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La infidelidad

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado enero 2014 en Ensayo
¿Por qué somos infieles? ¿Herencia genética? ¿Necesidad perentoria de auto afirmación personal? ¿Instinto de supervivencia? En la mujer: ¿malicia? ¿Promiscuidad? ¿Despecho? Y en el hombre, ¿diversión? ¿Insatisfacción con su pareja? ¿Complejo de donjuanismo? Lo que es cierto es que la Infidelidad se comete por causas diversas y ni los humanos ni los animales están libres de la traición.

Moralmente, es la peor de las lealtades. La Infidelidad de la persona amada derrumba y abre una brecha en la relación de tal calibre que es difícil de superar o acaba en separación. Porque la Infidelidad, sobre todo la cometida por la mujer, es el motivo más frecuente de ruptura, aunque las extrasexualidades del hombre se condenen y su fidelidad se considere ingrediente indispensable para una vida en común, y en algunos casos los deslices sexuales son cotidianos y se dan incluso en personas que aseguran tener una relación estable. Bueno, pues ni con estos significativos datos se sabe a ciencia cierta cuáles son los motivos que llevan a la Infidelidad. Y exprimiendo el tema, tampoco ayuda el que nadie se atreva a contar sus culpas. Pero está comprobado que si se ama verdaderamente, se es fiel.

Las razones que se dan para explicar estos comportamientos son de índole diversa y múltiple. Desde el punto de vista evolutivo, en lo más hondo de los devaneos sexuales está el instinto reproductivo que todo ser lleva dentro. Básicamente, ésta teoría viene a decir que los que practican más contactos sexuales pueden pensar que tienen un mayor éxito reproductor, así como más hijos, que serían los herederos de la carga genética de promiscuidad, expandiendo y evolucionando la condición. Y viendo las cosas desde la óptica determinista de la biología, se puede decir que se es infiel por naturaleza. Pues para justificación banal se sabe que el hombre, para ser infiel, sólo necesita un lugar, mientras que la mujer un motivo. Entonces, planteadas así las cosas, cabe una pregunta: “¿por qué vivimos en pareja y nos pedimos fidelidad? Porque la hipótesis de que la vida en pareja tiene profundas raíces de convicción no es alentador para los desparejados, y menos aún si se quiere ver como algo normal. Lo que se debe ver como tesis doctorada es que quien no sea capaz de mantener una relación, sin ser infiel, no debe continuar. Porque refugiarse en los hijos para permanecer juntos es un error. Al faltar amor, hasta con el pensamiento se puede ser igualmente infiel. La fascinación en el recuerdo es casi peor que el pecado en sí. Es reconocido que durante el período del frenesí, del pelotazo bioquímico, el cerebro se inunda con la pasión del enamoramiento y no es probable que se cometa una infidelidad. Lógicamente, estoy refiriéndome a personas en perfecto uso de sus facultades mentales.

Desde una óptica psicológica, son numerosos los motivos por los que se puede caer en la Infidelidad, porque la creencia de que existe la relación perfecta es caldo de cultivo para entrar en el resentimiento y la desilusión, que conducen a la Infidelidad. Es corriente ver que los mitos románticos ejerzan una influencia en una relación e incluso pueden llegar a ser la causa de problemas en la pareja. Pero aún hay un porcentaje de hombres, cifra que aumenta considerablemente en las mujeres, que creen a pies juntillas en la pasión eterna; es decir, que se mantiene en todas las etapas de la convivencia. Pero después, con el paso del tiempo, viene el desgaste y es entonces cuando aparecen algunos factores biológicos y psicológicos que contribuyen a que descienda. “El enamoramiento es pasión y el amor es sentimiento”, y lo más normal es que la relación empiece con el enamoramiento y conforme vaya transcurriendo el tiempo, éste va disminuyendo, a la vez que va creciendo el amor: estado placentero, por lo que no hay por qué caer en la Infidelidad. Otra cosa distinta es que se den circunstancias que provoquen ocasiones de Infidelidad. Las más usuales, según mi punto de vista, son estas:

