Los vientos crepusculares
el sol, sus fragmentos y el amanecer desnudandose
los árticos pulmunes están gimiendo
agonizan sus pliegues y huesos escarchados
del frío florecen robles de millones de hojas azules
sus raíces de médula arañan el cielo
Hablan de una hija de la estrella
aquella que se detiene en las sequías y el valle
que camina despacio, peldaño tras peldaño
es más antigua que el tiempo
más eterna que el rugido de la tierra
memorial como los sedimentos del marmol
Deberá inundar estas oscuridades con destellos
las entrañas más desgarradas y portales
una bengala que anuncia al navío errante
el último grito desde la proa hacia las costas
el ancla hundíendose en la desgracia
En el fondo del lago
el peso de las corrientes suena
como el hálito sobre los pinos