Diario de una mujer cansada (capítulo 3º)
Eugenia Carrión
p { margin-bottom: 0.21cm; } Puertollano, viernes 8 de abril de 2011
Hoy al subir al tren, vi a Julio observándome desde su asiento y me temblaron las piernas. Levanté la mano para saludarle decidida a seguir adelante por el pasillo y como una fuerza me detuvo. No sé qué me pasó, pero mis pies se quedaron bloqueados impidiéndome avanzar. Él me miró con una sonrisa picarona y me comentó: “Corte de pelo y tinte, te sienta muy bien”. “Desde luego eres muy observador”, le dije y como hipnotizada me senté a su lado. Tengo que reconocer que su voz es como una caricia para los oídos. Suele hablar en voz baja, como susurrando, y aunque a veces le sale un ceceo, escucharle resulta muy agradable. Lo que me conquistó de Nacho también fue su voz, sobre todo por teléfono, aunque hablaba poco. Julio, en cambio, no para de hablar. Me contó que su amigo, el de la cámara, se divertía mucho escribiéndole cartas de amor a las novias de los amigos. “¿Nunca te han escrito una carta de amor?”, me preguntó. Le contesté que Nacho me escribió una en papel higiénico cuando aún vivía en Madrid. Añadió: “¿Y no te dijo que te quería?” Le expliqué que en la posdata escribió: “Y que te quiero mucho, coño”.
Esa carta llegué a aprendérmela de memoria, comenzaba diciendo: “Perdona que te escriba en este papel, pero es que no tenía otro a mano, así puedes comprobar la calidad del que usamos en casa. Aún conservo la trenza de tu pelo que me diste en verano...”
La primera vez que fui a Madrid, a casa de Nacho, su hermana Almudena me enseñó una pequeña caja y sacó mi trencita con el lazo rojo que le puse en un extremo. “Si Nacho llegara a saber que te la he enseñado me mata”, me dijo ella. Le comenté que no se preocupase que él ya me lo había contado en una carta. “¿En qué carta, en la de papel higiénico? No la escribió él. Un amigo suyo me pagó para que te la enviase”, me aseguró. No la creí entonces, aunque ahora que lo recuerdo, me extraña que Nacho con lo tímido que era me escribiese aquellas cosas en un trozo de papel higiénico.
El próximo viernes me sentaré bien lejos de Julio. Aunque tampoco creo que peligre mi matrimonio por hablar con él un rato a la semana...
Málaga, lunes 11 de abril de 2011
Le he preguntado a Nacho qué fue de la trenza que le regalé cuando empezamos a salir y me ha respondido que no se acuerda. “Pues no hace años ya de eso. Igual se perdió en la mudanza cuando me vine a vivir a Málaga. ¿A qué viene eso ahora?”
Esta tarde una familia nos visitó para ver la casa, parece que les ha gustado. Dice Nacho que si la vendemos no vuelvo a la residencia. Pero no creo que se venda, ni yo voy a dejar de ir a Puertollano.
Puertollano, viernes 15 de abril de 2011
Aunque hoy sea viernes de Dolores, para mí ha sido como un Viernes de Gloria. Nadie me declaró nunca su amor, al menos alguien que me interesase, ni siquiera Nacho. Cuando subí al tren, Julio me saludó desde lejos y fui a sentarme a su lado. Abrió el libro “Diario de Noah” y me preguntó que si lo había leído. Después me mosqueé porque iba tan absorto en la lectura que creí que al bajarme en Puertollano ni se daría cuenta. Pero poco antes de llegar a la estación, cerró el libro de golpe y me dijo: “Te va a gustar, trata de un amor eterno”. Buscó una de las páginas del final y con una voz cálida me leyó el párrafo que dice: “Noah, siempre te he amado”. Me miró fijo a los ojos y tendiéndome el libro añadió: “Léelo, te lo regalo”. Me estremecí. Una sensación de alegría y de amargura me invadió. Y ahora no sé qué podría hacer para no perder nunca su amistad. Él esperará que tarde o temprano me lance a sus brazos, pero no puedo hacerle eso a mi hija ni a su padre, tendría que romper la familia y destruir su hogar. Aunque por otro lado, Julio sea todo lo que siempre busqué en un hombre.
A veces, los sueños llegan demasiado tarde.