Rampantes, bravos, recios y azulinos leones
cuya honda mirada impone al mismo miedo,
que habéis arremetido con pasión y denuedo
y allende soportado las más duras presiones:
ya rinde a vuestros pies Europa sus pendones
y en todos sus confines se entona vuestro credo,
ya distingue y señala de los dioses el dedo
el blasón que refiere vuestras magnas acciones.
Vibra de orgullo al veros la imperial Inglaterra
y vierte el Mar del Norte un colosal rugido
en pos del que desata vuestra alma inquebrantable:
saben que ni en el agua ni en la desnuda tierra
hay quien haga ciar a vuestro torso ardido
y niegue vuestro nombre alto e interminable.