14. Hay varios venenos que intoxican la pluma. La prisa, el deseo de reconocimiento, la prisa, los motivos económicos, la prisa, la falta de seguridad en uno mismo que deriva de caminar en dirección contraria, la prisa… Cuando pienso una obra (porque el problema y a la vez lo único posible es pensarla en su conjunto, verla ya de principio a fin) me gustaría tenerla ya encuadernada y a ser posible olvidada. Si fuese juicioso y quisiese reconocer que esa obra que se ha aparecido ante mí como un fantasma, completa y finalizada, tardará tres o cinco meses o tres o cinco años en estar aquí, junto a papá, nunca escribiría nada.
15. No pierda tiempo en abstracciones. Se lee y se escribe. Se escribe y se tacha y se vuelve a escribir. En ocasiones, también se pueden tomar notas o elaborar un plan formal, o restringir el material, o lo que le apetezca… Pero en resumidas cuentas; se lee y se escribe. Y lo normal es leer, no escribir.
16. Por valioso que sea el boceto, nunca vale como obra. Sería igual que hacer un regalo envuelto en un papel roto y mugriento, o como cortarle una pierna a un hijo para que nos recuerde en su cojera durante el resto de su vida, o como escupir en el rostro de la persona amada, o como dejar por hacer la cama de la suite nupcial.
17. Aprenda de los grandes. Ni que decir tiene que usted no irá a ningún lado si se deja embaucar por patrañas como ésta. Pero disfrutará más leyendo a los mejores.
18. El escritor no decide serlo, porque nunca es uno el que habla por su propia voz. El que narra no es uno, sino que es lo narrado lo que ha buscado un medio para llegar a serlo.
19. Existen dos posibilidades: Que a usted se le haya metido entre ceja y ceja ser escritor cuando en realidad no lo es, con lo que délo por seguro, no conseguirá nada insistiendo; o que usted sea escritor, y por más que insista, no se podrá despegar de ello como quien se quita unos zapatos. Le aconsejo que lo asuma y se resigne. El único antídoto es obrar en consecuencia. En realidad, ninguna de las dos posibilidades supone problema alguno, ya que quien no lo es y pretende serlo pronto desistirá por mero aburrimiento, y quien lo es claudicará por lo mismo, por el hastío de verse no siéndolo.
20. Respecto a lo anterior, el camino es idéntico para cualquier posibilidad (véase punto 19), así que no hay margen de error. El camino es el estudio, el estudio entendido desde un punto de vista monástico, sin que por ello nos obligue a la reclusión (no del todo). El camino es la sumisión a la obra (y por Dios no me confundan con un jesuita), el amor, la admiración y la duda ante todo lo que se hace. Estudio y crítica. Estudio y trabajo. Estudio y vida. Vías únicas para llegar a escribir grandes obras o cartas aceptables a los amigos (dependiendo del artista). Pero en todo caso, es lo único que proporciona placer durante el viaje. Un camino que no se disfruta, tanto en sus regalos como en sus sinsabores, no conduce a lugar alguno. Hay dos maneras de llegar; no comenzar a caminar o no parar de hacerlo. No olviden que mientras ustedes leen esto, yo lo escribo, y es esto lo único que en realidad me importa.
21. Disculpen mi sinceridad, pero no se puede ser escritor sin ser sincero; incluso cuando se miente.
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