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El teatro de sombras

GaboxgoGaboxgo Fernando de Rojas s.XV
editado marzo 2014 en Narrativa
[FONT=&quot]No sé si semejante manera de expresar la historia, el nacimiento, el arte, la vida o la muerte, ya exista y sólo se esté describiendo algo que de por sí ya dejó de ser novedad hace siglos; puesto que, no me sorprendería el sorprenderme cuánto ignoro. El hecho está en, Luis, en una de esas tantas frescas madrugadas, cruzaba junto a su padre la avenida peligrosa, donde las luces rojas eran confundidas adrede por las verdes, y donde las amarillas sólo hacían sentir desesperación en los dedos callosos que pisaban el acelerador. ¿Por qué Luis cruzó la calle? Una simple respuesta a simple pregunta: para jugar a esperar la macilenta camioneta de siempre; sí, ésa misma, que al doblar en las esquinas se le reventaban las llantas y los tornillos se le soltaban en medio del pavimento. [/FONT]
[FONT=&quot]No había personas caminando sobre las aceras sucias, al lado de las fachadas de las casas en tinieblas, de la mano de uno que otro galpón abandonado, de bajo de los árboles donde los tordos y pichuelos piaban y aleteaban de una rama a otra. Sólo los carros, los camiones con sus cargas de mucha gárrula y viento, hombres vetustos pedaleando en sus bicicletas, vendedores de periódicos para aquéllos que deseaban ser informados, distraídos o desconcertados con las noticias, las ratas orondas que se filtraban por las rendijas de los desagües, los perros olfateadores de desayunos, almuerzos y cenas, la anciana ceñida de un grueso abrigo de telas violetas y pequeñas borlas como flagelos inferiores; eran quienes, le arrebatan a la avenida esa soledad bajo una luna que se despedía en silencio, con su aureola blanca. [/FONT]
[FONT=&quot]La parada de la camioneta consistía en un cubo verdoso, de metal carcomido, carente de algunos vértices. La publicidad era en ocasiones distinguible, al menos cuando el vidrio donde se colocaba no amanecía desquebrajado a batazos o a puñetazos. Luis y su padre esperaron unos pocos minutos allí, viendo los extremos de la avenida para asegurarse de que vinieran los faroles titilantes del perol andante. Cuando ésta demoraba demasiado, cansándolos de observar los cuadros dorados de los edificios dormidos como medio de distracción, Luis empezaba a caminar, con su padre siguiéndole los pasos en la penumbra. Esto era parte de su rutina, y lo seguiría siendo por unos años más. [/FONT]
[FONT=&quot]Era inevitable el no ponerse nervioso con esa suma de avenidas: el miedo a toparse con cuchillos en manos trémulas y violentas, y las máquinas de fuego, bañadas en metal satinado. Se llegaron hasta otra esquina, de curva bien redondeada, a la vista de una palma con sus ramajes de hojas leonadas caídas al suelo, y con un mural rayado con letras detrás de ellos. Los vehículos iban y venían, desparramando el mismo mundo dónde ellos existían en sombras negras que recamaban las superficies de luces. Un Luis enano, un Luis delgado y mediano, un Luis ancho, robusto y de torre; cada una de esas imágenes terminaban por perderse en la nada. [/FONT]
[FONT=&quot]En una de ellas, Luis terminó leyendo los mensajes vulgares del mural, mientras su padre no le quitaba los ojos a ninguna de las avenidas. Fue entonces, cuando la silueta de su padre quedó dibujada sobre el mural, seguido de una sombra con vida propia que venía conduciendo una motocicleta, la cual parecía con toda macabra intención arremeter contra él; y con un gran susto, Luis volteó hacia donde su padre, para encontrarlo tranquilamente parado vigilante como cada madrugada; y el rebelde, aumentando la velocidad con destino al Norte. Le alivió bastante al haber sido todo eso una mentira, un teatro de sombras; que, debidamente realizadas, creaban un amasijo de acciones, merecidas de ser presentadas ante un público deseoso de alegrar sus días sentados allí en sus taburetes amarillos acolchonados. La camioneta descendía ante ellos de la nada, Luis abordó el rechinante estribo, despidiéndose de su padre por la ventana de su asiento. Un mar de cavilaciones se desató sobre él debido al acontecimiento anterior: ¿Todas sus acciones desatarían consecuencias sin que él lo notase? ¿Se podría colocar a varios hombres y mujeres, frente a varios focos, de forma que realizasen acciones cotidianas, cada uno de ellos, y en el fondo una película especial capturara sólo las sombras de sus hechos? Luis pensó en una historia de drama que pudiera ser contada a través de simples, o arduos movimientos, donde se le mostrara a los presentes que aquello que parecía ilógico venía cargado de una gran originalidad. [/FONT]
[FONT=&quot]Luis recibía los vientos helados en el rostro, pendiente de las sombras, haciendo un esfuerzo por encontrar algo parecido… Ya nada era igual, ya no existían más actuaciones de tal estilo en esa madrugada que agonizaba. [/FONT]

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2014
    Hola, que bien tenerte de nuevo por aqui, con relatos màs largo y elaborados:)
  • GaboxgoGaboxgo Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2014
    Gracias Amparito :) ( Antes sí publiqué unos más o igual de largo que éste je je je).
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2014
    Pues será, pero como andan de un perdido, que vienen publican y desaparecen, así no funciona esto:):cool:
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