Leí un libro de poesías: "Olivos" de Delfina Muschietti
Editorial Libros de Rojas, UBA Ext. Univ. Bs As 2002.
Estos son algunos ejemplos de como escribe de lindo esta mujer:
Su propia carne florecida en pétalos de suaves rubíes y espejados cristales negros…
el azul fuerte del cielo se recuesta en el paredón alto…
pasan las horas perdida en la yema suave en el silencio…
la cara arrasada en lágrimas, el dolor final de no haber nacido para eso.
El sol crece, desbordado en el aire limpio.
Él me sortea, vuelta transparente,
líquida mi carne disuelta en el aire mientras afuera sigue el rumor apacible de la calle
dorado bajo la verde copa de los paraísos…
esa respiración de eucaliptos que en la siesta de otoño que se va, arde.
Sosiego significa aquel valle tan dulce y tan sombrío
Sopla el silencio
cargado de rumor
nítido de luz.
Me pliego al suave contorno tornasolado de su brazo
ella se distancia, ella, dorándose a las siete de la tarde
(quiero escribir así... no tanto por el tono, sino por... las imágenes verdaderas, imágenes que te conectan cables en la mente y uno dice: "es verdad! es asi! como no lo pensé antes!)
Comentarios
...y al margen de como escribe esta mujer ¿por donde puedo leer algo de tu autoría? Escribes cuentos, relatos, naracciones...? Para comentar versos no tengo conocimiento de causa, y con el ensayo y la filosfía me pierdo.:p
Como la primavera indecisa, como nene jugando a que va a agarrar algo dice: “mejor no...”, te agarrás las manos riendo.
Como invierno muerto, que se desploma exangüe, en charcos de sangre blanca y fría.
Como verano vivo, que espía como hace el perro, que baja la cabeza y el lomo, y alza la mirada.
Como el viento frío que susurra y muerde las orejas. Como la mañana, que calienta y charla.
Como el verde de un prado que cuando lo mirás corre lejos, (y las flores lo pinchan).
Como un ánfora, mujer, Nazarena, flaca, elegante, bajo el agua al aire libre, cantando.
Y ahora llego yo. Al mediodía, con el sol que incendia.
Y el calor sangriento, que se sube en todo, se monta en todo, que lame todo.
Imágenes de una mujer de ojos grises y labios pálidos que sonriendo levemente me mira.
Lo impreciso de sus colores arrastra el significado de la mirada a la sonrisa, de la sonrisa a la mirada, del nácar a la perla, del agua a la carne, de fuego al aire.
Cuando se queda quieto, el gris es tan gris que digo: “la mujer gris” y cuando se mueve, el rosado de pétalos (que con pudor se ocultan en entre ellos) es tal que digo: “la mujer rosa”.
El gris es acerado, inflexible, como también es implacable el desprecio que adivino.
Y los labios rosas me enamoran, y me hacen ir hacia ella...
como va una polilla gorda y tonta enamorada hacia el fuego de la llama de una vela.
Cada centímetro, rosado, de piel, se acumula, y se repite, en la sensación, cada vez... reforzada, de cada latido, del corazón.
Pero en la repetición pastel se entrometen lo ojos perlados.
Yo vi esto, (me marea, me caigo)... en una serie de TV de unos chicos que miraban una película, donde había un cuadro, y en el cuadro un pintor, que pintaba el retrato de una mujer….
Pero los ojos se entrecierran y el gris me dispara,
Me frustra el iconismo, es representado, es representado, es representado, es real...
es una imagen de una imagen de una imagen, es real...
es un golpe, una invitación, un llamado, un grito, una plomada, una bala, un dibujo, es real
Y me mira y sonríe, y ahora todo es gris
Que las paredes y el cielorraso y las sábanas blancas se tiñen grises de ojos al apagar las luces.
Desde que me diste un beso, Nazarena,
Desde que me diste un beso, Nazarena,
todo lo demás siguió con una certeza del cien por cien.
Las cosas golpeteando exactas. Matemáticamente precisas.
Como las fichas de dominó que caen una tras otra.
Desde el comienzo y hasta este momento, nunca hubo otra cosa que un amor como éter,
que nos sumerge, que aspiramos.
La mirada es un espectáculo débil. Temblando un colibrí analiza una corola
Y el entrecruzarse de miradas...Una garza se posa en la canoa.
El sol termina de pintar y se va. Reímos mirándonos.
Las manos se juntan. Una mariposa pliega las alas.
Las caricias en la cara. Los polluelos hinchan las plumas en el nido.
El acomodar el pelito. Fecundante. Y el ramo de flores.
El abrazo y el silencio. Menos los grillos.
La mano en la cintura. Y todo como un murmullo.
Los susurros. Una rana llena de huevas la charca...
Desde que me diste un beso, Nazarena, todo lo demás es extra, es añadido.
Posibilidad Nazarena
Nazarena es toda posibilidad de hacer cosas.
De hacerle cosas.
Sabe quien es y por eso es capaz de hacer realidad sus sueños y los míos.
Vive de acuerdo a ella.
Y no a mí.
Ni a nada.
Ni a nadie.
Vive en silencio.
Es.
Le pasan cosas y no juzga lo que sucede.
Nazarena da.
Me da.
Da cosas.
Nuestros cuerpos están en constante intercambio, entre nosotros y con el universo.
A cada momento damos y recibimos el fluido de la vida que discurre.
Nazarena le da un regalo a cada persona que encuentra.
Da una flor.
Da un roce con la mano. Sonríe.
Da un elogio.
Nazarena es causa y es efecto de oleaje y marea, de amor y desvelo.
Genera fuerza y la fuerza le regresa.
Cosecha y luego siembra.
Sirve y toma.
