Bébelo, bebe tu néctar del olvido,
triste poeta solitario,
afronta pues el puñal agrio
de aquel a quien llamaste amigo.
Mas no permitas que caigan en hastío
sombríos versos añorados
que nunca podrán ser borrados
por tus idólatras caídos.
Y es ahora cuando estás arrepentido.
Locura del diablo alado
arranca el alma al condenado
cuando el error fue cometido.
¡Laméntate, Poe, odia o maldice lo inaudito!
Dará igual, ya todo es pasado.
Da tu sueño por terminado,
y limpia de tu rostro el brillo.
Grande la pena, enorme desperdicio
verte, humilde genio, acabado
por el hombre desgraciado
en que te has convertido.