ahogadas, aguadas en mi copa. Serás para siempre el hada que voló a Rostov, y yo seré para siempre el médico, el “chico de los domingos” que iluminaba tu mirada.[/FONT]
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[FONT="]Es domingo y ya el domingo se acaba, como cada domingo, cuando besan mis párpados tu madrugada.[/FONT]
Comentarios
Primero: te has retrasado tanto en postearlo que ya era lunes. Tch, Tch...
Ahora en serio: ¿Cómo lo haces? Uno puede sentarse un día delante de un papel o de un ordenata, relajarse, pensar en aquel amor que marcó su vida... teclear... ¿y que salga algo como esto? ¿Eh? A ver, confiesa... ¿Qué tengo que fumar o inyectarme para que me salgan frases parecidas? Me he quedado gatidifuso, y creo que aunque mucha gente podrá tener recuerdos parecidos a los que aquí se describen, ésto está por encima de lo que la mayoría podríamos expresar con palabras. Mi admiración, merece este texto.
A no ser que haya algún truco... si nos quieres explicar cómo se hace :rolleyes:
Sobre trucos, me ha hecho mucha gracia, los únicos trucos que sé hacer son con naipes, monedas y pañuelos... Yo doy malos consejos, pero una ginebra y una buena tónica de noche, en la terraza de casa, con vistas a mar y montaña y cartuchos suficientes de nicotina suelen dar unos resultados magníficos. Nada de inyectarse xD Estaría curioso abrir un hilo sobre la manera en que nos ponemos a crear, podrían aparecer cosas graciosas y muy divertidas, la verdad.
Un saludo y gracias por comentar,
Damapa
"Siempre supe definir al amor hasta que te conocí"
Esta es la síntesis.
Podría resaltar más frases que me han impactado y han calado hondo, hay muchas, diría que La hada de Rostov está repleta de ellas... es todo un mérito, y un regalo para el lector.
Sonrisas agradecidas.
Damapa
Por destacar alguna idea de las muchas interesantes que contiene, cito este párrafo:
los duendes me siguen preguntando el nombre del hada de Rostov. Pero no puedo pronunciarlo, los duendes me siguen preguntando el nombre del hada de Rostov. Pero no puedo pronunciarlo, porque no conozco la respuesta: nunca quise conocerlo para no poseerte. Y morirán las palabras cada noche, ahogadas, aguadas en mi copa. Serás para siempre el hada que voló a Rostov, y yo seré para siempre el médico, el “chico de los domingos” que iluminaba tu mirada".
Un afectuoso saludo.
Lo que vi (Nombrar perecedero)
Supuesto que sueño fue,
no diré lo que soñé:
lo que vi, Clotaldo, sí.
Calderón de la Barca
No tengo miedo nombraros
ya con vuestros nombres,
cosas vivas, transitorias.
(Unidas sois un acorde
de la eternidad; dispersas
-nota a nota, nombre a nombre,
fecha a fecha-, vais muriendo
al son del tiempo que corre.)
No tengo miedo nombraros.
Qué importa que no le importen
al que viva, cuando yo
haya muerto, vuestros nombres.
Qué importa que rían cuando
escuchen mis sinrazones.
Vosotras sois lo que sois
para mí: mágico bosque
perecedero, campanas
que regaláis vuestros sones
sólo al que os golpea. Cómo
darlos al que no os oye,
fundir para sus oídos
metal que el instante rompe,
metal que funde el instante
para un instante del hombre.
No tengo miedo nombraros
ya con vuestros nombres.
Sé que podría fingiros
eternidad. Pero adónde
elevaros, arrojaros,
hundiros en qué horizonte.
Por qué arrancaros los pétalos
que la lluvia descompone.
Mías sois, cosas fugaces,
bajo marchitables nombres.
Actos, instantes que el viento
curva, azota, araña, rompe;
suma ardiente de relámpagos,
rueda de locos colores.
otoños de pensamientos
sucesivos, liman, roen
vuestra realidad, la esfuman
como el sueño en el insomne.
Pero sois yo, soy vosotras,
astro viejo en vuestro orbe
perecedero, almas, alma.
Orquesta de ruiseñores,
soñáis al alba el recuerdo
de vuestro canto de anoche.
Nombraros ¿no es poseeros
para siempre, cosas, nombres?
Como le dije a Ficti en respuesta a su comentario, dejé muchas cosas en un borrador y tuve dudas de alargar más el texto, pero creo que es mejor así, breve y más condensado, y quedarme para mí el resto de las piezas.
Un abrazo grande,
Damapa
Ahora esas piezas sobrantes puedes rebozarlas con metáfora rayada y hacer con ellas unas croquetas fantásticas. :rolleyes2: