Sinopsis: En un determinado momento del año 2015, el famoso colisionador de hadrones, un gigantesco acelerador de partículas ubicado en la frontera franco suiza, logró por razones desconocidas abrir una cantidad incierta de portales dimensionales en nuestro planeta. Los habitantes nativos de estos mundos tomaron contacto con el nuestro casi sin proponérselo y criaturas de pesadilla infestaron la tierra entrando en conflicto con la humanidad la cuál rápidamente y a pasos agigantados comenzó a verse diezmada mientras que la extinción llamaba a sus puertas...
2 protagonistas deberán escapar y sobrevivir mientras intentan buscar algún lugar seguro para mantenerse con vida. Pero eso no es todo, él estará dispuesto a proteger a su compañera la cuál esconde un secreto que puede cambiar el rumbo de las cosas.
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El polvo de la tierra se levanto con ligereza presa de los neumáticos de la camioneta que en ese momento pasaba por el lugar, y continuo haciéndolo por unos pocos kilómetros más.
El vehículo seguía el camino de tierra que atravesaba campos repletos de vacas y carneros que ajenos a todo seguían con sus vidas de pastoreo, algunos levantaban la vista para seguir con cautela a la máquina que seguía su rumbo, pero dejaban de prestarle atención una vez que la misma se escabullía por las líneas del horizonte y su motor pasaba a ser un suave susurro que iba desapareciendo en la lejanía.
Estaba amaneciendo. No se si ustedes alguna vez habrán visto un amanecer en un campo. Aquellos que sí sabrán como yo que es muy diferente a un amanecer en una ciudad. Uno puede casi sentir como toca el cielo con las manos mientras este despliega una serie de colores tenues que van cambiando volviéndose más vívidos conforme pasa el tiempo, a veces rosados, rojos o naranjas dependiendo de los caprichos del sol y estos van esparciéndose por todo el cielo escondiendo a las estrellas. Eso mismo pasaba en esos instantes. Incluso en tiempos oscuros eso era algo digno de ver.
West tuvo que esquivar con una suave vehemencia un poste que casi choca debido a su atención por las maravillas de ese amanecer. Pero rápidamente volvió al camino de tierra. El cansancio era otro factor por el cuál encontrarse sentado manejando esa camioneta era algo peligroso, pero no iba a detenerse ahí. Después de tanto tiempo corriendo, por fin tenía un rumbo fijo para dirigirse.
A su lado se encontraba ella. Sentada en el asiento del acompañante con sus parpados cerrados sumida en un sueño que no lograba consumar hacía tiempo. West la observaba mientras hacia lo mismo con el camino. Era bella por dónde la mires. Su pelo lacio de un marrón oscuro caía por sus hombros y su espalda y terminaba en unas puntas algo más claras y decoloradas. Detrás de esos párpados se ocultaban unos iris de color verde suave, "verde paz" como él muchacho solía pensar sin decir. El tenía 23 años, ella 22. Se habían encontrado por pura o ninguna casualidad en una situación bastante desfavorable para él en la que ella intervino salvándole la vida. A partir de ese momento se habían vuelto casi inseparables. Eran 2 individuos sobreviviendo en un ámbito más que hostil. West ocultaba lo más que podía sus sentimientos hacia ella. Y ella... era ella. Aún no le había dicho su nombre después de 4 meses y el decidió no molestarla más con el asunto. Había cierto misterio entre ambos, pero era lo suficientemente necesario como para no llegar a conocerse del todo y así no aburrirse uno con el otro.
Finalmente el vehículo se detuvo. Había llegado a su destino. Tanto por el sonido del motor apagándose como por los primeros rayos de sol que le tocaron la cara ella abrió los ojos con suavidad y observó a través del vidrio una casa de madera pintada de marrón claro con un techo de chapa negro. Una típica casa de campo ubicada en las cercanías de un pequeño bosque y una pequeña laguna en medio de la gran abertura de pasto verde que se extendía en todas las direcciones recorriendo los 4 puntos cardinales.
Ella no dijo nada pero sus ojos reflejaban que no había esperado un lugar tan bello como ese. Semanas atrás West le había dicho que sabía de un posible lugar seguro, aunque nunca le había dicho exactamente que ni dónde era lo que llevaba a que ambos bromearan con eso. Era parte del "pacto" que tenían para no decirse absolutamente todo y, en este caso, no arruinar la sorpresa.
- Buenos días - saludo él con su voz grave y tranquila y una sonrisa en su rostro.
Ella no respondió. Miraba maravillada el lugar seguro al que tanto esperaban llegar con ansias. Él entendió el mensaje y se bajó de la camioneta cerrando la puerta con suavidad y ella lo siguió unos segundos después.
- No creí que íbamos a venir a un lugar como este - le dijo entre risas a su compañero.
- Era un lugar indicado, y cuándo me dijiste que tu sueño era vivir en el campo alejada de los ruidos de la ciudad no pude más que reiterar la necesidad de dirigirnos aquí - dijo él sin sacar la sonrisa de su rostro.
Entraron a la casa con la llave de seguridad que West portaba y dentro de ella se encontraron con una tranquilidad reconfortante.
- Es bellísima - dijo ella observando la morada casi con pasión.
Él sonrió de nuevo. La casa por dentro era en su mayoría de madera. A la derecha de la entrada una chimenea se dejaba ver en la pared de un living compuesto por una alfombra de piel suave y un sillón doble de terciopelo color caoba. A la izquierda se encontraba una mesa de roble con 4 sillas del mismo material al lado de la cocina y por en medio estaba la escalera recubierta que llevaba a un piso más arriba dónde se encontraban 2 habitaciones.
- Eran de mis abuelos paternos. Ellos la construyeron, siempre les gustó la tranquilidad del campo - dijo con la voz un poco más quebrada.
Sus abuelos estaban en la ciudad en el momento que se desató el caos, y al parecer nunca habían regresado.
Ella lo miró mientras acariciaba una de las maderas de la pared del living y le dijo con una voz suave
- Hubiesen querido que te la quedaras.
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Cuándo la oscuridad afuera era total y habían terminado de comer, apagaron las velas y West recorrió la casa para asegurarse que todo estuviera cerrado correctamente, finalmente se fueron a dormir.
Cada uno fue a una habitación distinta separada por un pequeño pasillo. Lo habían adoptado por seguridad debido a lo que ella pudiera llegar a hacer con su secreto. Pero en medio de la noche pasó lo inevitable.
West se despertó sobresaltado al escuchar los gritos de ella y corrió a su habitación. Se sacudía sollozando entre pesadillas y todos los objetos a su alrededor a excepción de la cama levitaban. El velador, las cortinas y demás flotaban en el aire producto de las pesadillas que ella sufría. West corrió hacia su compañera esperando que no entrara en pánico total y los objetos no comenzaran a transformarse en peligrosos proyectiles. Se recostó en la cama con las piernas afuera y la abrazo. Ella dejó de llorar y sacudirse, al parecer se había despertado porque respondió al abrazo protector haciendo lo mismo y todos los objetos que levitaban cayeron con un ruido seco.
- Shhh, tranquila, hey, estoy aquí. Tranquila - le murmuraba suavemente al oído mientras la acunaba con ternura - No pasa nada, estoy contigo.
Ella comenzó a respirar normalmente pero seguía sollozando asustada.
- ¿Cuándo... va a... terminar? - preguntaba entre lágrimas. Pero el no le respondió. Solo atinaba a tranquilizarla.
Se quedó unos minutos con ella hasta que todo volvió a la normalidad.
- Curioso que tu mayor secreto haya sido el que primero supe que existía - dijo West como para reconfortarla y funcionó, ella se rió - Ven, tengo algo para que veas.
La tomó de la mano y bajaron al living. Ya no tenían sueño. Prendieron la chimenea y la casa se iluminó con la tenue luz del fuego.
West se separó un instante de ella y prendió un tocadiscos asegurandose que no este el sonido muy fuerte.
- No estoy seguro que escuchaban mis abuelos pero... - la música interrumpió su frase, era una música suave y tranquila que se fusionaba a la perfección con el momento.
- Esta muy bien - dijo ella sonriendo.
Bailaron agarrados de las manos durante un rato a la luz de la chimenea. Daban pasos de baile e inventaban otros riéndose y tropezándose sin casi nunca apartar la vista del otro.
Finalmente, cómo la suave brisa de afuera, West la besó por primera vez y ella no se apartó. Estuvieron otro rato así. Inseparables pero con sombras fantasmagóricas ocasionadas por el fuego de la cálida chimenea.
Nada podía arrebatarles ese momento. Estaban a salvo después de mucho tiempo y por fin se sentían cerca uno del otro.
No sabemos lo que ella pensaba en ese momento. Pero West estaba seguro de una sola cosa que le pasaba por la cabeza: "Incluso respirar se siente bien"