¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

El Maestro

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado diciembre 2011 en Fantástica
[FONT=Arial, sans-serif]Me agarro al pomo de la silla de montar manteniendome en equilibrio con dificultad. Nunca me había imaginado que fuera tan difícil montar en burro, pero es el único medio de transporte que puede llevarnos a mis compañeros de expedición y a mi hasta la cima de la montaña.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Observo a mis compañeros de viaje, son tres, sin contar el guía que nos conduce a nuestro destino.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Son dos hombres y una mujer. Un hombre de unos sesenta años vestido como Indiana Jones, un joven de unos veinte años con una larga melena rubia que mantiene apartada de su rostro con una cinta alrededor de la frente y vestido como uno de los hippies de la película “Hair” y una mujer que debe rondar el medio siglo vestida con un chándal de carrefour, va bien peinada pero no me cuesta nada imaginármela con la cabeza llena de rulos.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Me pregunto que les habrá traído hasta aquí y si les habrá costado tanto como ha mi ser aceptados para ver al maestro.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Porque a mi me ha costado horrores. Antes de formar parte de esta expedición, he tenido que buscar viejos pergaminos en antiguas bibliotecas, escalar montañas, explorar en una selva virgen en busca de una ciudad perdida y una vez en esa ciudad, adentrarme por estrechos pasadizos llenos de trampas ocultas e infestados de bichos en busca de la pista definitiva que me ha traído hasta aquí.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Muchos han sido los peligros, muchas veces he mirado a la muerte a la cara, pero hoy, por fin, podré ver al maestro. Hoy podré preguntarle que debo hacer para darle sentido a mi vida. [/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Cuando llegamos a la cima nos extasiamos con la contemplación del antiguo monasterio, pero nuestro guía no nos deja quedarnos parados mucho rato y nos empuja al interior. Cruzamos un largo pasillo y entramos en una sala de reducidas dimensiones vacía a excepción de un banco apoyado en una de las paredes. El guía, nos hace sentar en un orden determinado, que nada tiene que ver con nuestro orden de llegada, yo quedo el último en esa fila de espera.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]El guía abre una puerta en la pared opuesta de la que hemos entrado y la cruza, poco después aparece de nuevo y llama al viejo vestido de Indiana Jones, este se levanta y cruza la puerta junto al guía.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]La espera no es muy larga, apenas han pasado cinco minutos cuando el guía aparece de nuevo por la puerta y llama a la mujer.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]No hemos visto salir al viejo, por lo que deduzco que la siguiente sala tendrá otra salida. El joven hippie y yo nos miramos, pero no cruzamos palabra, tenemos prohibido hablar entre nosotros, esa es una de las condiciones para ver al maestro, guardar silencio absoluto en todo momento.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Esta vez la espera se alarga hasta casi dos horas, pero finalmente, el guía aparece de nuevo por la puerta y llama al hippie. Lo veo desaparecer tras la puerta y me pregunto cuanto tiempo se demorará el maestro con el.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Cambio de lugar en el banco y me siento lo más cerca posible de la puerta, debo hacer un titánico esfuerzo de voluntad para no morderme las uñas.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]El tiempo pasa lentamente. Una, dos...seis horas y ni rastro del guía ni del maestro ni de ninguno de los otros. ¿Se habrán olvidado de mi? Deshecho esa idea de inmediato. Simplemente, el joven hippie requiere más tiempo que la mujer o el viejo. ¿Cuanto tiempo necesitará el maestro conmigo?[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Han pasado casi ocho horas después de la desaparición del joven hippie salido de “Hair” cuando la puerta se abre y el guía requiere mi presencia.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Entro en una sala enorme, de techo tan alto que no se puede ver, ya que la luz de las velas que iluminan la estancia no llega a tanta altura y solo veo una mancha de oscuridad. [/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Entonces veo al maestro, esta sentado en el suelo, en el centro de la sala, en una extraña postura que, en mi ignorancia, asocio con el yoga. No puedo creer lo que veo. Hacía ya tiempo que había rechazado la imagen de un anciano vestido con una túnica de lama tibetano, así que no sabía que esperar, pero jamás se me hubiera ocurrido encontrarme con esa visión.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]El maestro es un niño. O por lo menos, tiene el aspecto de un niño, de unos ocho o diez años. Calza unas Nike blancas y viste unos vaqueros desgastados y una camiseta de Megadeth. [/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Me quedo mudo, no se que decir. Él me observa divertido y, finalmente nuestras miradas se encuentran. Veo en sus ojos una sabiduría infinita y en ese momento “se” que el “sabe”. No hacen falta palabras, se limita a mostrarme otra puerta al otro lado de la sala.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Me dirijo a esa puerta, apoyo la mano en la manija y me giro para mirar otra vez al maestro. El me sonríe y hace un gesto afirmativo. Abro la puerta y cruzo al otro lado.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Estoy en mi casa, mi mano está apoyada en la manija de la puerta abierta de mi dormitorio, miro atrás y veo el salón comedor. Pero entornando un poco los ojos, puedo ver la figura traslúcida del maestro que aún me sonríe. [/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]Y oigo su voz.[/FONT]


