Hola a todos. Aquí les traigo otro relato, uno con un pequeño nivel de dificultad jeje, espero puedan entenderlo.
Era medianoche, caminaba en búsqueda de un hotel. Por alguna razón, mientras daba cada paso, tenía el ligero presentimiento de haber recorrido este camino anteriormente. Las calles se encontraban totalmente vacías, ninguna sola alma se cruzaba en mi camino; los edificios tenían una mala iluminación, por lo que la oscuridad y las paredes hacían una sola pareja; ninguno de los postes de luz funcionaba, a excepción de uno último ubicado al final de la extensa calle. Me encontraba de viaje, iba de ciudad en ciudad, recorriendo el país en toda su totalidad. Hasta que decidí quedarme unos días en una ciudad cautivadora por el día. Por las noches dormía en el hotel más lujoso; gozaba y charlaba con las personas de la alta sociedad, mientras bebía de los mejores licores. El bar se encontraba cercano a un salón de fiesta, lugar en que las almas movían sus cuerpos disfrutando de la noche; en el último piso, una esplendida vista desde la azotea esperaba a los huéspedes. A pesar de las cómodas camas, nunca podía conciliar el sueño, como si despertara de un sueño, me acordaba que tenía que visitar a alguien. Esa persona era karem, una vieja amiga del trabajo, que por ironía del destino, nos encontramos en la misma ciudad. Por las noches la visitaba para charlar acerca de nuestro pasado, el presente y los planes para el futuro. Todas las noches de esta forma, salía del lujoso hotel cuando el reloj marcaba las doce de la noche; aventurándome en las solitarias y vacías calles de la ciudad, llevando puesto un grueso abrigo blanco y fumando uno de mis cigarros favoritos. En ocasiones compartía las aceras con hombres, con un profundo odio reflejado en sus ojos. Llegué a pensar que sería víctima de un crimen; pero los hombres continuaban su camino, sin notar mi presencia o tal vez sólo ignorándome. El frío de aquellos callejones era terrible; ninguna luz alumbraba el camino; pero nunca sentí el miedo recorriendo mi cuerpo, me encontraba en paz, seguro, y no había nada malo que pudiera ocurrirme. Las ratas eran comunes verlas rondar por los agujeros, los gatos eran comunes verlos sobre los tejados de los viejos edificios; y los vagabundos eran también bastante común observarlos, cargando sobre sus espaldas un enorme saco y usando una ropa deteriorada.
Precisamente llegué al final de la calle, donde funcionaba el único poste de luz, se encontraba la entrada al hotel Tfloor. Subí los escalones de la entrada que rechinaban al ser pisados, la puerta era totalmente oscura y rasgada; un bombillo débilmente me alumbraba, que en varias ocasiones parecía que se fuera apagar. ¿Por qué Karem vive en un lugar como este? Pensé la primera vez que miré este sitio. Un anciano abrió la puerta lentamente permitiéndome pasar. La recepción se encontraba en la misma condición de las calles,… vacía y oscura. Una escalera poco alumbrada, permitía subir a los siete pisos del hotel. El anciano ya estaba acostumbrado a mis visitas así, que decidió dejarme esperar solo. “Este hotel no debería tener ni siquiera una estrella”, era lo que deberían pensar todos sus huéspedes, al menos, los pocos que pasaban la noche allí. Me senté en una dura silla a esperar a mi amiga, ruidos fuertes, de personas gritando y haciendo alborotos, provenían del piso de arriba. En cada visita siempre le pedía a Karem que dejara este sitio, le insistía que aunque no contara con los recursos necesarios, le pagaría un hotel mucho más decente, siempre guardaba silencio y al final rechazaba la idea. Y de repente ella bajó a la recepción. Era una mujer blanca, de cabellos castaños, de contextura normal y llevaba consigo lentes. Sus compañeros de habitación bajaban juntos con ella, al mirar cómo me saludaba, hicieron un gesto de sorpresa y rápidamente subieron por donde vinieron.
- ¿soy yo, o tus amigos piensan que estás loca?
- No les prestes atención, me sorprende que aún estés en esta ciudad, es la décima vez que me visitas, - subió rápidamente unos cuantos escalones- sube.
Subimos las escaleras hasta su habitación, al entrar, cuatros jóvenes se encontraban viendo apegadamente la televisión. Karem se había ganado la confianza del anciano, dueño de este hotel, permitiéndole quedarse a vivir, con la condición de compartir el mismo espacio con estos dementes; aun me pregunto porque ella decidió esto, negó mi ayuda y aún así quiso pasar más días en esta ruina. Todas las veces que hablábamos, me contaba acerca de las locuras que hacían sus compañeros; era de día, cuando de pronto uno de los jóvenes, entraba al hotel y subía hasta la habitación, llevando con el tres perros enormes y callejeros; perros que a pesar de ser de las calles, se encontraban en perfecto estado; una compañera de ella, cuando se duchaba salía desnuda por el pasillo pidiendo un trozo de jabón. Karem se tomaba todo su tiempo contándome estas y otras locuras que ocurrían en la habitación, de tal forma, que sus palabras me mostraban lo que sus ojos veían. Pero ella estaba feliz, venia siempre a las doce de la noche y cambiábamos el tema, reíamos sin parar recordando nuestras anécdotas, y claro, sus compañeros dementes pensaban que estábamos locos.
