Mañana fría. El café acaba de abrir y algunos clientes empiezan a cursar por el con algo de parsimonia y desgano. El fin de semana parece escaparse en el sabor del moka que se desliza en los pequeños ambientes cerca a la avenida. La nostalgia queda en anécdotas y el tiempo sigue siendo uno solo para todos.
Camila bebe un café cargado e intenta darle vida a un cigarrillo con su gastado encendedor. Lo ha intentado tres veces pero ha fallado groseramente y, entonces, mira hacia arriba del mostrador contemplando la idea de avisarle al mozo.
- Mira dónde te vengo a encontrar...
Camila aun no termina de reconocer la voz. Por lo común es solo un segundo el que se tiene para voltear y ensayar un gesto o frase. Le gusta la idea de estar un paso adelante del resto y la sorpresa no es un recurso que le agrade. Cuando gire su cuerpo frente al emisor deberá dejar en explicito un “te estuve esperando”
¿Será su jefe? ¿ el estúpido del bar? Cuando pase el segundo, el desfile relámpago de conjuntos de variables a ese tono de voz se habrán dado por vencidos ante la posibilidad de voltear con la más insípida cara que pueda mostrar: la “estándar”. Pasa el segundo y entonces relaja los músculos del rostro, su cuerpo empieza a girar en noventa grados y sus labios contienen la fuerza de su respuesta inmediata al ver de quien se trata. Ya en cuarenta y cinco grados y a nada de mostrar el rostro recuerda a Mario:
- ¿Será Mario? ¡Sí! ¡es Mario!
El cuerpo sigue su movimiento y su rostro grita la sorpresa. Ojos saltados y chispeantes, semblante pálido y labios abiertos y preparados para inexorablemente decir algo en tartamudeo dentro de un segundo.
- ¡Mario! ¡qué sorpresa!
- Sí, se ve. ¿me puedo sentar?
Tiene dos segundos para responder. Un conjunto de flashes recorren su mente a velocidad. Su mejor amigo del colegio estaba al lado suyo pidiéndole sentarse junto a ella. Extrañaba la inmadurez de sus conversaciones, las risotadas al aire libre y aquella inocencia de adolescente frente a las relaciones amorosas y el sexo. Por una fracción de segundo le dieron ganas de saltar y abrazarlo toda la mañana. Pero no podía, sabía que era lo último que podía hacer.
- Claro, siéntate.
Estaba cambiado. Una arruga prominente se distinguía en el entrecejo. Los años han pasado y seguramente ella también se veía mayor. Ahora eran un par de adultos conversando en una cafetería.
- No se sabe nada de ti... te has olvidado de la promoción
- No es eso. Estuve ocupado en algunos asuntos
- ¿Cómo cuales?
Un silencio. Camila presiente que Mario no la ha pasado bien estos años, que a diferencia de ella no ha sabido encontrarle el lugar a sus sueños y ubicarse en aquel repudiado sistema que tarde o temprano termina por absorberte.
- Deberías unirte a los reencuentros que hacemos. Te vacilarías de lo lindo con todos... ¡no cambian! Puedes creer que el gordo Pierola...
- ¡El gordo Pierola! ¡ hace un siglo que no se de él!
- (Da una carcajada) ¡tu pata pues!.. ¿Recuerdas que no le dabamos dos meses con Lourdes? ¡Diez años! y se van por el segundo bebé ni bien terminen de acomodarse en Lieja. Ese gordo... maestría y todo pero se le sigue jodiendo con las películas de terror. ¡Un caso!
Ambos dan una risotada. Mario ve el cigarrillo sin encender en los dedos de Camila y le alcanza un encendedor. Ella lo ve agradecida y enciende el toxico de inmediato.
- Todos te extrañan Mario
- Lo sé, yo también...
- ...
- ¿y a ti como te está yendo?
- ¡Muy bien! Finalmente pudo más la voluntad de mis padres y estudié leyes en la Autónoma. Ahora estoy trabajando en el estudio Valdez... aquí a unas cuadras.
- Bien por ti. ¿Quién diría que la retorcida de Camila seguiría la carrera de derecho?
- Jajaja ahí están los más torcidos
-
- Cámila le ve el semblante a Mario y sabe que busca un tiempo que pueda especiarle, unos segundos dónde expresarse. Su interior grita algo y él intenta ocultarlo en una tímida sonrisa. Lo conoce bien, seis años compartiendo todo y experimentando en el camino lo que muy pronto los hará adultos.
