A los quince años
amè la expresiòn
de tus labios encendidos,
de tus mejillas encarnadas
y de tu pelo recogido.
Entonces fuìmos a la iglesia
de rùstica fachada, de cùpulas
y de santos enmarcados.
Entonces yo te llevè en silencio
en mis manos de barro.
Ahora, niña de los milagros:
Eres la paz que necesito,
eres la fe de mis padres,
eres canciòn de mi infancia
y eres làgrima en mis ojos.
Tengo miedo de que la flor
hoy pierda su fragancia.../
Jorge Sifuentes
Fresco Otoño del 2011