¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

A veces vuelven

AloneAlone Anónimo s.XI
editado julio 2014 en Terror
Las sombras de los naranjos, aún cargados de frutos amargos, se dibujaban espléndidas y concretas sobre la acera.

Mariana marchaba unos metros delante saltando la pata coja.

Mariana… grité, pareces un conejo, un grande y tonto conejo; deja de brincar y marcha como una señorita.

El día de colegio había sido fructífero, lo que se llama un día de suerte, especialmente por las notas que ambas, cada una en su curso, habíamos obtenido. Alcancé a mi hermana y le tomé suavemente por el cabello. Mariana pudo musitar un casi inaudible ¡eh! antes de soltarse y seguir brincando alegremente.
Al fin logramos marchar juntas y por unos minutos no nos dirigimos la palabra. Íbamos felices con nuestras notas y ya imaginaba el rostro de satisfacción de madre cuando le diéramos la noticia del examen, aunque en realidad la calificación no era para tanto. Un cuatro y un cinco respectivamente alcanzaban para aprobar la materia, pero madre sabría que sus hijas al menos se aplicaban lo necesario; bueno, eso pensaba yo, ya veríamos que diría…es tan difícil entender a las madres.

Nuestra casa se acercaba rápidamente.

Mariana ¿Qué estás comiendo? Dame un bombón, tienes uno en la boca, anda, dame uno.

Ella respondió, no tengo más, me lo ha dado Francisquito…
¡Egoísta!, te atragantes, vos y el “Francisquito” ése…
¡No tengo más, Mercedes, lo juro! replicó con una pícara mirada.
¡Ya verás! alcancé a decirle mientras abría la puerta que daba a las escaleras de los departamentos altos donde vivíamos.

Mariana ingresó a mis espaldas, mientras oía su risita cantarina plena de picardía.

Subimos. Al llegar al rellano de la escalera me detuve casi paralizada cual si un muro invisible me impidiera seguir avanzando. El hielo que se extendió como un río de corriente eléctrica desde la cerviz al cóccix, estremeció todo mi cuerpo. Mi boca se abrió desmesuradamente, pero de mi garganta no salió sonido alguno. Un segundo después pude reaccionar y mirar hacia atrás. Mariana, unos peldaños más abajo, miraba hacia arriba con aquellos ojos color almendra que madre había provisto a cada una de nosotras, tan abiertos que parecían irían a salir de sus órbitas. Creo que ambas tratábamos de decirnos algo, pero nos encontrábamos tullidas, agarrotadas, como suspendidas en medio de un sueño.

Mariana, pudo moverse. Se apretó todo lo que pudo junto a mí y me tomó de un brazo. Pasaron instantes que parecieron una eternidad antes que pudiéramos musitar palabra alguna.

¿La ves Mariana? ¿Ves lo mismo que yo?
Si, Mercedes…la veo…. ¡no puede ser!...
¿Que hacemos?....
No sé…. esperemos...
Quedamos tan quietecitas como dos estatuas que alguien hubiera olvidado en medio de la escalera.

Subiendo lentamente, doña Rosario Luzuriaga , vestida con su camisón de franela color indescifrable, parecía flotar por sobre los peldaños alfombrados. En un momento se volvió a nosotras y la vimos nítidamente. El ojo aquel que siempre le supuraba, colgaba casi totalmente fuera de su cuenca como sostenido por hilos invisibles. Sus manos, unos huesillos descarnados semejantes a ramitas secas de vides, se movían de manera espasmódica, y por la comisura de su boca desdentada fluía una baba incolora, un espumarajo asqueroso que resbalaba en pequeñas gotas sobre la parte superior del camisón.

Totalmente endurecidas y casi sin respirar seguíamos observando aquella visión increíble, espantosa, y de pronto, en un instante, pude ver colgada de su cuello, sostenida por una cinta amarilla, una bolsita de nylon repleta, rebosante de aquellos bombones que Mariana y yo conocíamos de sobra.

¡No puede ser! Esto no está ocurriendo, debo estar soñando, pensé. Quise gritar, llamar a madre, pero mi garganta seguía tapiada con cemento. El hielo, ya convertido en líquido se deslizaba serpenteante por la espina dorsal.

Mientras tanto, la señora Rosario nos miraba fijamente; se mantuvo así por unos segundos y nuevamente comenzó a subir las escaleras con sus pasos cansados, tal como la habíamos visto ciento de veces, ANTES DE SU MUERTE, OCURRIDA UN AÑO Y MEDIO ATRÁS.

“Aquello-Eso-Rosario” culminó su ascenso y sin volverse, ingresó en su antiguo departamento, ahora alquilado a un joven matrimonio, ambos empleados de la aduana postal de la una ciudad.
Cuando desapareció de nuestra presencia, Mariana y yo, corriendo como poseídas cruzamos frente a aquella puerta, volando casi por aquel territorio infestado de pesadillas; corrimos sin mirar atrás hasta ingresar como un rayo en nuestro departamento.

Nuestra madre no estaba, y esa afortunada circunstancia fue vital para que no nos aplicara un interrogatorio de aquellos que tan bien conocíamos.

Mariana y yo nos acostamos en nuestras camas. No hablamos una palabra desde que ingresamos a casa. Extenuadas, nos dormimos con un sueño pesado cual si hubiésemos cargado a nuestras espaldas mochilas llenas de piedras.

Al anochecer, mamá nos llamó a cenar.

Desperté primero que Mariana.

Cuando me estaba calzando, advertí sobre la mesita de noche situada entre ambos lechos, que Mariana me había dejado un bombón.

Lo tomé y lo volví a depositar en el mismo lugar para disfrutarlo luego de la cena. Sonreí, supongo que lo hice, y me acerqué a su cama. Dormía aún. Le acaricié suavemente el cabello, la besé en la frente y como no queriendo deshacer aquel momento de serenidad, musité en un susurro inaudible, ¡gracias, Mariana! Luego bajé al comedor donde mamá estaba sirviendo la cena.

Nuestra madre volvió a llamar a Mariana. Luego de unos minutos repitió el llamado hasta que llegó con nosotros y nos sentamos a la mesa.
Unos momentos después Mariana me apretó el brazo, y por lo bajo, como si un secreto estuviese compartiendo conmigo, dijo: Mercedes, gracias por el bombón que me dejaste en la mesita de noche, gracias hermanita.



©
Marzo 2000

Comentarios

  • odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
    editado julio 2014
    Ni loca me comía yo ese bombón.:eek::eek:

    La actitud de las hermanas me parece muy 'valiente', o una reacción no muy normal, para lo que vieron; me refiero a dormirse sin problema, y pensar que era mejor que la madre no estuviera ahí para no recibir 'interrogatorios'.

    ¡Gracias por compartir!
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com