[FONT=Arial, sans-serif]-”Lo que da sentido a tu vida, no es la meta... es el viaje.”[/FONT]

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado diciembre 2011
    Que sabio, como siempre, me gustan tus cuentos;):p:D:)
  • Ariel GarcíaAriel García Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado diciembre 2011
    Finalizada la lectura del relato noté que su recuerdo persistía en mi memoria como un bloque, una aleación. Tratándose de una consecuencia poco común, favorable para la historia y su autor, me dispuse a analizar la armadura del cuento. Con el propósito de hallar la procedencia de mi percepción descubrí una estructura sintáctica donde persistía, algo diluida, una especie de anadiplosis o, mejor, una forma singular de la concatenación, expresando el término en el contexto de las figuras retóricas. Su presencia había provocado la sensación descrita. Cuando, unos renglones arriba, escribo "diluida" pretendo manifestar que puede asimilarse, hacer de la narración una cadena o una sucesión coherente que aferre al lector hasta el desenlace, persistiendo luego la idea de una exposición completa, sin fisuras, verosímil. Al menos es lo que me ha sucedido.

    Tomo fragmentos para construir sólo algunos ejemplos de lo expresado, resalto en negrita los enunciados de acuerdo van enlazándose o concatenándose:

    Jano escribió : »
    Me agarro al pomo de la silla de montar manteniendome en equilibrio con dificultad. Nunca me había imaginado que fuera tan difícil montar en burro, pero es el único medio de transporte que puede llevarnos a mis compañeros de expedición y a mi hasta la cima de la montaña.


    Observo a mis compañeros de viaje, son tres, sin contar el guía que nos conduce a nuestro destino.


    Son dos hombres y una mujer. Un hombre de unos sesenta años vestido como Indiana Jones, un joven de unos veinte años con una larga melena rubia que mantiene apartada de su rostro con una cinta alrededor de la frente y vestido como uno de los hippies de la película “Hair” y una mujer que debe rondar el medio siglo vestida con un chándal de carrefour, va bien peinada pero no me cuesta nada imaginármela con la cabeza llena de rulos.


    Me pregunto que les habrá traído hasta aquí y si les habrá costado tanto como ha mi ser aceptados para ver al maestro.


    Porque a mi me ha costado horrores.


    El guía, nos hace sentar en un orden determinado, que nada tiene que ver con nuestro orden de llegada, yo quedo el último en esa fila de espera.


    El guía abre una puerta en la pared opuesta de la que hemos entrado y la cruza, poco después aparece de nuevo y llama al viejo vestido de Indiana Jones, este se levanta y cruza la puerta junto al guía.


    La espera no es muy larga, apenas han pasado cinco minutos cuando el guía aparece de nuevo por la puerta y llama a la mujer.


    Esta vez la espera se alarga hasta casi dos horas, pero finalmente, el guía aparece de nuevo por la puerta y llama al hippie. Lo veo desaparecer tras la puerta y me pregunto cuanto tiempo se demorará el maestro con el.


    Entonces veo al maestro, esta sentado en el suelo, en el centro de la sala, en una extraña postura que, en mi ignorancia, asocio con el yoga. No puedo creer lo que veo.


    Veo en sus ojos una sabiduría infinita y en ese momento “se” que el “sabe”. No hacen falta palabras, se limita a mostrarme otra puerta al otro lado de la sala.


    Me dirijo a esa puerta, apoyo la mano en la manija y me giro para mirar otra vez al maestro. El me sonríe y hace un gesto afirmativo. Abro la puerta y cruzo al otro lado.


    Estoy en mi casa, mi mano está apoyada en la manija de la puerta abierta de mi dormitorio, miro atrás y veo el salón comedor. Pero entornando un poco los ojos, puedo ver la figura traslúcida del maestro que aún me sonríe.

    Es cierto que un análisis profundo de lo citado delataría la presencia de otros recursos literarios; por lo manifestado en los párrafos precedentes yo he querido resaltar la concatenación.

    Desconozco, Jano, si has aprovechado esta técnica de manera consciente o se trata del reflejo de un estilo. De cualquier modo me ha parecido una excelente manera de dar cohesión sintáctica.

    Gracias, compañero, por dejarnos ver lo que escribes. Me ha parecido un magnífico trabajo, dueño de un alto valor argumental.

    Saludos cordiales.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado diciembre 2011
    Bella historia. Me gusta la frase final que recuerdo haber leído en algún lado. El análisis de Ariel, enriquecedor. El todo acompañado por ese tiempo presente que engarza los acontecimientos y acrece nuestra expectación.
  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado diciembre 2011
    Gracias a todos por vuestros comentarios. Siempre es un placer ver que mis relatos son de vuestro agrado.

    Ariel, me ha sorprendido tu análisis de este cuento. Te diré que si que fué deliberada esa concatenación, aunqué hasta leer tu comentario no he sido consciente de haberlo llevado a ese extremo.

    Os sorprenderá saber que este pequeño relato iba a ser, en principio, una humorada. El Maestro iba a ser un mono con un organillo, pero fui incapaz de encontrar un final, de modo que acabé dándole un nuevo enfoque.

    Y esto es lo que salió.

    Reitero mi agradecimiento por vuestros comentarios.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com