Un poco de café escurría por la taza, y el señor miraba solemnemente por su ventana, ese contraste impactante; El sol brillando sobre el mar, y las nubes, cirrus y cúmulos elevándose, trayendo detrás de si la catástrofe. Él sabía que un huracán se acercaba, todos habían evacuado ya, pero cuando lo despertaron, notó que el día era tan bello que simplemente decidió quedarse ahí y admirarlo, además, él ya era muy viejo, había vivido bastante. Era su tercera taza de café, salió con ella en la mano caminando lentamente hacía la playa, y así daría la bienvenida al mar, que lo llevaría a la otra vida. Se sentó sobre una piedra, con los pies en el agua, dio un sorbó a su café, y pensó «Siempre es buen momento para una taza de café».
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