¿A qué sabe el miedo? Realmente lo conocía muy bien. Lo que nuca me esperaba era encontrarme con él en aquel sitio. Cada ves que deseaba no verle, acababa encontrándomelo. Ese hombre no era normal, no era humano. No sabía como lo hacía, pero siempre estaba en el mismo sitio que yo. ¿Por qué? ¿Qué quería de mi?
A luz del sol del mediodía estaba oculta tras un denso nubarrón, nubarró que apareía siempe con él. Nunca me pude explicar como lo hacía, pero así era.
Me irritaba verle, le temía cuando me lo encontraba.
Sus ojos rojos iluminaban el fondo de aquella callejuela. Nunca lo vi en persona y eso me fastidiaba. Lo que sabía de él era por los libros de mi difunta abuela. Su nombre era Tempestas, espíritu de la tormenta, o eso decían los libros. Su pelo azul como el agua clara y su tez pálida, pero en todas partes lo describían como un ser deforme que mataba a quien lo miraba en persona. Por eso lo temía más que nada en el mundo. Temía mirarlo y morir.
Me di la vuelta y salí corriendo. Un escalofrío recorrió mi espalda y noté su horrible sonrisa clavarse en mi.
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-Bistara, ¿me estas esuchando?... ¡Bistara!- me llamó el maestro
-Lo siento, profe, estaba despistada
Siguió explicando y yo continué mirando a la nada. El tiempo pasaba lentamente y hacía la lección más aburrida. Mis párpados pesaban y los ojos se me cerraban. Lo próximo que vi eran unos ojos carmesí que me miraban desde lejos.
-¡Bistara, castigada después de clase!- la voz del profesor me sacó de mi trance.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!
-Porque en mi clase se viene a atender, no a mirar para las musarañas y a dormir.
Cumplí y me quedé al castigo sin rechistar más. El profesor que queda de guardia siempre en la sala de castigados es amigo mio y me lleva todos los dias a casa.
Durante el camino de regreso a casa comenzó a llover más fuerte y el coche resbalaba en las curvas.
-¡Miguel, conduce con cuidado!- le grité
-Venga, Bistara, si es divertido
Miguel es el profesor más joven de mi colegio. Un chico de veintisiete años, pelo rubio, ojos negros y la piel morena. A parte de mi profesor de educación física es también mi vecino.
Nos quedaban unos cinco minutos de camino cuando dio un volantazo y quedamos en medio de la carretera. Un fuerte estruendo hizo retumbar el coche y las gotas caían más fuerte.
El profesor se apartó el flequillo del medio de los ojos.
-Lo siento, me cegó un relámpago. ¿Estás bien?
-S-si...- respondí algo alterada
Mis manos estaban aferradas al salpicadero. las solté lentamente. Miré a los lados, todo estaba completamente nublado.
-Miguel, no veo nada, ¿por donde hay que ir?
Mi compañero no me respondió. Giré a verlo y lo encontré inconsciente sobre el volante.
El coche seguía en marcha y la lluvia se hacía más intensa. Alcé los ojos y los volví a ver, aquellos ojos rojos como la sangre se iban acercando a nosotros lentamente.
-¡Miguel, despierta! ¡Reacciona!- le grité zarandeandolo.
Todo lo que hice por tratar de despertarlo era inútil. La persona cuyos ojos eran completamente rojos se dejó ver, aunque solo su silueta, y se acercaba cada vez más hasta pararse justo delante del coche. Los faros estaban apagados y no se veía absolutamente nada. Los encendí rápidamente, alumbrando aquel fantasmagórico ser.
Esto es el primer capítulo, un poco corto... Espero os guste
— Tú, no te quedaste inconsciente como tu amigo— dijo con voz ronca— ¿Quién eres?
Un fuerte ruido sonó detrás del vehículo. Parecía el sonido del mar. Me pareció muy extraño porque el océano quedaba a quilómetros de distancia. Una ola arrasó a aquel hombre y lo envió varios metros por el aire.
— ¡Maldita!— exclamó antes de desvanecerse.
Otra ola cubrió el coche y una muchacha de cabello azul oscuro se posó sobre el turismo.