Karem me pedía disculpas mientras iba por unos vasos con agua, me quedé esperándola sentado en un asiento en buen estado “tenía que ser sólo de ella”. Sus compañeros parecían ignorarme, en ningún segundo me dirigían la mirada, esto poco a poco fue molestándome. El tiempo pasaba y pasaba, aún no volvía con los vasos, por lo que decidí ir a ver que le pasaba. Al entrar a la cocina; con las paredes sucias por doquier, el suelo sin barrer, la luz apagada y un extraño olor en el ambiente. La encontré llorando en un rincón, los vasos estaban servidos en la mesa, cogí uno y se lo lleve lentamente.
- No debiste haber entrado. Discúlpame, es que me duele mucho la cabeza.
- Todo está bien Karem, bajemos y hablemos en la entrada, no me siento cómodo con estas personas aquí.
Salimos de la incómoda habitación y bajamos a la entrada. El anciano me preguntó si ya me marchaba, le contesté que sólo conversaría con mi amiga un par de minutos y me iría.
Cada uno bebió su vaso con agua en silencio. Era la primera vez, desde que la visitaba a este hotel, que Karem mostraba un rostro de amargura y tristeza. Ella se quedaba viendo el agua de su vaso por varios minutos, mientras que por cada segundo que pasaba, temía que algo terrible le habían hecho esos dementes.
- No puedo continuar con esto, perdóname te lo pido.
Su voz me tomó por sorpresa, la seriedad en esas palabras me habían dejado sin habla, nunca durante los años que la conocí la escuché hablando de aquella forma.
- No sigas con esto, me hospedo en un brillante hotel, te pagare una habitación por unos días. Pero por favor abandona ya este lugar, mereces algo mejor Karem
- No lo entenderías ¡tú nunca has entendido nada!
- ¿qué es lo que no entiendo?, explícame no comprendo que ocurre contigo. - Karem comenzaba a tapar su rostro evitando que la viera llorar, lentamente le bajé los brazos y rápidamente me abrazó con suma fuerza,- aún estoy aquí y no pienso dejarte sola.
- Tienes que irte, no vuelvas por favor, vete y no regreses. - continuó.-
- No me iré hasta que aceptes otro lugar para vivir… coge tus maletas, hoy mismo te reservare un lugar que valga la pena - Karem me soltó de sus brazos. De pronto un sentimiento extraño, nostálgico y triste recorrió todo mi cuerpo, de alguna forma, logré saber lo que ocurría o por lo menos, creí saberlo- así que esto es lo que pasa… aquélla vez que salí de aquí.
- Si, compartimos un momento todos juntos, tenías que irte a otra ciudad, era demasiado tarde; pero aún así decidiste volver a tu hotel, tardaste una hora en despedirte. Teníamos tiempo que no nos veíamos.
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Era una de mis mejores amigas, no quería abandonarla en aquel sitio, no quería dejarla sola, por lo que seguí visitándola noche tras noches, quise quedarme. Como deseo nunca haberme ido aquella noche, compartir más tiempo junto a ellos hasta el amanecer, aprovechar y conocer parte de la ciudad juntos; sólo podía conversar por una noche. Con las personas de la alta sociedad, las conversaciones eran aburridas, por lo que me dirigía a tempranas horas de la noche a mi habitación, con el único propósito, de dormir.
Ahora conozco la razón de esta paz, de esta seguridad, el motivo por el cual las miradas llenas de odio no me afectaban, todo este tiempo la respuesta siempre estuvo en ese hotel. La solución siempre fue Karem, no quería que me fuera, porque tal vez aquella noche, seria la última que nos veríamos. Visitarla y visitarla, le creaba felicidad y al mismo tiempo tristeza. Pero era hora de que ya no tuviese motivos para quedarse, la verdad la tengo clara como el agua, y una vez esto fuera realidad, no volveré más al hotel y ella no tendría que esperarme otra noche más.
- Gracias por todo Karem, pasé una agradable noche en este lugar, es hora de que regrese.
Sin darme cuenta, ya era de día, los rayos del sol entraban por debajo de la puerta, me levanté y me dirigí hacia ella, abriéndola lentamente, fui envuelto en una centellante luz blanca. Me giré y la vi por última vez.
- Adiós Karem - la abracé por unos segundos,- te deseo toda la suerte del mundo.
- ¿Ésta es tu despedida?, en ese caso… adiós.
- Esta no es la despedida, hace tiempo que nos habíamos despedidos como debimos.
Y así, crucé la puerta, un nuevo destino me esperaba, era hora de volver. Pocas personas en este mundo fueron capaces de verme en esta forma. Si aquel anciano no pudiera verme, siempre volvería a un lugar vacío. Finalmente Karem a partir de mi despedida, ella abandonó aquella habitación. De esta forma culmina mi primera y última visita al hotel Tfloor.
Yo también creo que debe estar muerto, es como una historia contada por alguién que está al otro lado del charco, un poco tenebrosa:eek::eek: