La alarma del despertador sonó a las siete de la mañana como los últimos 30 años, que es el tiempo que llevaba Joe Gardfiel en Morris&Brooks, un bureau de abogados de lo mejorcito de Manhattan, Joe como siempre realizaba una especie de ritual antes de dirigirse a la oficina, siempre antes de incorporarse de la cama buscaba las pantuflas con las puntas de los dedos del pie derecho para evitar lo menos posible el contacto del suelo, que a esas horas estaba tan frio como un cubito de hielo.
Una vez levantado, se dirigió al baño con pasitos cortos pero rápidos
ya que su próstata ya no era la de un chaval y esta pedía paso, después de darse una buena ducha con su posterior afeitado, vestido y acicalado,su próximo movimiento era la preparación del desayuno, tostadas con mantequilla Skippy y café Bonka muy cargado, aderezado con dos terrones de azúcar moreno,y un buen zumo de naranja, naranjas compradas en la tienda de Moes un viejo irlandés pelirrojo, pecoso y tozudo como una mula, que emigró a la isla hace 15 años, mientras sorbía la taza de café Joe sabía que esa mañana era especial, ¿por qué? porque se jubilaba.
Era su último día, todavía no estaba mentalizado que su vida iba a cambiar en el momento que dieran las siete de la tarde.
Desde que murió Geena de cáncer hacía cinco años Joe se había dedicado a su trabajo en cuerpo y alma ya que trabajando era la única forma de mitigar su soledad, ¿qué iba a ser de su vida a partir de mañana?...
Era hora de partir hacía la oficina,el maletín de piel marca Saffroni descansaba
al lado del zapatero ,Joe se enfundó unos Berluti que iban a juego con su traje
Brioni conjuntado con una corbata Pietro Baldini que le regaló Geena en su décimo aniversario.
Se dirigió al ascensor que comunicaba con la planta inferior donde se encontraba aparcado el Audi A8, se subió a él, arrancó y se dirigió hacía la oficina a ritmo de los Dire Straits y su “Money for Nothing” que tanto le gustaba a Joe escuchar.La distancia desde su casa a la oficina era de unos 5 km, pasaba por Peretz Square, un pequeño parque triangular donde se intercalan las calles Houston y la primera avenida,pasando por la calle Great Jones conectando esta con la calle 3 este y la calle 3 oeste, enlazando con Cooper Square.
El tramo que separaba el hall de la cuarta planta donde está el bufete,le sirvió a Joe para pensar cuales iban a ser las respuestas a las preguntas que le iban a hacer sus compañeros referente a su nueva etapa.
Pescar, visitar familiares a los que hacía tiempo que no veía, pero lo que más deseaba era retomar su afición a la escritura, Joe se consideraba un escritor frustrado y ya era hora de aprobar esa asignatura pendiente.La puerta del ascensor se abrió y nada más cruzar el umbral de entrada a la estancia, fue recibido en aplausos y enhorabuenas, recibiendo palma-ditas en el hombro a medida que cruzaba el pasillo, fue directo a su mesa levantando tímidamente la mano mientras se sentaba.
Se le acerco Bruce Campbell, Bruce era un tipo bajito y rechoncho de piel rojiza y ojos de comadreja, rondaba los 50, tenía la cara parecida a un queso de gruyer debido al acné mal tratado en su época adolescente.
Bruce apoyo sus manos sobre la mesa, fijando su mirada en la de Joe, a la vez
que le preguntaba-¿estas preparado para tu nueva vida?.
-No lo sé, improvisaré sobre la marcha.-Respondió Joe
-¡ Ja,ja,ja !...exclamó Bruce
¡Joe Gardfield...!.se oyó al fondo del pasillo...
Era Michael Morris III uno de los socios fundadores de la firma.
¿Puede venir un momento a mi despacho?...
Joe se levantó como un resorte y se encaminó vacilante hacia el despacho.
-Joe, nos gustaría a Peter y a mí ofrecerle una despedida como usted se merece
a la hora de la comida junto con sus compañeros,en D'Angello,¿le parece bien?,la mesa está reservada a las 14:00.
-Estoy agradecido y sorprendido señor-.Contestó Joe abrumado.
-No hay porque,nos vemos luego.
-Muy bien señor.
La mañana transcurrió deprisa, tan veloz que cuando quiso Joe darse cuenta ya estaban en los cafés de D'Angelos.
Michael Morris III y Peter Brooks imponentes al otro extremo de la mesa como dos colosos de Rodas, se levantaron, para pedirle a Joe que se acercará a ellos para entregarle un obsequio por su dedicación a la firma,un reloj Cartier de correa de piel con esfera de oro blanco tapizado con diamantes...
La emoción brotó...y a Joe se le humedecieron los ojos, fuertes aplausos y silbidos atronaron en el restaurante...fue una bonita despedida