- Lo siento Camila
Otra vez el incomodo silencio. Camila sabe a lo que se refiere y le aterra la idea que explaye su contenido en un día tan lindo. Quiere seguirle sonriendo y alcanzar en pequeño grado sus conversaciones de púberes. Aún empieza a sentir esa agria sensación en las últimas veces que lo vio. Aún su mente no deja de enviarle alertas y recuerdos ingratos.
- Lo que quiero saber es que me digas la verdad y saber si tú fuiste realmente el que hizo todo eso
- Siempre te he dicho que fui yo.
La ira aún se distingue en sus gestos. Mario le da un sorbo a su café intentando alcanzar las palabras propicias para empezar a explicar lo que sucedió. Está en la incómoda situación de necesitar un mínimo conjunto de palabras para darle sentido a sus actos. Ese momento en el que todo parece estar en tu contra y dándote el beneficio de la duda solo como un formalismo a la censura.
Una pequeña lágrima empieza a caer pesadamente del rostro de Camila; algo de rimer se ha esparcido con él desdibujando el habitual trabajo matutino frente al espejo.
- Supongo que nunca llegué a conocerte bien; que me engañaste como a todo el mundo en ese tiempo. Aún me parece repugnante todo lo que pasó y no puedo verte si quiera al rostro en este momento. Acabó de recordar todo, lo siento pero me voy.
Camila levanta bruscamente su cuerpo de la mesa y empieza a recoger sus cosas ante la mirada perdida de Mario. Está llena de rencores y perturbación. Apenas puede mantenerse en pie, le tiemblan las piernas y su semblante expresa un fuerte dolor: muy cercano al rostro que proyectó cuando Juliana y Andrea le contaron todo lo que venía pasando.
Camina apenas y bota el cigarrillo con furia. Mario, a espaldas de ella, le toma el brazo sin fuerza y convicción.
- Es algo que no pude ni puedo contener. Llevo tratamiento, tomo pastillas y aún no lo consigo.
Camila se suelta el brazo y sigue caminando; alejándose en la misma intensidad que su Chanel de 600 dólares se desdibuja en el camino. Mario la ve a lo lejos, sintiendo como su mano tiembla sin contención sobre la mesa cuatro.
Nunca más se volvieron a ver.
Comentarios
¡Que' bien!
Me ha gustado este relato.
Me agrada la forma de escribir que tienes.
SolyArenas.
Y más vale que sea un buen motivo desde el punto de vista LITERARIO y no desde el punto de vista EMOCIONAL. No espero algo doloroso sino algo creativo, fascinante, interesante. Si lo único que tengo que leer es lo "normal", para eso no hacía falta tanto suspense.
Creo que no has sabido cerrar ese final ya que te has puesto a ti mismo el listón muy alto. Lo has dejado "a la imaginación del lector". Pero es que el que debe crear es el escritor, no el lector. No has dado suficientes datos para que la historia tenga sentido si se hace un esfuerzo de imaginación. Has pasado la patata caliente sin más, y se nota.
Si está inspirado en hechos reales, me remito al primer párrafo. Además de ser algo grave emocionalmente, debe ser algo interesante literariamente.
Me gusta la agudeza psicológica, el detalle de las acciones de los personajes. Cuidado en algún punto ya que las descripciones tan detalladas ralentizan la velocidad de la trama demasiado y no es necesario dar tanta información, como ocurre en:
En general creo que hay que sintetizar más y para ello hay que cortar aquellas cosas que no son noticia, que son situaciones clichés, y cargar las tintas en lo inesperado, en aquello singular de cada personaje o en las anomalías de la realidad. Ganará agilidad y el lector tendrá la sensación de que "todo cuenta". Exceptuando, claro, textos de ambientación que los necesitas para pasar de escena a escena y que el lector no se pierda.
Mucho material bueno con el que trabajar ya que dominas la observación y tienes "oído" para los registros de personajes. Creo que hay que recortar en el estilo y, en cambio, añadir en el significado y su traducción en la trama.
Creo que lo que tira del lector a lo largo del texto es el suspense que has creado en cuanto a lo que sucede, sea lo que sea, entre la pareja protagonista. No averiguarlo al final deja un poco frustrado. Pero sin embargo la frase final creo que lo que hace es cambiar de un plumazo el cuento. De suspense pasa a narración descriptiva de la destrucción de una relación, que como tantas veces pasa en la vida, ni tiene explicación ni mucho sentido buscarla. Al menos para mí eso es lo que expresa el cuento.
Perplejo, no puedo estar más en desacuerdo contigo en algo que has dicho:
Si eso fuera verdad leer sería un rollazo mecánico que no nos dejaría el menor poso. La lectura siempre es creativa. El lector es creador y en ese sentido también escribe la novela que lee. Y hay que dejar espacio al lector para que ejerza de lector. Si se lo das todo comido y masticado es como si le entregaras un juguete jugado. Como esas muñecas que hablan, comen, parpadean y lo único que puedes hacer con ellas es mirarlas y aburrirte. Vamos, así lo veo yo.
La novela o el cuento que yo leo nunca es el mismo que el que lee mi vecino del quinto, aunque su libro y el mío tengan el mismo título, estén encuadernados igual y vengan firmados por el mismo autor. Y ahí, creo yo, que radica la magia de la literatura, del arte en general.
El relato como metáfora de las relaciones fracasadas sin explicación me ha gustado y creo que funciona. Aunque a lo mejor hubiera estado más medido, equilibrado, si el suspense no lo hubieras llevado tan lejos como hasta el final. Pero sólo es mi opinión subjetiva.
¡Saludos!
Cuando digo que el escritor debe "crear" no quiero decir que debe "explicar" como en las películas americanas. Lo de que la lectura es creativa suena muy bien retóricamente pero aplicado de forma literal es fatal. A ningún escritor se le admira por no crear algo que sí crean sus lectores leyendo un texto incompleto. De hecho, los muy buenos escritores son los que sacan a la luz lo inefable, lo sucinto, lo que a todos nosotros se nos escapa o no sabemos representar.
Lo que desde luego no puede pasar es que el lector haga lo que el escritor no ha sido capaz de hacer. Entonces, cuando se quiere ver más de lo que hay, se da el fenómeno de obra estafa donde los críticos atribuyen valores que en realidad no existen.
Un buen texto tiene varios niveles, algunos más explícitos que otros, pero es el escritor el que propicia estas evocaciones y toma el control. Si no puede tomar el control, no sabe escribir. Si no es capaz de completar los significados o las tramas, aun dosificando la información que da al lector, no ha culminado una obra. Los bocetos tienen su propio encanto pero no son más valiosos que la obra acabada. Lo difícil en el arte es acabar; no empezar.
Perplejo creo que tenemos concepciones muy diferentes de la literatura y que no vamos a ponernos de acuerdo.
Además creo que estamos desviando el tema del post que es el cuento de Jesús.
Hablas de
como si la literatura fuera algo objetivo en la que tuviera que primar la opinión de alguien. Que tu no veas un determinado valor en un texto no significa que no exista. A lo mejor otro si lo ve. Para ti no existe y para el otro sí existe. La literatura es subjetiva. Por mucho que nos esforcemos en hacer de la literatura ciencia, la literatura es más mágica de lo que nos gusta admitir.
No sé cuántos de tus escritos has dejado a otras personas para que los lean y cuántas opiniones te han hecho llegar. Pero todo escritor tiene la experiencia de que un lector le cuenta algo de su libro que él nunca pensó cuando lo escribió. La misma Carmen Martín Gaite ha contado esto muchas veces. Y el oficio y la grandeza literaria de la Gaite son innegables. Así que ese control absoluto del escritor sobre la obra es más mítico que real.
Yo creo que al escritor se le admira sólo por lo que hemos pensado y sentido entre sus páginas. Y eso depende en gran medida de muchas cosas que no tienen nada que ver con el escritor: dependen de la formación del lector, de las experiencias vividas, de otras obras que ha leído y con las que relaciona la que lee, del contexto en que lee, de lo que le duele por dentro, de lo que le hace feliz…
Por supuesto que el escritor es fundamental pero no hay que despreciar el mérito del lector que crea el significado del texto, lo que significa para él. Que puede coincidir con el escritor pero también puede que no y eso no lo invalida en absoluto.
Al menos yo así lo veo. Lo que no invalida tu visión, siemplemente tenemos visiones distintas sobre la literatura
Saludos!
Solyarena: me agrada mucho que te haya gustado y especialmente es muy importante para mí tu buen calificativo hacia el “estilo” del texto. Estoy empezando a experimentar nuevos ritmos narrativos y este texto fue significativo viéndolo de esa forma. Muchas gracias.
