Aqui esta la continuación, pues no me deja escribir tantos caracteres
Francis! –Una voz salió de entre la música y los gritos.
Buscamos con la mirada y desde una carpa inmensa salió Gus. El era el típico sujeto irreverente y rostro vulgar de baja cuna, pero su padre era un gran accionista de una de las tantas empresas de Ajib. Solo por eso sale con una chica como Diana. Tenia hermoso cabello dorado y piel tan blanca como la nieve. En este mundo el dinero es lo único que importa. Saludo a Francis con un fuerte abrazo, como si no se hubieran visto en meses. En cambio, a mi solo me recibió con un apretón de manos.
-Pasen! Vamos a tomar algo –Dijo mientras sostenía la lona que tenia como puerta.
Al entrar sentí como si me hubieran restaurado algún trozo de alma que hubiera perdido en algún lugar. La carpa estaba climatizada, y tenia asientos acojinados alrededor de una mesa central redonda. Todo objeto resaltaba de un color naranja a las paredes color verde. Diana estaba acostada en el mas grande, donde cabrían perfectamente tres personas. Ella solo se limito a ver desde el rabillo del ojo y a saludar con picardía con los dedos de la mano.
-Ignórenla. Ya bebió demasiado –A Gus no le parecía importar en lo mas mínimo. –¿Gustan licor de ajenjo? –Nos pregunto mientras sacaba una botella de una caja negra con relieves dorados. Francis y yo asentamos con la cabeza. (ya necesitaba algo de beber, siento arena en la garganta). Hubiera preferido un baso de agua o alguna soda, pero era lo único que tenia, y lo estaba tomando a secas.
-Desde hace cuanto estas aquí? –Le pregunto Francis a Gus
-Desde las siete de la mañana, pero para ser sincero no tenia ganas de venir. –Ya se notaba su lengua arrastrando por el licor de Ajenjo. –Solo estoy aquí porque mi padre me pidió que esperara a los Wings de Redlands para evitar que los Klaus firmen el acuerdo de nacionalización. Pero en cuanto lleguen me iré de inmediato.
-¿Y porque tu padre no envió a alguien mas? –Volvió a preguntar Francis
-Por eso. –Señalo unas cajas negras detrás de nosotros. No había notado que estuvieran allí. –Cuando mi padre trabajaba para Eugene Chase era el que le transportaba las armas, pero desde que murió y su hijo quedo en su lugar, el negocio se arruino y miles de armas quedaron en bodegas. Así que decidió darles un buen uso –Lo dijo con un tono altanero.
(-Si me quedo me iré hasta el cuello de mierda) Los Wings eran uno de los tantos grupos de liberación. Como los Erzen, Iron Hands y Catu, eran perseguidos por todo el ejercito, intentando erradicarlos antes de que ocasionaran mas disturbios. Por eso desde hace muchos años estos últimos dejaron las revueltas y se dedicaron al narcotráfico, contrabando y extorción. Cosa que al gobierno ya no le importo tanto.
-Oye. ¿Y hay la posibilidad de que me pueda ir contigo? –Le pregunte sin temor a parecer atrevido
-Claro, pero también hay la posibilidad de que no me valla hasta mañana –Me respondió
-¿Que quieres decir?
-Tengo que esperar a esos sujetos. Así que si no llegan hoy no puedo dejar esto aquí, ni tampoco puedo llevármelo. –Se levanto y dio un par de palmadas a las cajas.
-Créeme que es mas seguro que esperes aquí a que volvamos ahora –Me dijo Francis. –No sabemos si a estas alturas los disturbios hayan bloqueado los transportes.
-Efectivamente –Dijo Gus mientras sostenía su teléfono celular. –Miren esto –Se sentó junto a nosotros y nos lo mostro. Era un noticiero que informaba sobre los disturbios de Avard. Decía que la línea de monorrieles había sido bloqueada para evitar que mas manifestantes llegaran al Cónsul.
-Mas vale quedarnos –Dijo Francis. –Si quieres llámale a Kendal o a tus padres.
-No te preocupes. Puedo utilizar de pretexto el paro, solo espero que aun así me den un poco de dinero.
