Déjenme, déjenme. Que con los ojos moribundos contemplaré a Dios
Sí, señor. Que no fui el siervo más ejemplar de tus huestes
He aquí a mis carnes esperando el sacrificio, dicta el castigo
El pecho marfilinio busca tomar colores carmesí, moriré arrodillado
Ante la revelación que causó tu ira ¡Y no canten u entreguen ofrendas!
¡Que acallar a los infiernos es trabajo difícil para un hereje!
El único consuelo es sentir las costillas siendo perforadas
Diciendo así últimas palabras, me enviarás a las llamas de inclemencia
Y mi tumba no será visitada en aniversarios por un espectro
Moriré joven y antes de ello quemaré las tierras ¡Para que no las habiten!
Solo dejaré tras de todo esto una iracunda reacción ¡La de borrar los vestigios del alma!
Nadará el cadáver hinchado sobre las corrientes del estigio, así por los fines del tiempo
Impertinentes fueron mis actos y de ellos recibiré el justa sentencia
¡Envía a las aves a que devoren mis entrañas y con regocijo las recibiré!
Érebo haz justicia, el vespertino sentimiento de felicidad debe sosegarse en lo profundo