En cuanto a la interesantísima charla literaria entre Amparo, Perplejo y Charolina alrededor de un punto tengo que decir:
Me da mucha satisfacción que un punto del relato haya permitido un pequeño debate acerca del recurso conveniente a utilizar en el final de la historia. Estos tipos de aportes incrementan considerablemente el nivel del foro en cuanto potencian la destreza de los autores y permiten un mejor desenvolvimiento en futuros trabajos. En efecto, creo que si alguien se anima a postear un trabajo suyo en red es porque además del placer que le originó hacerlo también se ve incentivado a compartirlo emocionalmente con otras personas. Y si hay procedimientos que lograrán un mayor nexo entre emisor y receptor, estos serán siempre muy bien recibidos. La publicación adquiere sentido y los mensajes siempre serán tomados en cuenta. Al estar en la cadena de comentarios también me comprometo a intentar aportar mi corta experiencia en los textos en los que considere mi aporte pueda ser útil de alguna forma. Felicito al foro por eso, su profundidad me ha permitido sentirme muy cómodo en el, y muy agradecido además.
Dicho esto trataré de explicar los principales motivos por los cuales creí pertinente no detallar el conflicto entre los dos protagonistas de la historia:
Cuando escribí el relato quise solo retratar un escenario entre tantos otros de un concurrido café en un día lunes. No tuve la intención que el lector se identifique con uno de los personajes y me demande un background meticuloso acerca de él para poder entenderlo con mayor proximidad. Elegí unos pocos rasgos de ambos y empecé a narrar una historia de reencuentro. Aún no parezca el verdadero protagonista de este desarrollo no es Mario ni Camila: es la situación misma.
En ese sentido especificar el problema sería ya darle una carga moralista al tema. ¿Es tan grave lo que hizo? ¿Yo hubiera reaccionado igual que ella? ¿merece su perdón? Aportaría muy poco al verdadero punto y se extendería demasiado un tema que debía empezar y terminar en la cafetería ese inicio de semana. Claro, no está en mis manos darle limites al lector y decirle “hasta aquí va la historia”. Al igual que Charolina me atraen mucho los finales abiertos en donde la imaginación del lector pueda completar la historia de acuerdo a sus rangos, estándares y lectura del texto mismo. Evidentemente no es cuestión de poner dos palabras y esperar que el receptor complete un ensayo épico; creo que si le das al texto una base y te cierras en sus límites, el final abierto permitirá pulirlo de acuerdo a cada una de sus lecturas ( que siempre tiene, indefectiblemente del interés del autor). Pensemos en aquella escena memorable de Pulp Fiction ( por cierto perplejo no todas las películas de Hollywood son malas, hay un buen cine norteamericano también) en donde Vincent abre un cofre brillante antes de ejercer la justicia de Marcele Wallace. ¿Importaba lo que era? ¿cambiaba la historia ese detalle?. No intento comparar mi trabajo con esa fantástica película pero si partimos del punto que si creo necesario ese detalle en la historia mi respuesta es no. No obstante, respeto mucho el comentario de Perplejo en el sentido que implica que el texto no termina de cerrar ( y menos mi concepto) y respeto mucho también la intervención de Charolina puesto que en muchos pasajes de sus argumentos me sentí verdaderamente identificado . Y ya no como escritor de este relato, lo digo como lector en general. Mi intención no fue priorizar el final abierto, aún el desenlace es básicamente eso. Como dijo Charolina llegó un momento en el que las opiniones empezaban a escapar del contenido de mi relato y si hubiera estado al lado suyo hubiese dicho ¡espera! ¡está argumentando bien , vamos a continuar! Puesto que sus aportes resultaban valiosos para este servidor.
Espero haberme podido explicar, aún el tema de un relato no es justificarse sino narrar. Al final los intereses de un escrito pueden contraponerse con la subjetividad del lector. Eso es lo que hace emocionante un texto. Recuerdo haber leído en alguna parte que un par de seguidores del trabajo literario de Vargas Llosa discutían libro en mano acerca de quién había matado finalmente a un personaje. No terminaban de ponerse de acuerdo de ello y citaban partes del libro fundamentando su respuesta. Lo anecdótico es que tenían al lado del escritor y nunca le preguntaron acerca del asesino. No importaba su opinión si es que no citaba partes del libro. Su trabajo en ese momento no le pertenecía a él sino a su contenido. Fascinante.
Muchos saludos.
Un saludo. Hasta pronto.
Jesús, yo tampoco termino de ver claro el por qué de tanta rabia.
No incido en nada más, los compañeros te han hecho acertadas críticas de las que todos aprendemos y además disfrutamos.