Ningún hombre volverá a hacer el amor jamás. Yo acabo de ser el último en la historia. Y seguramente exagero de optimista al hablar de amor: como mucho la cosa se ha limitado a practicar sexo, incluso me atrevería a afirmar que simplemente me han ordeñado el semen con una vagina. En realidad, ni siquiera sé bien qué significa exactamente eso del amor: es una palabra arcaica que se sigue usando por inercia, ya que se refiere a unas remotas costumbres primitivas que nadie conoce ya por propia experiencia.
Según las leyendas de los antiguos libros de papel, el amor era una superstición frecuente en la Época Oscura, cuando se dudaba de la inteligencia femenina, los machos recluían a las hembras en el hogar, e incluso había que recurrir al coito igual que las bestias salvajes para engendrar nuevos cachorros humanos. Me cuesta imaginarme un pasado tan bárbaro.
Todo cambió tras la hecatombe causada por la Guerra del Nuevo Principio. Dado que se habían destruido o contaminado casi todos nuestros recursos naturales, resultaba perentorio un control férrero sobre la natalidad. Así pues, se estableció que los embarazos se realizarían exclusivamente por inseminación artificial y solo se permitiría la gestación de un embrión masculino por cada diez mil femeninos. A partir de entonces los varones nos limitaríamos a servir de sementales en las fábricas de esperma. En cuanto a los apareamientos tradicionales, se prohibieron bajo pena capital salvo en las ceremonias del solsticio de invierno.
Yo estoy orgulloso de haber pasado toda mi vida en una granja de machos. Sobre todo, he disfrutado plasmando las vicisitudes de mi comunidad en la crónica que estoy terminando en estos instantes. Mañana ya no habrá nada que contar, ni nadie para contarlo.
No obstante, antes de despedirme, debo reseñar lo acontecido en la jornada de hoy. Como estamos en la noche más larga del año, mi guardiana ha oficiado un ritual para el que, desde que la enviaron a vigilarnos, siempre me ha elegido a mí como pareja: me ha desvestido, se ha desnudado ella, nos hemos acariciado, luego ella ha introducido mi pene entre sus piernas y yo he movido las caderas hacia adelante y hacia atrás durante un rato hasta que he eyaculado, por último ella ha frotado sus labios con los míos y me ha tocado la lengua con la suya. Finalmente, me ha susurrado al oído: “Me duele mucho que se nos acaben estos momentos tan gustosos. Han inventado un método de fecundación en el que solo se necesitan dos óvulos, y me temo que eso a los varones os convierte en una carga. Esta tarde han sacrificado a todos los hombres menos a ti, que piensan mandarte esta madrugada a un laboratorio para diseccionarte.
Unos minutos después, mientras caminaba de regreso a mi dormitorio, he comprobado que el edificio estaba desierto por completo…”
- Para de escribir.
- A sus órdenes, guardiana.
- Silencio.
- ¿Me van a sacar ya de aquí?
- No, todavía no. Y baja la voz, corazón mío. He venido a tu habitación porque he cometido el crimen más grave para nuestra ley: enamorarme de un hombre, de ti.
- ¿Cómo? No te entiendo bien.
- Aunque te hayan enseñado lo contrario, el amor sí existe, no es un mito, es de verdad.
- ¿Te has vuelto loca?
- Por supuesto que estoy loca, loca por ti. Bésame. Vamos a fugarnos. Tardarán poco en encontrarnos y entonces nos matarán a los dos. Mientras tanto, ámame, quiéreme como yo te quiero. No me han dejado vivir mi amor por ti, pero soy feliz muriendo contigo de amor.
Comentarios
Muy chévere relato, me gustó:):D:p