Más leve que una pluma
y más veloz que el céfiro ligero
recorre un lóbrego y glacial sendero
un tiznado corcel que misterio rezuma.
Cortan sus fuertes cascos la urdimbre de la bruma
como la seda mórbida el acero,
y hierve igual que un piélago altanero
de sus crines la espuma.
En tanto, su mirada centellea
y una lumbre espectral en la noche derrama
que de terror inunda a quien la vea,
no habiendo oculto aje ni encubierta dolama
que refrenen su garra gigantea
y de su corazón enflaquezcan la llama.
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