Ya acariciaba el celestial cabello
para caer por la serena frente,
por sendos labios de un color ardiente
y por el límpido y airoso cuello;
ya me cegaba el sideral destello
de la pupila de pasión sediente,
mientras el pecho femenil y oliente
era el porqué de mi vivaz resuello;
ya navegaba con asaz locura,
siendo mis yemas atrevidas naves,
de las caderas la gentil blancura,
cuando las luces de la aurora graves
me despojaron de la gran ventura
de estar envuelto en fantasías suaves.
Comentarios
Tal vez veas en ella (la foto) la modernidad en contraste con el lenguaje del pasado que te gusta utilizar.Pero, francamente, no me imagino recitándole este poema a una chica así.
Saludos.