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[FONT="]Capítulo XX: De Mí
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D[FONT="]istinto a mi padre, no me puse de pie al nacer. Y pasó tiempo hasta que conseguí enajenarme del piso donde los cuidas me abandonaron. Como con el exterior, con ellos tuve tratos un solo día. Pero en n[/FONT][FONT="]adie noté siquiera una arruga. Nacemos muy legañosos. Tras un año de paralíticos despertares gateé h[/FONT][FONT="]asta mi primer yuyo. Nunca supe quien fue la encargada de amamantarme. De seguro no una mujer. Hasta la escápula soy un ho[/FONT][FONT="]mbre, mas tengo fiera boca y cerebro. Mis pícaros mordisqueos le [/FONT][FONT="]hubieran irritado la piel del busto. Así que encerraron conmigo a una de las tantas fulanas junto a las que durmió papá. Pero pronto conocí los ardores de la pubertad. Y cuando quise acordarme me encapriché con la idea de celebrar un banquete. La asesiné sin fijarme, aunque con todo respeto. El pecado jamás firmó en el listado de mis vergüenzas. Para averiguar lo que significaba el delei[/FONT][FONT="]te le devoré las tripas como si fuesen una larguirucha pasta cocida en sangre. Des[/FONT][FONT="]de aquel almuerzo los incontables siglos secaron mares; pero en memoria de sus servicios planté un altar con la calceosa armadura[/FONT][FONT="]. Mi cortés homenaje pronto cultivó frutos: la media res fertilizó el campo; gracias al abono nacieron las únicas flores que conocí. Hoy la osamenta adorna algunos codos del suelo arisco. Debería distribuirla[/FONT][FONT="] por diferentes salones, así me sería más fácil recordar los lugares por don[/FONT][FONT="]de anduve. Pero me gusta que el esqueleto conserve intacta su imagen; al fin y al cab[/FONT][FONT="]o fue aquella confiada quien alivió la preocupación de una reina. De todo aquello, lo más curioso fueron los ikebanas. Por suerte las manos me las heredó mamá. [/FONT]
http://asterionyyo.blogspot.com/2010/02/de-mi.html
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Nicolás López Dallara
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