Doy por finada sin tu amor la vida,
sintiendo cómo a causa de tu ausencia
yace bajo la bruma la conciencia
y el alma entre venenos mil anida.
De mi pecho a la piel humil y herida
no hay secreto elixir ni maga esencia
que la liberen de su atroz dolencia
y restituyan la salud perdida.
Caiga, pues, sobre el muelle solitario
en que tiempo ha mi boca te besase
la más exuberante de las rosas:
aquella que, trocada en relicario,
conserve cuantos versos me inspirase
cada cual de tus niñas especiosas.