Te hallé con los ojos cerrados
al cielo, al mundo y a mi cariño.
Tenías alma libre, voladora,
para ti sólo era el principio.
De tus heridas aprendimos
el camino del esfuerzo y el dolor,
juntos lo emprendimos,
resueltos y sin temor.
Tus ojos cerrados,
ante el mundo desolador,
mis manos inexpertas,
cuidando de tu corazón.
Ansias de vivir,
pensé que te podría salvar.
Pero mi niño, siempre fuiste
el pajarillo que nunca supo volar.
Bajo el sol se quedan,
nuestros sueños por tu libertad,
las horas juntos, tus esfuerzos por continuar.
Porque en este día,
bajo una rosa y un cielo de tierra,
siempre estará,
un pedazo de mi corazón
y aquél pájaro que nunca supo volar.
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