— Siento los problemas que te haya cansado— su voz era dulce y tierna, tanto que inspiraba gran confianza.— Por favor, olvida este incidente y sigue con tu vida diaria
— ¡Espera!— dije saliendo del automóvil— ¿Quiénes sois vosotros? ¿Por qué mi amigo está inconsciente?
— El hombre que te atacó es Tempestas, espíritu de la tormenta. Es uno de los tres espíritus corrompidos. Es muy agresivo con la gente.
La tormenta amainó rápidamente poco después de que aquel ser se fuera.
— Yo soy Thalassa, espíritu del mar y guardián de los hermanos. Mi cometido es detener a Tempestas. Si tú sigues despierta aún después de lo que pasó significa que te encontrarás con otros como nosotros y deberás ayudarles en lo que necesiten.
Sus palabras eran extrañas y algo difícil de entender y de creer. Aún así tomé el valor necesario para enfrentarme a ella.
— ¿Por qué yo? ¿Qué tengo de especial que no tengan los demás?
— Eso tienes que descubrirlo tú. Cuando te necesite te buscaré y si no apareceré donde vaya Tempestas.
La chica desapareció en otra ola. Volví al coche e intenté nuevamente despertar a Miguel. Fue abriendo los ojos poco a poco. Se llevó la mano a la cabeza y me miró.
— Bistara, ¿qué pasó?— me preguntó
— Te desmayaste poco después del frenazo, creo que te dio un bajón de tensión o algo así
Me volvió a mirar sorprendido y arrancó nuevamente el motor.
— Será mejor que te lleve a casa cuanto antes o tu madre se preocupará
— Está bien.
Llegamos al edificio donde vivíamos. Miguel y yo vivimos en el mismo piso y puerta con puerta. Subíamos tranquilos en el ascensor.
-Estás muy callada, Bis. ¿Qué te pasa?- rompió el silencio
-No es nada, solo... que no me encuentro muy bien. Igual mañana no iré a clase
-No es normal en ti. Si necesitas algo avísame.
-Tú solo di en el instituto que no me encuentro bien y listo
-Que dura eres conmigo
El ascensor se paró y salimos de él. Cogí mis llaves y abrí la puerta de casa. Miguel se fue a su apartamento.
-¡Ya llegué!
No obtuve respuesta ninguna.
-¿Mamá? ¿Papá?
Caminé lentamente hasta la cocina. No había nadie en casa pero si una nota en la nevera. Mis padres se habían ido un mes y me dejaban sola.
-¿Qué clase de padres tengo que dejan a su hija de dieciséis años sola durante un mes?- Pensé
Cogí la nota y volví a salir de la casa. Peté a la puerta de en frente. El profesor abrió. Estaba sin la camiseta como es costumbre en él. Es el típico machito musculoso que vuelve locas a todas las tías.
-¿Sabías algo de esto?- dije tendiéndole el papel
La leyó tranquilamente y luego se rió
-Ah, si, se me olvidó decírtelo. Me llamaron tus padres para contármelo y pedirme que te echara un ojo de vez en cuando.
-¡Tenías que habérmelo dicho antes!
-En serio, Bis- me dijó en tono tierno- ¿Qué te pasa? Estás muy rara
-Es solo que... Estoy un poco asustada...
Me invitó a pasar a su casa y me trajo un refresco. Me miraba seguido con su sonrisita de "cuéntame que te pasa, que estoy aquí para lo que quieras". La odio. Cada vez que hace eso me dan ganas de partirle la cara porque me pone de los nervios.
-Miguel, alguien... algo... va detrás mía y no se por qué
-¿Algo?
-Cuando te quedaste inconsciente había alguien acercándose. Tengo miedo de que vuelva.
-Pero ahora ya se fue, ¿no?
-Si, porque una chica vino a salvarme. Me dijo que era un espíritu
-Realmente te tienes que encontrar mal. Vete a casa, come algo y descansa ya verás como mañana te encuentras mejor
-¿Tu crees?
