Me pierdo en el recuerdo de la suave brisa de aquella noche recorriendo con descaro tu pelo, tu cara escondida tras él y tu pícara sonrisa ante lo que en no mucho tiempo iba a suceder. Era la primera vez que mis ojos penetraban tu mirada, la primera vez que mi sonrisa vibraba, la primera vez de lo que seguro iba a ser una bonita y longeva historia de amor
El tiempo, el amigo de la certeza, no tembló en darme una nueva oportunidad, así que te hice mía y allí estaba yo, frente a ti, contemplándote, intentando tatuar en tu mirada cada latido de mi corazón. Buscaba, siempre con acierto, tu mirada, tu complicidad, tu silencio reclamándome. Mi corazón se fundía del calor que emanaba de mi cuerpo, que se estremecía al ver la manera tan atronadora de cada sonrisa que tus labios, cómplices de los míos, dejaban escapar con el impulso atolondrado de una mujer feliz con todo lo que la rodeaba.
El amor no me abandonó, sólo me hizo esperar, tras la vestidura de lo irracional, lo que sin duda sería el comienzo de la realidad de mis sueños. Volví a verte; tu cuerpo detuvo mi tiempo, todo a mi alrededor se detenía a cada paso firme y seguro que recorrías acercándote; temblabas, temblábamos, sabía que el destino te había puesto de nuevo en mi camino, no podía echarme atrás, debía afrontar todos mis temores y llenar tu alma de cada suspiro enamorado que mis palabras trabadas fuesen capaces de decir; te sentí cerca, apasionada, cómplice, quería saber si tu corazón empezaba a latir junto al mío, si tus manos sentían las mías, si tus labios serían capaces de besar a los míos. La risa, las palabras y el vino abrieron las puertas de nuestro camino juntos. Empezamos a querernos; te besé y me besaste, en una mágica e inolvidable noche. Bailamos y sentí tus dulces labios acariciando los míos. Sentí tu pelo envolviendo mis manos. Sentí tu mirada clavada en la mía. Sentí que desde aquél día todo iba a salir bien: proyectos, ilusiones, entregas; unos se abrían a nuestros pasos, oros atravesaban de dolor nuestros corazones, juntos superamos contratiempos, juntos lloramos la sinrazón de lo inesperado y la locura de aquello que nos arrebataban.
Llegó el día en que la templanza me permitió obtener una explicación de todo aquello que me confundía y que en ocasiones inundaba de lágrimas mi alma. Mi vida cambió desde el momento en que te conocí. Arrebaté tu soledad al destino. Unos meses, unos años, una vida… No sé qué sorpresas nos tiene preparadas el destino, no sé qué obstáculos encontraremos, sólo sé que ahora soy feliz. Y también sé que este es mi camino. Se cerrarán proyectos y se abrirán otros nuevos. Lloraremos unos y festejaremos otros, pero algo muy sustancioso ha cambiado: ahora recorreré el camino junto a ti, ahora tú surcarás con tu ternura el camino de los dos.
En mi recuerdo siempre estará ese día. En mi alma siempre estará esa noche, y juntos siempre estarán conmigo porque nos unieron, porque allí viví algunos de los inolvidables momentos a tu lado. Un primer te quiero camuflado en la dulzura de lo inesperado, rosas, vino… Apareciste tres veces en mi camino; desordenaste mis recuerdos, pero el destino te iba preparando para mí.
Ahora la vida está de nuestro lado. Aprovechémosla. Sigamos con fuerza e ilusión todo aquello que se nos presente, igual que hicimos cuando nuestras almas coincidieron en aquella cálida noche de verano.
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