1.- Búsqueda de nuevas sensaciones; hay en quien prevalece la aventura y la excitación contra la estabilidad que aporta un proyecto en común. Pero cuando muere la pasión que acompaña a las fases del enamoramiento, los hallazgos ya no interesan porque se busca la novedad, lo que se refleja en un nuevo estilo de vida: no se toleran las tareas rutinarias, atraen las emociones fuertes, se procura consumar más contacto, y, potencialmente, se puede tener mayor tendencia a alternar con otras personas, además de con la propia pareja.
2.- Vida sexual pobre; la relación sexual es ingrediente básico en la pareja, y un bajón progresivo de deseo resulta devastador. Cuando las relaciones sexuales son escasas ocurre, sobre todo en el hombre, que busque fuera lo que no encuentra dentro, a la vez que piensa que con su actitud mejora su relación, y, a veces, es así, considerando la dosis de tolerancia y masoquismo de la mujer, a la que se le desata una pasión inusitada por ver que le están arrebatando lo que creía suyo, entrando en escena los celos y el instinto animal que todos llevamos dentro y que antes eran ignorados, originándole un deleite hiriente pero excitante.
3.- Insatisfacción con la pareja; si se ha llegado a un preocupante grado de aburrimiento, porque ya faltan intereses en común o porque se descuida el tiempo que necesariamente deben pasar juntos, con tendencia a otras actividades, como el trabajo o los hobby, se puede producir un distanciamiento, que, a su vez, pueden conducir a situaciones de infidelidad. Está claro que los que dicen que se aman y no saben qué decirse no hacen sino ocultar la realidad; realidad que, inexorablemente, pasa factura.
4.- Ser feliz a toda costa; entre otras razones de infidelidad, es que en la sociedad actual se impone un especial énfasis en busca de la felicidad, hecho que fomenta la impaciencia ante alguna crisis que se puede presentar. Porque hay que tener presente que ansiar una felicidad inminente, sin antes haberla labrado es el mayor obstáculo para la propia felicidad.
5.- Sentirse joven y atractivo; a veces, en personas obsesionadas con el normal y natural envejecimiento, una aventura puede significar demostrase a sí mismas que aún son jóvenes, atractivas, y así sentirse mejor. Pero en este tipo de personas prevalece más un sentimiento que el riesgo de poner en peligro una relación estable. En los hombres, tal circunstancia se da alrededor de los cuarenta años, y en las mujeres, antes de la menopausia, pero, más que nada, si ve que se está originando un desgaste en su relación de pareja y necesita volver a sentirse guapa y que despierta apetito sexual, del que no se ocupó demasiado durante sus años jóvenes; sin duda, por estar imbuida en el deseo de impactar, normalmente por innata coquetería.

El complejo de donjuanismo en el hombre es una conducta que psicológicamente consiste en querer consumar las máximas conquistas en el menor tiempo posible. Porque con el hecho de ampliar su lista de ligues, quiere hacer ver que es capaz de ganar a otros hombres. Pero estos contactos no suelen ser duraderos, porque al lograr su objetivo, que no es otro que un contacto sexual, el interés desaparece desaparece. Por lo general, detrás del donjuanismo se oculta cierta inmadurez, de ahí que sea frecuente en la adolescencia, ya que las conquistas pueden significar autoafirmación. Pero se puede entrever un patrón de conducta neurótica o narcisista, y tal vertiente tan usual se da más en los hombres que en las mujeres, y no tiene por qué estar ligada a la promiscuidad o la hipersexualidad, pero la culminación sexual, el clímax, es una elucubración para sí y una demostración ante los demás de las conquistas conseguidas, sin entrar en lo que a moral se refiere.

La promiscuidad y la hipersexualidad son conductas diferentes. La promiscuidad es más común en los distintos grupos de animales que en la monogamia, y la hipersexualidad es una ufanosa y afanosa práctica con el almacén sexual. Pero la jactancia y la vanidad, en esto y para esto, superan a la realidad.

La biología tiene mucho que decir sobre la Infidelidad, máxime a la hora de que tanto mujeres como hombres se sienten atraídos por determinados rasgos del sexo opuesto. De ahí, según mis preferencias, que a los hombres, por lo general, les gusten más los pechos grandes y firmes, las cinturas estrechas, las caderas anchas, las complexiones suaves y sinuosas y las piernas largas y formadas; es decir: los palmitos “10”. Y es por eso que para los partidarios de esta corriente, éstas son las razones del atractivo de los tacones altos y las minifaldas. A las mujeres, en cambio, y también por lo general, les van más las mandíbulas fuertes, la piel tersa y dura, las cejas no muy pobladas, las nalgas erguidas, firmes, las estaturas altas, los ojos grandes y expresivos y la usencia de tripa. ¡Ah, y “eso” que adivinan, que en funcionamiento tenga un tic de una intensidad de nueve o diez en la escala de Ritcher!