-Por supuesto. Todo fue cosa de tu imaginación, tranquila
Hice lo que me dijo y me fui a acostar después de comer. Durante el poco tiempo que dormí, cerca de media hora, volvía a ver esos terribles ojos del color de la sangre, pero oía la voz de Thalassa que me decía que no tuviera miedo. Me levanté con el terror en el cuerpo y fui al cuarto de mis padres. El viejo baúl que perteneció a mi abuela estaba allí. Buscando en su interior encontré un libro cuyo título llamó mi atención "Los tres hermanos malvados y los guardianes". Me puse a hojearlo. Contaba la historia de los tres espíritus corrompidos y los espíritus que los vigilaban. El nombre de Tempestas y el de Thalassa estaban allí. Al final del tomo había una página escrita a mano la cual pude reconocer la letra de mi abuela. "Nuestra familia sirvió durante siglos a los tres hermanos hasta que estos fueron corrompidos. Las próximas generaciones deberán encontrar la forma de que los espíritus vuelvan a unirse en paz y armonía por el bien de la humanidad. Lo básico está en este libro, pero no lo suficiente. Para unirlos de vuelta solo hace falta una serie de conocimientos que no se aprenden excepto estando con ellos. Thalassa y Tempestas estaban enamorados hace mucho tiempo." Era lo único que decía.
Busqué en el libro rápidamente las páginas que hablaban de Thalassa y Tempestas. No tardé mucho en encontrarlas. Los primeros párrafos contaban una bonita historia de amor.
"Años antes de que los espíritus fueran tales nació una hermosa historia de amor entre los futuros entes de la tormenta y del mar. Aquellos jóvenes enamorados se miraban a escondidas en cuanto tenían ocasión y se dejaban llevar por la pasión de sus corazones.
Aún a los inconvenientes que se les ponían delante, Thalassa y Tempestas jamás renunciaron a su amor incluso después de morir.
Los espíritus hacían todo lo posible por estar juntos y no permitían que nada ni nadie los separara. Llegó el trágico día en que los tres hermanos se volvieron malvados. La tormenta abandonó al mar sin miramientos ni pesar, o eso se creía.
Tras dejar a Thalassa, Tempestas sufría un tremendo dolor en su corazón que lo hacía desear desaparecer de la faz de la tierra para siempre.
Pocos conocimos sus sentimientos, únicamente los que aún quedábamos en el castillo sirviéndole. El espíritu desea con gran pasión regresar a su amado mar para volver a ser feliz"
El resto del capítulo hablaba de las habilidades individuales de ambos y el poder que poseían.
Cuando terminé de leer había caído la noche. Solo se me ocurrió hacer la mayor tontería de mi vida: buscar en la noche al malvado.
Cuando salí de la casa me encontré de frente con los hermosos ojos negros de mi vecino.
-¿A donde vas? Ya es de noche- me dijo con una sonrisa
-Solo quería ir a que me diera un poco el aire
-Va a llover. Mejor que no salgas o acabarás empapada
-¿Lloverá?
-Si, y parece una buena tormenta. Quédate en casa, anda
-De acuerdo
Volví a entrar en el apartamento, pero tenía claro que saldría más tarde. Esperé a no oír movimiento en la casa de Miguel y salí a toda prisa. Fuera el cielo estaba completamente oscuro y los truenos empezaban a escucharse de fondo. Se acercaba como si supiera que lo buscaba.
-¡Tempestas!- se me ocurrió gritar
Un rayo cayó a pocos metros de mi y allí estaba él. con sus odiosos ojos rojos y esa sonrisa diabólica.
-¿No te llegó todo el miedo que pasaste hace unas horas?- preguntó- Realmente... fue excitante y sabroso ver ese rostro de terror que pusiste
No le veía bien la cara, pero pude distinguir como se lamía los labios.
-Supongo que vienes para que te devore
Me quedé paralizada del miedo. El tiempo parecía no transcurrir y pronto empezó a llover. Tempestas miró al cielo y luego de vuelta a mi.
-Agua... Pronto llegará esa espíritu entrometida
-Esa... Thalassa...
De pronto sus ojos carmesí desprendían ira
-¡No pronuncies su nombre! Una... vulgar humana... ¡No puede pronunciar ese bello nombre!
Entonces entendí. Todavía la amaba aunque la llamara entrometida o no le gustara verla.
-Thalassa fue alguien muy importante para ti...- me aventuré a decir
-¿Quien eres tú, mocosa, como para saber eso?
-M-mi nombre es Bistara Halaka- dije con la voz entrecortada por el terror que sentí en esos momentos al ver la expresión de ira del espíritu solo reflejada en sus ojos y su boca
Hasta aquí el cap 4