Próxima Parada
Alois Boerges
Cuando recobré la conciencia me acordé que me desplazaba en el intermunicipal de las 4:30. Consulté mi reloj y supe que eran las 5:10. Casi siempre que viajo me quedo dormido, eso no es lo extraño, lo raro es despertarme antes de arribar a mi destino; por regla general me despabilo tan pronto siento que la máquina repara en la terminal del pueblo. Ahora viendo la barahunda que se ha formado con todos los pasajeros es que comprendo el motivo. Estamos siendo secuestrados.
Por doquier se escuchan los lamentos de los hombres, el llanto de algunos niños pequeños, los gritos de dos o tres viejas histéricas y el cacareo de unas gallinas; hay bultos, frutas y paquetes desperdigados por el suelo del corredor y vuelan plumas por encima mio. Trato de limpiar la atmósfera a mí alrededor manoteando al aire, para poder tener una mayor visual y así percatarme mejor de la situación. Son tres; dos tipos y una mujer vestidos de paisanos. Uno de los secuestradores se ha apoderado del volante y conduce como alma que lleva el Diablo por aquella carretera polvorienta, llena de curvas traicioneras y sembrada de minas en algunos puntos que sólo el chofer habitual se conoce de memoria; es ahí cuando me doy cuenta de que el conductor de siempre ha sido noqueado y lo tienen amordazado en uno de los puestos de adelante.
-¡Vean, si no se callan la jeta ya mismito los lleno de plomo!, amenazó el otro apuntándonos con una pistola.
-¡Vuéleles la molleja a esas pichurrias!, gritó la hembra, la cual llevaba puestos unos pantalones y unas botas pantaneras. -Pórtense bien y verán que nada les pasa.
-¿Pero qué es lo que quieren bustedes?, ¿es que no ven que nosotros todos somos pobres? Sólo somos labriegos. Esa era la voz de mi compadre Jacinto, que provenía de atrás.
-Ya se les dijo que nada malo les va a pasar, lo que necesitamos es que estén quietos y nos hagan harto caso. Habló por primera vez el que manejaba. –Nos tocó hacer esto para que no nos coja la tomba, cuando estemos seguros que no nos persiguen ya, los soltamos.
En esas fue que cuajé la idea de lo que estaba pasando, y es que unos maleantes se habían metido esa mismita noche a la casa grande, esa que es o era de los finados hermanos Manrique y que ahora está en proceso legal de extinción de dominio, porque disque los tales esos eran traquetos como dícen ahora. Lo que no me explico es para qué, a no ser… pues claro, já, pero quién no adivinaría, se fueron pu’allá para güaquiar los dólares que cuenta la gente que supuestamente tenían encaletados los narcos esos. Siendo así, ¿por qué los andará persiguiendo la Ley?, ni que se hubieran topado con algo. En eso alcancé a atisbar una caja de cartón que se posaba junto a los pies del chofer, y mi imaginación se desbocó en sospechas. En un abrir y cerrar de ojos agarré al tipo del arma y lo reduje, en tanto la fulana miraba incrédula. Le asesté un bofetón tan fuerte que quedó tendida en el asiento, luego me acerqué al último que faltaba, pero antes que yo pudiera decir algo me chilló que no le hiciera nada.
-¿Qué es lo que cargan en ese embalaje?, le indagué señalándole la urna de cartón.
-Muchos verdes. Contestó haciéndome un guiño, pues él era mi hermano y ambos eramos de apellido Manrique. "¿Cuál será nuestra próxima parada?", pensé. En ese momento se escuchó un click, seguido de una intensa bola de fuego.
Comentarios
Hola, Alois.
Hay una confusión en el texto: el primer párrafo no tiene nada que ver con el último. Vamos a ver: si el narrador dice "Estamos siendo secuestrados" no puede ser, al final, el hermano de uno de los secuestradores.
Lo que habría que hacer es cambiar ese principio por otro donde se insinúe algo sobre ese parentesco. Tampoco puede referirse a "los finados hermanos Manrique" siendo uno de ellos. Esto, lejos de ocultar, confunde al lector.
Entonces, el desenlace queda muy traído de los pelos. Es lo que se llama "Deus ex machina", una solución sacada de la manga.
Cuando leemos un cuento (y tu texto tiene bastante de ello) sabemos que el autor va a proponernos un engaño, y nos prestamos a ello. Pero debe tratarse de un engaño gozoso, que nos haga exclamar "Ahhh, pero qué bien".
Para arribar a este punto, el autor debe sembrar indicios, pequeños datos, un tanto ambiguos, que se acumularán en la cabeza del lector, y encajarán como piezas de puzzle en ese desenlace.
Vayamos por pasos, primero trata de darle otro aire a esa aparente sorpresa inicial del personaje (aparente, ya que es un cómplice del conductor). ¿Te animas?
Por favor, NO EDITES el original, pega el resultado a continuación.
Tampoco hace falta que trabajes todo el texto, sólo ese primer párrafo, a ver cómo queda.
Alois Boerges
Cuando recobré la conciencia me acordé que me desplazaba en el intermunicipal de las 4:30. Consulté mi reloj y supe que eran las 5:10. Casi siempre que viajo me quedo dormido, eso no es lo extraño, lo raro es despertarme antes de arribar a mi destino, pero sucede que esta vez mi sueño era inquieto; por regla general me despabilo tan pronto siento que la máquina repara en la terminal del pueblo. Sin embargo esta no es una situación rutinaria, pues viendo el alboroto que se ha formado con todos los pasajeros es que reconozco la estratagema: el autobús está siendo raptado.