En todo caso, bromas aparte, el verdadero foco de la Infidelidad está en el cerebro, y ni mujeres ni hombres, aun reuniendo todos los encantos físicos, son infieles si sus pensamientos van dirigidos hacia sus propias parejas.
La Infidelidad es un infierno
de fuego y de maldad,
pero nadie ni nada podrá evitar
que el causante sufra los cuernos

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2014
    No es que se sea infiel, es sólo que se quiere experimentar emociones nuevas:D
    Pero que no nos demos cuenta, por que a nadie le gusta sentirse desplazado ni por un momento, somos de un egoismo:rolleyes
    Muchas veces ni rajamos ni prestamos el hacha:cool:
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado enero 2014


    Hola cehi

    Es una buena exposición de la “casuística” que determina la infidelidad, el problema es que (creo yo) la conclusión carece de contundencia.

    La infidelidad nace de la irracionalidad. De los instintos ocultos que alberga el ser humano sea macho o hembra.

    Lo digo con la experiencia de un hombre casado con once años y varios meses de vida marital.

    Por ejemplo:

    Una mujer bonita en minifalda, tacos altos, uñas pintadas en pies y manos. Labios del mismo color de las uñas. Activan la irracionalidad en cualquier varón. Sea casado, soltero, viudo o divorciado.

    Lo que activa el deseo de ser infiel es que una dama de esas características pase por tu lado (sabiendo que eres casado) y de “casualidad” se le caiga algo, cualquier cosa y tú “caballerosamente” le ayudes a recoger lo que se cayó. Es el primer paso, lo siguiente es un excitante juego de tira y afloja en el cual la bioquímica humana produce sustancias que el cerebro difícilmente puede controlar, porque todas ellas le producen placer.

    Es: “el placer de lo prohibido”.

    Para llegar a la infidelidad se deben superar algunas barreras en las cuales está en juego casi siempre la formación familiar. En estos tiempos que corren, la gente se casa y después de dos años se divorcia. Es más sincero que ser infiel. Es cada vez más frecuente ver divorciados que infieles.

    Una variante patética es el doblemente infiel, es decir el hombre que engaña a su esposa y a su pareja. En dicha variante el hombre desciende al grado de gusano. Las damas aludidas quedan como tontas de capirote. Aunque algunas damas se hacen de la vista gorda.

    Finalmente.

    Recurro a la literatura, para mostrar que la infidelidad bien tratada genera simpatías. El caso de Francesca Rimini y Pablo Malatesta. El caso es presentado por Dante en su Comedia, mostrando a los amantes en el infierno. Ellos se enamoran leyendo un libro en el que dos infieles Lancelot y Ginebra se amaban con pasión. El libro activo la bioquímica de ambos y terminaron amándose en el infierno.

    Gracias por tu texto que me ha provocado esta reflexión.

  • StephenVinziStephenVinzi Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    amparo bonilla escribió : »
    No es que se sea infiel, es sólo que se quiere experimentar emociones nuevas:D

    Como me entusiasma esta chiquilla :)

    Yo quiero protestar contra el mal uso de la palabra infidelidad

    Y quiero ser muy claro:

    Si un tipo se calentó con una negrita y a ella le guste, que se la voltee calladito y deje todo en la esfera de su privacidad (como si estuviera solo en el baño de su casa y se hubiera hecho una individual)

    Pero que no deje en banda su casa, sus hijos, su esposa, todo... para querer edificar algo nuevo cada vez que se enamora de alguien

    Eso es ser infiel a la gente que confió en él, a la gente que espera de él.

    Hoy las costumbres han cambiado, y la monogamia se ha convertido en monogamia secuencial, así que los tipos que abandonan sus familias para crear una nueva, más joven y remozada, primero que se miren al espejo y después que no se hagan los puros, los morales ni los éticos ni nada, porque son una merda.... infieles a la gente que esperaba de ellos, y no dejan de ser un producto de la sociedad moderna.

    Un vecino que vivía malamente, angustiado por la situación económica, con su mujer dos chiquillos y un bebé. El tipo sintió que no podía más, que se moría. Como se había enamorado de una piba, "fue de frente" "sin engañar a nadie" como dijo él, y se fue a vivir con esta piba a dos o tres cuadras de su casa.