Todas sus decisiones las lleva a la conciencia de su sonrisa.
Cada momento de futuro la hace conciente del presente.
Cada elección, una sonrisa por lo que viene.
Cada tropiezo una sonrisa suspendida buscando escuchar el mensaje.
De su corazón y del mío.
Nazarena funciona sin esfuerzo, con naturalidad y despreocupación.
No se esfuerza en nada de lo que le pido.
Lo hace, como si siempre hubiera sabido hacerlo.
Tiene una conciencia plena y floral de cada cosa que hace.
Y tres segundos después, lo que hizo ya fue, es pasado, es historia.
Me acepta como cuando acepta un vaso de agua fresca.
Y camina como repartiendo limosna.
Plena.
Y acepta lo que fue, lo que bebió, lo que caminó, lo que pasó.
Y recibe el futuro a cada momento, como cuando le doy un regalo.
Nunca dice no.
Nunca culpa, nunca defiende nada, nunca se defiende.
Y yo tengo intención y deseos, Nazarena,
pero no siempre te encuentro.
¿Existís, Nazarena? ¿Puedo poner semillas en la tierra?¿Puedo hacer una lista de deseos?
Hoy te fuiste, Nazarena,
Maldita seas, Nazarena.
Con tu desapego.
Con tu liberación de todo lo pasado un momento atrás.
Con tu desafectación a los condicionamientos.
Con tus muchos objetivos y tu desinterés por los resultados.
Con tu falta de temor a la inseguridad.
Con tu permiso permanente para ser vos.
Con tu sonrisa constitutiva, como el agua constituye al mar.
Nazarena,
el regocijo,
el misterio,
la aventura,
la magia.
Te trabajé con amor, Nazarena.
Te tejí una túnica con hilos de oro, de plata. De cobre, de sangre y de tripas, que saqué de mi corazón, para que la vistas, Nazarena, desnuda.
Sonriendo siempre,
con un dios... no sentado: desparramado, en tu corazón.
Y yo tan bobo.
tan poco.
Generación Nazarena
De acuerdo a como veo la naturaleza, Nazarena
no existe un elemento que pueda generarte por acumulación.
Pensé en una perla, Nazarena
como la de tu pulserita del tobillo
y agregar otra, y otra, y más, y más, llegar a la parte de atrás de tus rodillas
y al vientre... generarte. Alisar el nácar, Nazarena, amasarlo y darle tu forma.
O en mezclar rosas, Nazarena
Marco Antonio llenó la habitación de pétalos para que Cleopatra entre desnuda, lenta, sintiendo el roce en el pubis... ¡¿qué no haría yo? Nazarena... y hacer una pastita con los pétalos y moldearte.
O de arcilla, Nazarena y soplarte en la boca para insulfarte vida.
De marfil. Nazarena de marfil. Como el Ptolomeo que al coronarse, dispuso un desfile con un falo de marfil cubierto de oro de treinta metros y un oso blanco.
Pero no.
No, Nazarena... no hay marfil tan grande y de dónde sacarían estos alejandrinos un oso polar.
Y yo, Nazarena, me siento débil...
y aún en el convencimiento de que un hombre es algo mucho más serio que un dios... no puedo generarte.
Ante toda la sucesión fractal de azulejos que rompo.
Todo negro
Tengo una estatuilla: es un hombre, negro, atravesado por un anzuelo grande, como encarnado para tiburón. Y scotch black label. Y una rosa en un vaso que era roja pero ahora es negra. Tengo un cuadro de Sabat, del gordo Troilo, cuando murió en el 75 sin ver a River, con lápiz negro. Tengo una acuarela de Lola Frexas. Cuando vino la reina de España, Nazarena, le regalaron una acuarela de Lola Frexas. Tiene una mancha negra. Es raro porque el negro agujerea la pintura... Una radio negra, una calculadora negra, un enchufe negro. Negro noche, negro cura, negro pizarrón.
Y unas sandalias rojas pero con suela negra y un hada rosada pero con alas negras, y una rajadura en la pared... negra. Bueno sí... hay colores, está lleno de colores pero no me importan, Nazarena.
No estás y en estos momentos (escribí: “o sea, siempre” pero lo borré por no ser injusto)... en esos momentos el negro me atrae, para desintegrarme y meterme en esas rajaduras, esas cuevas, esos rincones, esas tumbas. Negras.
Galletitas
Vamos a decir la verdad. Estoy solo y arriba de la mesa tengo un paquete de galletitas Lincoln.
Quise pensar que te tenía a vos, Nazarena, sobre la mesa, ampliamente arrodillada, el pelo rubio fluyendo ancho y la mirada hacia mí. Y tomo con delicadeza la tirita roja.
Tiro, la abro, saco una, la como, otra... hace ruido el paquete.
Te fuiste Nazarena... no puedo comer tanto.
Besos como monedas
Nada… eso… besos como monedas
A quién quiero engañar
Cuando me dejás lleno y te vas vacía, siento como el sol cuando la tierra le da vuelta la cara.
Y en esa noche quisiera gritar: “acá nadie se rinde, carajo!”, quisiera decirte sentado en una solidez conceptual que no tengo: “no soy tu cadete”, quisiera explicarte, recostado en una solidez afectiva que no tengo: “mirá que no nací llorando llorando solo en una casa vieja, ni me encontraron en una caja de cartón en la estación Morón”... pero... ni me gasto. Estoy parado en el vacío. De chico tenía un triciclo y me daba miedo pasar sobre un charquito que reflejaba el cielo.
Sé como es esto porque con mis hermanitos jugábamos a apoyar un cuchillo caliente en el hielo del congelador.
Viste que se dijo: “cuidado con la mujer despreocupada. Es un lince que vigila”.
Cuánto daría porque fuera cierto, Nazarena.