Nadie recordará que nos amamos
una vez la invencible y cruda muerte
haga de nuestras almas sendos tamos
y sean humo y polvo nuestra suerte.
Nadie sabrá de aquellos lindos ramos
que, tembloroso, te entregaba al verte,
ni cuántas tarantelas y candamos
nos vio bailar el viento bravo y fuerte.
Mas no por ello sufras, bella mía,
ni tu gasa translúcida y vistosa
trueques por un crespón obscuro y flébil:
que estas líneas de clara poesía
guardarán nuestra historia melodiosa
más allá de la vida tenue y débil.
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Un afectuoso saludo.