¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Margaritas

annasofiaannasofia Garcilaso de la Vega XVI
editado octubre 2012 en Narrativa
Margaritas
Adoraba las flores tanto como respirar. Esa mañana se levanto, miro su jardín por la ventana, las margaritas asomaban orgullosas contrastando su color con el amarillo de las lantanas y el violeta de las lavandas. Se dirigió al baño se lavo la cara se miro al espejo y quedo largo rato observando su retrato. Era hermosa, en sus ojos la transparencia del agua marina brindaba bondad.
Ya algunas marcas pequeñas de la vida asomaban en su rostro. Según le habían contado alguna vez o lo había leído por ahí las arrugas son marcas de cosas que le han sucedido a las personas, ella las adoraba pero en su rostro apenas asomaban las de los gestos como la risa o el llanto. También le gustaban las canas pero aún no querían asomar en su cabello rubio y sedoso.
Una llamada al teléfono la trajo nuevamente a la realidad, lo imprevisto, o tal vez esperado había sucedido.
Corrió rápido, tomo la primera prenda que se le cruzo en el ropero se vistió tomo las llaves del coche y se dirigió al nosocomio de su ciudad. La noticia no fue buena, pero algo en ella le decía que de esta saldría otra vez.
Fueron cinco días duros esperando el minuto a minuto, cables oxigeno, antibióticos luces que prendían y apagaban a cualquier hora.
Miraba por la ventana de la habitación el hermoso parque de árboles imaginando la libertad de la naturaleza que contrastaba tanto con la libertad de las personas aferradas a máquinas o medicamentos.
No estaba sola pero solo su alma sabía lo que sentía.
Lazos de sangre, pensaba, que fuertes que son. La ley de la vida, pensaba, pero a edades esperadas, no cuando se trata de personas jóvenes aunque hoy no hay edad para que algo suceda.
Los días marcaron su cuerpo, pensaba, y ahora la observaba en una silla de ruedas porque no le daban las fuerzas.
Como todas las tardes ella llega de “visita” a la casa que la vio nacer con un ramo de margaritas para la mesita de luz y otra para el florero del mueble de roble.
Poco a poco la silla se va haciendo menos importante, da pasos con más fuerza.
Las risas de niños jugando se escuchan en el jardín, corriendo al perrito de la casa.
Adentro los adultos hablan y se ríen de otras épocas pasadas y programan cosas de la vida de gente común.
Cuando vuelve a su casa las margaritas del jardín la reciben erguidas, esperando al día siguiente cuál será la escogida para el florero de la mesita de luz y el mueble de roble.

Annasofia

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2012
    Bonita historia, como son de lindas las margaritas y alegres:)
  • annasofiaannasofia Garcilaso de la Vega XVI
    editado octubre 2012
    Gracias Amparo, son bonitas o será que me encantan las flores cualquiera sea...;)
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com