Hola, quisiera compartir el siguiente texto con ustedes, haber que les parece, es la primera vez que comparto algo de una manera TAN pública. mm espero haberlo colocado en el sitio correcto.
He comenzado ha escribir recientemente y esté texto es con el que he quedado más satisfecho hasta ahora, pero seguro tiene sus detallitos

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3.3 Diagrama de Flujo
105,106, 107. Odiabas los estúpidos números grabados sobre las puertas de acero. Seguías caminando con la espera de que los diálogos mentales se apagaran mientras el pasillo se hacía angosto y oscuro. Tres golpes a la puerta de acero fueron suficientes para que la luz fluorescente que se escapaba por el borde de la puerta iluminara parcialmente tu rostro. No lo sabias pero el miedo se notaba en tu mirada, parecías más asustado que deslumbrado. Hacía ya 4 meses que arrastrabas pesadas bolsas de plástico por ese oscuro pasillo. Terminaste ahí por un anuncio en el periódico.
Se solicita personal con disponibilidad de horario nocturno.
Contrato máximo de 6 meses.
No se necesita experiencia.
-Un fracaso, una deshonra para la familia, un hijo que no puede ser mío -dijo tu padre cuando te expulsaron de la universidad.
No te iba tan mal, tenías probabilidades de aprobar y parecías tener un buen futuro, pero querías ser un espíritu libre y cortar tus venas del sistema así que no lo pensaste dos veces para mezclar sustancias psicoactivas en el agua de la cafetería. Tu explicitud hizo que te notaran rápidamente. En medio de una pasarela de payasos y una fiebre de colores que surfeaba el aire tu risa disparatada se extinguía mientras eras arrastrado por la fuerza y gritabas:
-¡Estúpidos! Golpéenme por interpretar desnudo mis sueños sobre su sistema. ¡Tontos! Sentirán los miembros dormidos cuando lo monótono les devore la piel –. Mariposas comenzaron a volar de tu pecho hasta que sólo quedo el verde de sus esqueletos en tu mirada. Esa misma mirada que acompañaba a tu sonrisa de culpable cuando ignorabas todo lo que te decía la gente; Tú seguías escuchando el revolotear de las alas de mariposa.
-Hijo no hay salvación fuera del sistema -dijeron los hombres sentados en escritorios grandes y de oficinas amplias.
– Puedes largarte no encontrarás mucho a dónde vayas. ¡Así es! El antisistema, tal y como está no vale para nada.
Para ti todo eso sonaba a fonógrafo viejo, pero tenías que vivir de algo y aceptaste trabajar en ese lugar gris y decaído, un complejo de edificios de hormigón ubicado algo lejos de la ciudad, dónde los trabajadores no cuestionaban y el aire olía a moho. El trabajo consistía en descargar bolsas plásticas de camiones y esto se repetía cada noche. No había esperanza de trabajar más allá de los seis meses ¡Bien! lo aceptarías como una condena liberadora pues el trabajo era extraño y los procedimientos oscuros.
-Las bolsas siempre deberán de encontrarse bajo vigilancia.
-Nunca abrir las bolsas.
-Contar estrictamente el número de bolsas descargadas.
-Trabajar en silencio.
-Evitar toda área no designada al puesto de trabajo realizado.
-Evitar la exposición de las bolsas a fuentes de luz.
La piel se te helaba cada que sobre-pensabas las reglas y su naturaleza siniestra. No había con quien cruzaras palabra alguna, el cambio de roles era frecuente. La única constante era el zumbar de las lámparas y el resonar de ruidos metálicos que no lograbas ubicar. Cuatro meses habían constreñido tu pecho y enterrado tus ánimos de revolución, tus ideales habían sido martillados y en tus oídos zumbaba un silencio eléctrico en lugar de aleteos, tus ojos veían en un tono pálido y fluorescente; el verde ya no era el de las mariposas volando si no el de los mosaicos fijos sobre las paredes. Tus miembros comenzaban a sentir letargo, pero despabilaste al mirar aquella bolsa rota. Repetiste en tu mente los procedimientos hasta que tu mirada se volvió amplia al repasar aquella norma:
-Todo aquel que rompa una bolsa deberá reportarlo inmediatamente a la oficina 108
En el recorrido habitual que realizabas habías visto el número 108 varias veces pues era la única puerta con signos de vida o algo “casi parecido” en todo el lugar. Ignoraste el olor agrío que despedía la bolsa y evitaste voltear a verla mientras caminabas contando los números en las paredes, tratando de hacer caso omiso al piso pegajoso tras de ti.
La puerta se abrió y mientras hablabas recordabas todo aquello en lo que alguna vez creíste. El quiebre de tu voz se sentía en cada palabra. No alcanzaste a decir mucho sólo que estabas ahí para reportar algo entonces la voz de una silueta dijo:
-Está bien, no hay más que decir, pero tú ya no trabajas aquí.
La puerta se cerró, la oscuridad se clavó en el espacio y por un momento viste algo en la puerta: eras tú, tú y tus ojos verdes, el estúpido acero, los números grabados, el olor agrío, los mosaicos, las mariposas… y tus ojos verdes.
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