LOS RENCORES DEL PLANETA
En una charla ante la multitud estaba, cuando de pronto me sorprendió mi conciencia.
-¿Por qué hablas de los romances, del hombre con el planeta, si a cada paso te encuentras desolación y agonía?
Eres parte del pecado que escribe sus propias normas, imaginando que el mundo aplaude tus letras huecas.
-Para mi punto de vista, desconoces la vergüenza.
Intenté seguir hablando, del amor y sus promesas, en nombre de los que dicen defender a nuestra tierra.
Pero la voz paulatina, que masticaba mis letras, insistía en apartarme de mi escandalosa y entorpecida moralidad.
Con la premura en los pasos terminé con el discurso.
Llegué al hotel y le dije, - ¿Qué demonios te propones?, ¿No eras tu quien me incitaba a seguir con este intento, defender mis objetivos?
He dedicado mis días a descifrar el tiempo y sus letargos, a ver por medio del mundo sus planetas y sus grandes mares.
He viajado los países y terruños, los desiertos y las selvas, sus mutismos y estertores.
He sacrificado amantes en las noches de desvelo, imaginando este mundo sin rencores y sin armas en las manos.
He recibido el aplauso porque me asumo poeta del universo y sus dones.
¿Qué me reclamas ahora, acaso no te conformas con ser parte del dilema que acompaña mis temores?
El hombre que se alucina de vivir en la inconciencia, no lo exculpa de ser causa de que muera nuestra tierra.
Sin embargo los que hablamos en nombre de su inocencia, somos más irresponsables de saber su decadencia.
Lawra Aguilar Abril del 2011
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