En una habitación oscura como la noche más cerrada, en la que la luna nueva ha tomado el control, regía y lo controlaba todo un hombre azul. Todo en él era de este color, tanto la ropa como su propia piel y su pelo. Si algo lo caracterizaba aparte de este color, era su mirada calculadora.
Estaba este hombre más que satisfecho gobernando aquella sola, fría y oscura habitación. No parecía importarle el no llevar su poder más allá de esta zona, puesto que realmente desde ahí podía controlar todo lo que quería y era necesario fuera. Para que se hiciera su voluntad sólo tenía que mirar hacia arriba y elevar ligeramente su tono de voz, de manera que fuese escuchada por quien debía hacerla.
Pero, de la manera más inesperada, un buen día su preciada habitación comenzó a aumentar considerablemente su temperatura, y con este cambio climático ocurrió un hecho todavía más digno de ser admirado: la habitación comenzó a tornar su color cada vez más claro. De negro a gris, y de gris finalmente a un blanco tan potente que cegaba a nuestro peculiar hombre azul.
Cuando al fin hubo recuperado ligeramente la vista, se percató de que había ante sí una figura completamente roja, y se escandalizó al darse cuenta de que también estaba llevando a cabo su trabajo, mirando hacia arriba y dictando unas órdenes que seguramente estaban siendo cumplidas. Rápidamente asimiló de quién se trataba, y por qué estaba ahí.
― Veía venir este momento. Estás aquí por ella, ¿verdad? Lo empecé a intuir desde que mi voluntad se comenzaba a cuestionar con su presencia.
La figura roja, a la que ahora podía ver con claridad y discernir así que se encontraba desnuda, se limitó a asentir con la cabeza.
— Así que ahora pretenderás tomar el control de esta habitación, tanto tiempo regida de una manera excelente por mí. No está en mi actitud permitir eso sin ser convencido primero con buenos argumentos, como comprenderás.
Volvió a asentir sin articular palabra.
— Difícil te resultará, sé que lo tuyo no es el diálogo. Sin embargo, es mi especialidad. Los dos lo sabemos. Vamos, dame tan sólo una buena razón por la que deba dejar que rijas esta habitación.
Completamente muda, la figura roja comenzó a transformarse. Todo en este ser fue tornando en algo verdaderamente hermoso, deslumbrante. Forma de mujer estaba alcanzando, la forma de una mujer tan bella que era difícilmente imaginable algo más atractivo que aquélla.
— Sí... su mera existencia resulta más que convincente, pero aun así, sabes que sigue siendo una locura dejarse llevar por ella, ya que tus mandatos se basarán siempre en lo mejor para dicha mujer, y en tan gran distancia será muy difícil. Dame un argumento contra esto, y te dejaré tomar el control.
La figura volvió a su forma original y se acercó al hombre azul, tanto que se introdujo dentro él, con la única finalidad de transmitirle todo lo que este pasional y sentimental ser había ido absorbiendo gracias a la mujer en cuestión. Causó en él gran conmoción, alegría, y mayor felicidad.
— Increíble. Definitivamente, no te hacen falta las palabras para convencerme. Esta mujer es perfecta. No hay nada que yo, Razón, pueda encontrar de negativo en ella para el mundo en el que habitamos y se encuentra esta misma habitación. Todo argumento negativo se hace inválido con lo que me muestras. Estimado Corazón, puedes regir esta zona, sé un tirano si lo deseas, yo me sentaré en una esquina a presenciar tus mandatos con mi sonrisa y mi aprobación. A cambio sólo quiero que la ames. Ámala como nunca podrás amar a nadie, y seremos los seres más felices.
Comentarios
Como más mayor me hago, más de estos seres encuentro.
Y cada vez me es mas difícil discutir con ellos
Muy interesante.
Saludos
Emilio