-No se preocupen –Gus me palmeo el hombro y sonrió. –Tenemos lo necesario para soportar una semana. –Tomo la caja que estaba por en sima de las de mas y la jalo, azotándola violentamente contra el suelo. Al abrirla nos mostro botellas de varios licores diferentes. –Empecemos por el licor de coca –Saco la botella y la destapo con los dientes.
Termine de un sorbo el licor de Ajenjo y extendí mi copa para que me sirviera un poco. Las horas pasaron entre risas y anécdotas estúpidas. Solo me limitaba a escuchar las historias de Gus, que sin duda, eran mejores que cualquiera que le podría haber contado yo. Al caer la noche todo se empezó a oscurecer junto a mi vista y mi juicio. La luz del sol se colaba entre los pliegues de las paredes, y me jugueteaba en los parpados. La cabeza aun me daba vueltas y me dolía con cada movimiento que hacia. Cuando pude abrir los ojos me di cuenta que Gus y Diana ya no estaban allí, solo estaba con Francis, que dormía sobre el sillón en el que estaba diana el día anterior. También me di cuenta que las cajas ya no estaban. Sentí un nerviosismo muy grande.
-Francis! Despierta! –Le grite mientras lo movía con severidad. –Gus ya no esta!
-Como que ya no esta –Despertó mas rápido de lo que pensé.
-Vámonos de aquí –Le dije. –No quiero quedarme otro día mas.
-Ok –Me respondió a secas mientras se reincorporaba
Al salir vi a Gus y Diana con unos sujetos de mal aspecto. Sentí un alivio momentáneo pero me volví a poner nervioso cuando en cuanto los vi sacando las armas de las cajas. Eran un tipo de armas que jamás en mi vida había visto. Accesorios como sensores de movimiento y lanzagranadas eran comunes pero estas no tenían nada parecido a ello, ni si quiera sabia que eran.
-Que bueno que despertaron –Dijo Gus al darse cuenta que estábamos detrás de el –En unos minutos nos vamos, solo esperen un momento.
Nos sentamos sobre una de las cajas vacías ya un poco mas aliviados, pero con una terrible resaca. El sol me estaba quemando los hombros y la espalda, solo veía mi sombra en el piso queriendo estar bajo ella. A lo lejos se empiezan a escuchar gritos de mujeres la gente empieza a correr frente a nosotros. Los sujetos que estaban con Gus se alertaron rápidamente y se resguardaron tras las cajas negras. Tres camionetas inmensas color negro se acercaban despacio, atropellando gente a su paso. La sangre manchaba la calle con una gran estela que parecía indeleble. Francis murmuraba detrás de mi, en lo que creo era una oración. Mientras yo simplemente me dejaba invadir por el miedo mientras mas se acercaban esas camionetas.
Las bestias negras se detuvieron frente a nosotros. No podía evitar temblar de temor, aun con toda esa multitud rodeándome me sentía totalmente indefenso. Los primeros disparos se empezaron a escuchar desde mi lado, pero las camionetas no respondían, solo seguían allí, inmóviles. Una fuerte curiosidad me invadió y solo pude ver de reojo, pero sabia quienes eran: Benjamin, Nicolas y Jon; Ninguno de ellos hacia otra cosa mas que infligir miedo. Benjamin y Nicolas solo miraban hacia el frente y solo se podía ver un pequeño destello en sus gafas, pero Jon observaba a todos lados, con ese aterrador resplandor verde salir de lo que al parecer eran sus ojos. Nunca los había visto tan cerca, solo sabia de ellos por la televisión y los libros de historia. Pero algo que nunca quise fue toparme con ellos en estas circunstancias.
Gus estaba a mi paralelo, escondido de igual manera. Con cuidado abrió una caja y saco dos armas de mano, con una señal útil me las arrojo deslizándolas por el suelo. Otra ráfaga de disparos se empezó a oír pero esta vez venían de las camionetas. Escuche seis disparos y vi a seis personas caer. El miedo se volvió aun mas intenso y la mente se me puso en blanco. Mil cosas pasaban por mi mente: mi familia, mis amigos, mi Kendal; No se si fue el temor o valor, pero me levante, tome el arma fuertemente y apunte a un manojo de cabello rojo, negro y blanco que salía por sobre la primera camioneta. El cañón me miro y solo escuche un disparo. Solo uno.
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