Cuando terminó su relato, me sentí conmovido y en la obligación de contarle mis desdichas como el había hecho.
-También yo estoy aquí por un motivo así, o al menos eso pensé yo -le dije con voz sincera y el corazón abierto de par en par- Aunque no entiendo porque la diosa esta interesada en mi, pero si te contaré lo que a mi me sucedió para que abandonara mi casa y me adentrara en extraños caminos. Tan sólo me enamoré de una muchacha de mi región, aunque para mi significa ahora mucho, no sé como lo hizo que me sentí encandilado y ahora, ni en estos momentos mi mente la abandona. Al descubrir que ella también sentía lo mismo temí acabar como buen sufridor del amor, como he visto ya a muchos otros hombres. Por ello tomé mi carruaje y partí en una silenciosa huída.
No me esperaba su reacción, cuando me miró lo hizo furioso y con lágrimas en los ojos, entonces entendí porque Liris había temido intimar conmigo al principio, sin duda esa actitud era heredada de su amo. Él apreciaba tanto el amor que no comprendía como alguien podía huir de él, sin duda por ello podría llegar a ser castigado, no por estar enamorado en si. Temeroso le miré esperando una respuesta más allá de los gestos.
-Ahora lo entiendo _dijo él tranquilamente y con voz monótona- No mereces compasión, te llevaré hasta le diosa, esta vez no se ha equivocado.
Me agarró por las muñecas y me levantó bruscamente, después abrió la puerta y me arrojó a los pies de la temible diosa. Al mirar a mí alrededor, todo me pareció más pequeño que antes, todo más frío, más duro, el desconsuelo brillaba para llamar mi atención, un racimo de lágrimas navegó por mis mejillas.
En cuanto me vio, se sonrió a si misma y habló.
-Al fin llegas hasta mi, pues ya era la hora marcada en la que debías presentarte, aquí estas, se ha cumplido como tantas otras veces mi voluntad. Estas aquí por un buen motivo, la sabiduría te espera, y yo estoy dispuesta a abrirte un camino que no tienes por que apreciar, simplemente te exijo que sepas lo que yo quiero que al fin sea sabido. Tan sólo revelé el secreto al amo Helios por abusar del amor que no es motivo de poderes. No mires con pena, que lo que voy a decir nada empeorará, pues ya sin saberlo tú ya as optado por ignorar un deber, ahora estate tranquilo que ése no lo volverás a tener.
La miré mostrando mi última suplica que no dio resultado.
-El secreto del amor te revelo -dijo ella majestuosa e impasible- No es nada más que un adorno para que los mortales os decidáis a crecer en número, en realidad tan sólo es un simple instinto que añadí para que todos vosotros cumplierais el deber de crecer para que yo pudiera gobernar mejor, pues más cantidad es sinónimo de poder. Al ver que no os molestabais en intimar decidí crear una relación por la que pasarais hasta llegar a los hijos, nada más que un incentivo para mis órdenes. Ahora tú estás confuso y te sientes vacío, pues conoces tu carga. Pero tranquilo, tú no estas aquí por decisión propia, no lo has querido en ningún momento. Cuando partiste yo me encargué de transformar tus caballos para mi bien, los convertí en fieles yeguas que se guiarían por tus deseos, que yo manipulé para que consiguieras llegar aquí. Ahora en tus manos dejo que los mortales dejéis de temer al amor por que nada significa, estoy cansada de los jóvenes enamorados que partís entre nieblas de ideas en carruajes hacia un destino de mentira.
Al averiguar la verdad, una porción de rabia emanó de todo mi cuerpo, decidí que escaparía de esa horrenda verdad, no lo conseguí. Cuando hubo terminado de hablar me dirigió una mirada indiferente, hizo que el temor que sentía hacia la diosa borrara durante unos momentos mi preocupación, pero cuando ella misma me guió de vuelta hasta los portones del pórtico de las dos caras, pensé que me volvía loco. Bajé como pude el monte Ida, pensando que tenía los días contados, deseando que quedaran los menos posibles.
Ahora, vivo enfrentándome a la diosa, no pienso dejar que otra persona lo descubra, yo ahora no aprecio nada, todo me parece estúpido y me siento mal conmigo mismo, tan sólo el recuerdo de haber querido, permite que ahora sea el guardián del camino hacia el pórtico de las dos caras, en mis manos está que nadie sufra este embrujo. Estad tranquilos enamorados, yo me encargaré de que aprendáis a apreciar el amor, no dejaré que la diosa os envenene con verdades, me ocuparé de que vuestro destino no sea el de cumplir órdenes a la ligera. Yo aquí me quedo, velando el camino que nunca pisareis, por vuestro bien.