Frases cortas,
entrelazadas por puntos,
que son silencios;
tan expresivos son
que compiten con los verbos.
De fondo siempre el teclado
tocando solo,
algunas veces borracho,
otras, las que menos, sereno,
el piano de mi amigo,
que siempre suena en silencio.
Y, tendido entre sus patas,
ojos cerrados y quieto,
siempre su amigo, perro;
nunca supe si estaba
oyendo el piano o durmiendo.
Y, sobre la mesa llena
de vasos vacíos y viejos,
papeles sin orden alguno,
siempre en blanco sobre negro,
un cenicero lleno
de ceniza y de recuerdos.
Y, en el suelo,
¡Tantos puntos de escritos que nunca fueron,
que forman la alfombra que pisan
sus pies cansados y lentos.
Luz mortecina ilumina
este cuadro que me he hecho
de la habitación de un amigo
que se fue y ya no ha vuelto.
Lo busqué entre las farolas,
en el bar y, hasta en el puerto,
pero él ya no está aquí,
se fue como solía escribir,
sencillamente, en silencio.
He perdido un gran amigo,
¡Le echo tanto de menos!.
Comentarios
Sin duda has leido a los clásivos, tus versos me recuerdan construcciones soberbias de Béquer, Espronceda, Quevedo...,
Te has sumergido en una profunda melancolía para escribirlo, espero que después del café te repongas, por lo menos a mí me dejan hecho polvo un buen rato.
un abrazo.
Todo lo que mi razón razona, se convierte en incongruencia al ser escrito
pero, la verdad es que has creado un clima tan real, que me he encontrado dentro de esa habitación, siento haber pisado esos escritos al pasar, sin querer también he pisado al perro.
Es genial como has descrito la atmósfera que envolvía la vida de tu amigo, que sin conocerle yo también echo de menos.
Quizás me he resbalado en alguna estrofa, al hablar de tu amigo y de su perro, su amigo. Tampoco me hacía falta leer los dos últimos versos para entender el sufrimiento por la pérdida.
Un abrazo,