Por doquier se escuchan los lamentos de los hombres, el llanto de algunos niños pequeños, los gritos de dos o tres viejas histéricas y el cacareo de unas gallinas; hay bultos, frutas y paquetes desperdigados por el suelo del corredor y vuelan plumas por encima mio. Trato de simular sorpresa, aun cuando nunca he sido bueno para fingir, me conduzco azorado y limpio la atmósfera a mí alrededor manoteando al aire, para poder tener una mayor visual y así percatarme mejor de la situación; son tres, dos tipos y una mujer vestidos de paisanos. Uno de los secuestradores se ha apoderado del volante y conduce como alma que lleva el Diablo por aquella carretera polvorienta, llena de curvas traicioneras y sembrada de minas en algunos puntos que sólo el chofer habitual se conoce de memoria; es ahí cuando me doy cuenta de que el conductor de siempre ha sido noqueado y lo tienen amordazado en uno de los puestos de adelante.
-¡Vean, si no se callan la jeta ya mismito los lleno de plomo!, amenazó el otro apuntándonos con una pistola.
-¡Vueleles la molleja a esas pichurrias!, gritó la hembra, la cual llevaba puestos unos pantalones y unas botas pantaneras. -Pórtense bien y verán que nada les pasa.
-¿Pero qué es lo que quieren bustedes?, ¿es que no ven que nosotros todos somos pobres? Sólo somos labriegos. Esa era la voz de mi compadre Jacinto, que provenía de atrás.
-Ya se les dijo que nada malo les va a pasar, lo que necesitamos es que estén quietos y nos hagan harto caso. Habló por primera vez el que manejaba. –Nos tocó hacer esto para que no nos coja la tomba, cuando estemos seguros que no nos persiguen ya, los soltamos.
Permítanme les aclaro un poco la situación, es que unos maleantes se metieron esa mismita noche a la casa grande, esa que es o era de los finados hermanos Manrique y que ahora está en proceso legal de extinción de dominio, porque disque los tales esos eran traquetos como dícen ahora. Eso podría explicar algunas cosas, no hace falta ser adivino, se fueron pu’allá para güaquiar los dólares que cuenta la gente que supuestamente tenían encaletados los narcos esos. Si lograron rescatar algo, entonces no sobran razones para que los ande persiguiendo la Ley. En eso alcancé a atisbar una caja de cartón que se posaba junto a los pies del chofer, y mi imaginación se desbocó en sospechas. En un abrir y cerrar de ojos agarré al tipo del arma y lo reduje, en tanto la fulana miraba incrédula. Le asesté un bofetón tan fuerte que quedó tendida en el asiento, luego me acerqué al último que faltaba, pero antes que yo pudiera decir algo me chilló que no le hiciera nada.
-¿Qué es lo que cargan en ese embalaje?, le indagué señalándole la urna de cartón.
-Muchos verdes. Contestó haciéndome un guiño, pues el era mi hermano y ambos eramos de apellido Manrique. ¿Cuál será nuestra próxima parada?, pensé. En ese momento se escuchó un click, seguido de una intensa bola de fuego.
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He aquí los cambios, Marcelo. Para mí no es inconveniente hacerlo una y otra vez con tal de aprender :rolleyes:. Voy a tratar de ponerme las pilas. Comentaré los demás textos
P. D.: Qué hay acerca de los abjetivos calificativos, cuántos se me fueron?
Sigo con este primer párrafo. Es fundamental. De él depende todo: la estructura, el desarrollo y el desenlace.
"Cuando recobré la conciencia (¿estaba desmayado?) me acordé de que me desplazaba en el intermunicipal de las 4:30. Consulté mi reloj y supe que eran las 5:10 (ojo con 4:30 y 5:10, confunden al lector. Una solución posible es reemplazar "4:30" por "el intermunicipal de la tarde"). Casi siempre que viajo me quedo dormido, eso no es lo extraño, lo raro es despertarme antes de arribar a mi destino, pero sucede que esta vez mi sueño era inquieto (¿Está participando de un secuestro y se duerme? Eso resta verosimilitud); por regla general me despabilo tan pronto siento que la máquina repara en la terminal del pueblo. Sin embargo esta no es una situación rutinaria, pues viendo el alboroto que se ha formado con todos los pasajeros es que reconozco la estratagema (ni calvo ni con dos pelucas. Si reconoce la estratagema ya delata la situación del personaje): el autobús está siendo raptado (¡Secuestrado! El rapto se refiere a personas. El secuestro es más amplio, abarca personas, pero también:"Tomar por las armas el mando de un vehículo, ya sea un avión, un barco, etc., reteniendo a la tripulación y pasaje, a fin de exigir como rescate una suma de dinero o la concesión de ciertas reivindicaciones.")
Trabajemos este comienzo antes de adentrarnos en el relato. No hace falta que pegues todo el texto, sólo este fragmento.
Viajaba entredormido cuando recordé que me desplazaba en el último bus intermunicipal. Consulté mi reloj y supe que eran las 5:10 de la tarde. Casi siempre que viajo me quedo profundo, eso no es lo extraño, lo raro es despertarme antes de arribar a mi destino, pero sucede que esta vez mi sueño era inquieto; por regla general me despabilo tan pronto siento que la máquina repara en la terminal del pueblo. Sin embargo esta no es una situación rutinaria, pues viendo el alboroto que se ha formado con todos los pasajeros es que reconozco lo que sucede: el autobús está siendo secuestrado.
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