¿Miedo?, ¿Cobardía?, ¿Nervios?...
¿Qúe otra cosas puedes sentir cuándo te encuentras en el borde de la azotea de un rascacielos a punto de saltar al vacio? Llamadme loco, pero mis sensaciones en ese momento no podías encontrarlas entre esos adjetivos.
"¡Fuerzas, valor y ganas de lanzarme!" Eso es lo que sentía... La adrenalina circulaba por mi organismo, y a cada centímetro que avanzaba más ganas sentía. Dicen que para hacer algo así lo mejor es no pensar; mi caso no era ese, solo pensaba en la sensación de velocidad, el aire dando en mi cara y ese espectacular e inmediato final, y cuanto más pensaba más buscaba el salto, así que sin pensar más salte de cabeza.
La sensación del salto y ver que no pones los pies en el suelo era como la de saltar de un trampolín en la piscina, pero sabiendo que al final no encontrarías agua.
La velocidad en la que bajaba aumentaba por momentos, el aire acariciaba mi cara como si de sabanas se tratasen, e intentaba abrir mis brazos como si de un pajaro me tratase. El hecho de ver cada vez más cerca el suelo hacía que mi cuerpo se sintiese cada vez más vivo, y vaya paradoja, era el momento en que más cerca me encontraba de la muerte. Pero aún así deseaba llegar ya e ir con mucha más velocidad, aunque cada vez veía más lejos el suelo, hasta que de repente: ¡pam!.
Un rebote en mi cama me hacía despertar de mi sueño, haciendome parecer que era real, y en ese momento pense: ¿Qué demonios he soñado? ¡Maldita sea! No lo recuerdo...