    Mi mamá y otras vecinas, juntaban en secreto comida, bien temprano a la mañana para que nadie vea, y se la llevaba a esta mujer, que la recibía llorando, pero la aceptaba porque no tenía qué darle de comer a los chiquillos.

    Pero el tipo se creía de lo más correcto y derecho y "de frente"

    Y yo digo que fue una mierda, el más infiel de todos (gracias a Dios murió ya)

    Yo diría más bien, ser "desleal" en todo caso, que tiene una carga de significado más negativa aún, pero ojo con ser fiel.


    Por supuesto que no valen en esto referencias ad-nomine, pero por si acaso, conocí a mi novia cuando teníamos 14 y 16, y seguimos juntos ahora (47 y 49).
    Como era antes.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2014
    Esto desde el punto de vista de los chicos que se calientan viendo unas piernas o unas tetas, pero que hay de nosotras que también tenemos nuestra parte emotiva y nos gusta que nos calienten el oído con frases bonitas, lo que nos puede hacer cometer una infidelidad es lo mismo que les pasa a ustedes, es las ganas de sentirnos deseadas y admiradas, que nos digan cosas que ya en la casa el marido cree que las sabemos y da por sentado que todo está bien igual las mujeres nunca le decimos nada a nuestros maridos para enamorarlos, pues creemos que como ya agarramos al marrano lo tenemos seguro, pero no, nada hay seguro en esta vida y las emociones están a flor de piel y son más las sensaciones y los deseo de experimentar algo diferente así sea un rato, que el miedo a ser descubiertos por la pareja, eso también entra en la adrenalina.:eek:

    Y es infinito el tema y todos tendremos nuestras razones para hacer o no algo que vaya en contra de la sociedad, más no en contra de nosotros mismos, pues para cometer infidelidad se necesitan dos:)
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    editado enero 2014
    juancho escribió : »


    Hola cehi

    Es una buena exposición de la “casuística” que determina la infidelidad, el problema es que (creo yo) la conclusión carece de contundencia.

    La infidelidad nace de la irracionalidad. De los instintos ocultos que alberga el ser humano sea macho o hembra.

    Lo digo con la experiencia de un hombre casado con once años y varios meses de vida marital.

    Por ejemplo:

    Una mujer bonita en minifalda, tacos altos, uñas pintadas en pies y manos. Labios del mismo color de las uñas. Activan la irracionalidad en cualquier varón. Sea casado, soltero, viudo o divorciado.

    Lo que activa el deseo de ser infiel es que una dama de esas características pase por tu lado (sabiendo que eres casado) y de “casualidad” se le caiga algo, cualquier cosa y tú “caballerosamente” le ayudes a recoger lo que se cayó. Es el primer paso, lo siguiente es un excitante juego de tira y afloja en el cual la bioquímica humana produce sustancias que el cerebro difícilmente puede controlar, porque todas ellas le producen placer.

    Es: “el placer de lo prohibido”.

    Para llegar a la infidelidad se deben superar algunas barreras en las cuales está en juego casi siempre la formación familiar. En estos tiempos que corren, la gente se casa y después de dos años se divorcia. Es más sincero que ser infiel. Es cada vez más frecuente ver divorciados que infieles.

    Una variante patética es el doblemente infiel, es decir el hombre que engaña a su esposa y a su pareja. En dicha variante el hombre desciende al grado de gusano. Las damas aludidas quedan como tontas de capirote. Aunque algunas damas se hacen de la vista gorda.

    Finalmente.

    Recurro a la literatura, para mostrar que la infidelidad bien tratada genera simpatías. El caso de Francesca Rimini y Pablo Malatesta. El caso es presentado por Dante en su Comedia, mostrando a los amantes en el infierno. Ellos se enamoran leyendo un libro en el que dos infieles Lancelot y Ginebra se amaban con pasión. El libro activo la bioquímica de ambos y terminaron amándose en el infierno.

    Gracias por tu texto que me ha provocado esta reflexión.



    Hola, juancho.

    Antes de nada, te agradezco que me hayas leído. En cuanto a tu reflexión, la que te ha surgido después de echar un vistazo a mi artículo, la veo como muy a tu sui géneris, aunque en realidad contribuye a alimentar dicho texto pero no en la medida que necesita para convertirse en un verdadero documento informativo sobre el tema en cuestión. De todas formas, gracias.

    Un saludo
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