Estaba sentado aquel hombre en la banca de un parque, cuando de pronto todos sus sueños e ilusiones se escaparon de su cabeza y le reclamaron porque los había abandonado, a lo que él responde, <<Yo no las abandone, ni me olvide de ustedes, hace falta mucha vida para ser feliz, >>Y que hacemos nosotr@s, <<Pueden esperar, >>Pero tenemos casi toda tu vida contigo, ¿nos vas a desperdiciar?, <<No, definitivamente no, >>Entonces que vamos a hacer, nosotr@s atrapadas en ti y tu con nosotr@s carcomiéndote e cerebro en tus noches de soledad, en los momentos de silencio, <<No lo sé, esperar la oportunidad, >>Cual oportunidad, ¡nos condenas a vivir en ti!, <<No, en algún momento las liberare, >>Entonces que pasa, <<No lo sé, ¡falta algo!
Justo en ese momento, a sus cuarenta y dos años de vida paso frente a él la más grande de las oportunidades, vio a la mujer que estaba esperando, era su cita, la cita con el destino, la cita que él había esperado desde hace tiempo. Casi el mismo que tenía esperando por la oportunidad de poder platicar con ella. La siguió por días y descubrió que, todos los días hacia el mismo recorrido y subía al mismo autobús.
Y fue una tarde en la parada del autobús, cuando el sentado y con un lugar vacío se quedó hipnotizado por esos ojos, y recorriéndose un lugar, sin decir nada cedió el asiento, asiento al que ella no llego, al que paso de largo sin siquiera voltear a verlo, a lo que el tomo como un desaire, una ofensa personal que no quedaría saldada con ningún tipo de disculpa ofrecida. Hasta llego a pensar en dirigirle la palabra para causarle el mismo desaire que ella le había hecho.
Luego al siguiente día no la vio, al siguiente subió al autobús, y al siguiente y al siguiente y así... muchas veces. Trataba de darse ánimos para hacer alguna locura que lo evidenciara ante ella, que lo hiciera notar, destacar de entre los demás, pero ninguna se le ocurría. Cada día esperaba con ánimos el momento para hacerse notar, pero ahí mismo cada día le surgían nuevos inconvenientes. Que la corbata no era la adecuada, que el traje lo había manchado a la hora del desayuno, que los calcetines no eran los adecuados para la situación... en fin hasta un gato negro fue el desventurado emisario de los malos augurios.
Paso el tiempo y ella subió una vez más al autobús, esta ocasión él no se movió para cambiar de lugar, ella se sentó frente a él, la nuca quedaba desnuda a la mirada complaciente del buen espectador, que, de manera intencionada al asirse del sujetador de manos roso con delicadeza los dedos por su sedoso pelo. La parada repentina del autobús ofreció más cantidad de pelo del que él quería tocar, la fuerza de sujetarse y el exceso de cabello detono en un ligero gemido de dolor, ella volteo y el sin querer tenía su atención.
Todos los diálogos que había pensado recitar si se llegaba a encontrar con ella se perdieron en las profundidades de su cerebro abandonándolo junto con sus habilidades cognitivas, busco y rebusco, repaso los diálogos, los ofensivos, los amables, los dulces, los amorosos.
Incluso, en un segundo, él había repasado hasta ese momento aquel en el que estarían en el lago con el agua cristalina y ellos sentados sobre una manta de cuadros al vivo del rojo y el blanco saboreando los bocados que se habían preparado desde casa, esa casa en donde vivirían después de casarse, claro, meses después de aquella noche de abril, bajo esas estrellas que brillaban cuando se lo propuso, después de un tiempo de noviazgo, luego de aquellas platicas que sostuvieron camino del bus justo después de aquel día en que ella se sentó a su lado en un asiento que él le había cedido una tarde de verano.
Al segundo siguiente, devuelta en la realidad, <<Disculpe, no fue mi intención>>, Decía mientras su conciencia lo declaraba culpable, mal intencionado, alevoso y ventajoso de la situación, sin contar con el del entorno. >>No se preocupe, <<Se encuentra usted bien?, >>Si, solo fue el tirón del pelo el que me lastimo un poco, <<Mucho me apena esta situación señorita, me siento apenado, mi nombre es…
El amor.
Comentarios
Como siempre, un placer saber de usted, mi muy estimada amparo bonilla.
Saludos
Emilio
Saludos evilaro, ¡¡¡gracias por leer!!!
Saludos cordiales, gracias por leer¡ :-D