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La Fea

MonoracMonorac Pedro Abad s.XII
editado mayo 2011 en Narrativa
Esa noche salimos como de costumbre esta vez a un bar que quedaba cerca de la casa de Fernando. Éramos cuatro, faltaba solo Ignacio que avisó estaba enfermo. Empezamos con unas chelas para después pasar al pisco. Era casi un ritual que compartíamos, una cábala que nos era imposible de romper. Ya habíamos perdido la cuenta de los vasos que llevábamos cuando Francisco nos hizo notar una mujer que estaba sentada en la esquina del bar. “La llaman La Fea” nos comentó Fernando. Y la verdad es que le hacía justicia a su nombre. Era una mujer de contextura gruesa, encerrada en un vestido azul que luchaba por mantener todo en su lugar, le faltaba un ojo y se notaba su fútil intento por pintar de rojo su labio leporino.
“Pago mi peso en billetes por quien logre acostarse con ella” nos dijo Fernando con una sonrisa en la boca. Ricardo aceptó la apuesta.
Lo vimos acercarse a la mesa, conversar con ella, acariciarle un poco la mano, la vimos sonrojarse (bueno, en realidad adoptó un tono más bien morado). Entre risas disimuladas nuestro amigo regresó con un papel en la mano. “Quiere que la vaya a ver a un local en la calle siguiente” Dirigimos nuestras miradas a la esquina del bar; La Fea ya se había ido y todos estallamos en carcajadas.
El local se llamaba “El trópico”. Entramos todos junto a Ricardo y nos sentamos a una distancia prudente de él para poder disfrutar del espectáculo. Esperamos un tiempo, bromeando entre nosotros, poniéndonos en el supuesto de que a Ricardo lo habían dejado plantado. Nos comunicábamos de mesa a mesa con nuestro amigo mediante gestos, que algunos considerarían groseros, y una que otra mirada de complicidad de por medio. Francisco encendió su cuarto cigarro. Unos minutos después sobre el escenario apareció La Fea. Una luz cayó sobre ella como para resaltar su apariencia.
Creo haber escuchado una presentación, un nombre y tímidos aplausos, pero lo único que me quedo de esa noche fue su voz. La Fea cantó… y lo hizo como nadie. Un piano la acompañaba y ella delicadamente lo seguía. Palabra tras palabra su voz se apoderaba de su apariencia. La Fea pronto dejó de serlo. Su pelo descuidado, la cuenca vacía y el labio leporino seguían ahí, pero bastaba con cerrar los ojos para realmente verla.
Era sentimiento, era dulzura, era amor incorrespondido, era dolor…
Y entonces sucedió: la multitud de hombres se abalanzó sobre el escenario, todos intentando tocar a la Fea, despojarla de su vestido, meter la lengua en su ojo faltante, besar su labio enfermo.
Ella cantaba y cantaba, cada vez con más pasión. El pianista dejó de tocar embelesado y ella siguió a capella. Ricardo entró en una pelea con un sujeto que había osado a tocar su muslo. “Es mía” gritaba “Es mía”.
Las mujeres presentes se subieron a las sillas e intentaban cantar como la fea. Se despojaron de sus joyas y lanzaban furiosas sus anillos. Algunas increpaban a sus novios e intentaban llamar la atención de los hombres mostrando sus senos bien formados. Pero nadie las quería a ellas, su hermosura poco valía ahora. Ahora que La Fea desbocaba su alma cantando. Desesperadas, muchas luchaban con una cuchara por sacarse los ojos y con restos de vidrio partirse los labios…
Yo seguía sentado, observando, enamorado de pies a cabeza. La Fea estaba desnuda ahogada en una multitud de hombres, entonando su balada. Pensé que era efecto del alcohol, pero ahora que la miraba, que realmente la miraba… me di cuenta que era bella y que sobretodo (y esto me sacó una sonrisa)...que ella también lo sabía.
Mientras en el suelo, caídos como hojas secas, había miles de papelillos. Idénticos al que horas atrás leímos con unos amigos en un bar una calle más arriba.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2011
    vea pues, la fea más bella:p:):D
    Muy chévere el relato, me gustó la fluidez;):p:):D
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Hey!! que buen relato me gustó mucho, y me hizo reir. Sobre todo la parte :

    Desesperadas, muchas luchaban con una cuchara por sacarse los ojos y con restos de vidrio partirse los labios…

    jajaja es muy bueno!. saludos!:)
  • MonoracMonorac Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2011
    Gracias, que bueno que les haya gustado y que se den el tiempo para leerlo
    Muchas gracias de nuevo:)
  • TrasgoTrasgo Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    muy buena,con ese humor especial..."meter la lengua en su ojo faltante"..puaj

    Saludos
  • ZiorijiZioriji Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2011
    Jejejej.. muy elocuente y original! jejje.. me gusta lo absurdo del relato.. El poder de la seducción!... :rolleyes:
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