Cuando se sienta el maestro
ante el papel impoluto
y se despoja su estro
de la tristeza, del luto
y de un amargor siniestro,
cual vivísima corriente
fluyen verbos y oraciones,
suenan delicadamente
las más hermosas canciones
y colma un fuego el ambiente.
La olvidada fantasía
y la celeste belleza
ven en su pluma la vía
por que salir con presteza
a la luz del joven día.
Encuéntranse en sus escritos
princesas y caballeros,
océanos infinitos,
arrojados marineros
y horizontes exquisitos.
No hay gesta o logro en el mundo
que su ingenio no describa,
ni algún manantial fecundo
del que su alma sensitiva
no beba pronto y abundo.
Al fin, adorna su trama
de fantásticos ensueños,
y poco a poco derrama
cuantos líquidos sedeños
su lírica esencia ama.
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