Rebuscar en mi biblioteca personal supone encontrarse con algunos proyectos que pasaron a mejor vida antes de ser finalizados. Este es uno de ellos, la novela pintaba bien: buen argumento, personajes solidos, desarrollo taimado pero sin pausa. Todo iba bien hasta que esos conatos de indecisón que todos tenemos llamaron a mi puerta para quedarse. Tal vez una combinación de ideas que ni a mi mismo me encajaba, tal vez un tiempo personas demasiado anarquico. Fuese como fuese lo cierto es que 50 folios llegaron a crearse, solo el tiempo dirá si estos deben aumentar.
1-LLUVIA
Dicen que todos nos miramos sobre los charcos de lluvia. Dicen que la lluvia es el espejo que la naturaleza nos da para que comprendamos quienes somos o de dónde venimos. Ese no es mi caso, yo no me miro en esos charcos, me limito a caminar a través de ellos rompiendo ese espejo en el que otro se ha mirado. Una vez lo hice y comprendí que algunas preguntas nunca tendrán respuesta, porque si no me miro es porque simplemente se quien soy…pero no de donde vengo.
Transcurría el invierno de mil novecientos ochenta y nueve, la ciudad de Barcelona caía aletargada bajo un frio manto. Una ligera pero heladora brisa corría libremente por las calles de la ciudad convirtiendo en héroes a aquellos locos que se atrevían a salir. Yo me encontraba durmiendo en mi cuna, cubierta bajo unas mantas y al calor de una estufa eléctrica era ajena a todo lo que sucedía a mí alrededor. Mi madre cocinaba un rico pastel de canela y limón mientras mi padre trabajaba en una fábrica a las afueras de la ciudad. Aquel día mis abuelos se encontraban en casa, habían venido a celebrar mi primer año de vida. Por eso, cuando la noche llegó, mi padre llegó a casa acariciando mi cabeza nada más entrar. Poco después dicen que ellos se pusieron a celebrar un cumpleaños, que para mi edad, no lograba comprender. No tardé en caer en un placentero sueño por lo que mi madre me devolvió a la cuna al calor de una buena estufa. Tanto mi madre, como mi padre y mis abuelos siguieron con la fiesta un poco más en el salón. Era la primera nieta para mis abuelos y en sus rostros se podía ver reflejada una más que comprensible felicidad. Con el frío en las calles y alguna que otra copa de más mis abuelos decidieron quedarse a dormir en casa. La noche transcurría en calma cuando dicen que alguien comenzó a gritar, Comenzaron a haber carreras dentro de casa y gritos que me hicieron despertar. Dicen que mi casa se había convertido en una bola de fuego quedándonos todos atrapados en su interior. Dicen que mis abuelos fueron los primeros en fallecer debido al humo inalado. Dicen que mis padres se refugiaron en el salón abriendo las ventanas mientras el fuego les iba cercando cada vez más y más.
Dicen que a las cuatro de la madrugada alguien corrió por las calles de la ciudad sin saber realmente porque. Atravesaba las calles a gran velocidad olvidándose del poco tráfico que pudiera haber, decían que parecía volar en lugar de correr. Dicen que cuando mi madre cayó al suelo victima de la inhalación de humo mi padre, observando que no había escapatoria alguna, decidió sujetarme con sus manos mientras me asomaba por la ventana ante los gritos de los vecinos que habían podido salir del edificio. Los bomberos no llegaban y el fuego iba ganando cada vez más y más espacio. Finalmente mi padre me miró con lágrimas en los ojos y ante la desesperación me dejó caer por la ventana con la esperanza de que cayese en los brazos de alguien. Y así sucedió, alguien que hoy en día no he llegado a conocer saltó cogiéndome en sus brazos justo en el instante en el que el fuego devoró a mi padre. Dicen que no pudo gritar, que la voracidad del fuego acabó con él en cuestión de segundos. Dicen que la persona que me salvó me miró por un instante sonriéndome, acto seguido me entregó a los brazos de un vecino desapareciendo entre las calles de la ciudad sin que nadie supiese de donde hubiese salido.
Cuando los bomberos llegaron y apagaron el fuego observaron los cuerpos sin vida de todos mis familiares. Había sido la única persona en aquel hogar que se había salvado y todo gracias a alguien que apareció de la nada sin que nadie supiese tan siquiera su nombre. Al ser la única persona con vida de toda la familia fui entregada a las autoridades las cuales me llevaron una casa de una hermana de mi madre. Allí fui criada con una estricta educación y con unos hermanos más pequeños que yo que nunca me aceptaron como si fuera de la familia. Al poco tiempo de estar con aquella familia nos mudamos a un pequeño pueblo de Cáceres donde los años, y sobre todo el lugar, me empujaron a aislarme cada vez más en mi misma. El hecho de vivir en un pequeño pueblo cuyos habitantes tenían la mentalidad cerrada y el rechazo de mis hermanos adoptivos provocó que mi carácter se tornase cada vez más y más cerrado. Para colmo de mis desgracia mis hermanos comenzaron a llamarme Pyros en honor a mi pasado, tan solo mi tía me llamaban Sarah aunque cuando alguien me llamaba Pyros ellos hacían caso omiso. Cuando cumplí la mayoría de edad y cansada de una familia que nunca me quiso decidí regresar a Barcelona. Sabía que debía regresar a mi ciudad de origen por lo que tras buscar un pequeño piso en un barrio humilde de la ciudad me puse a trabajar como becaria en un periódico gratuito. Aquello me dio una dependencia de cualquier persona y sobre todo de cualquier familia.
Por eso ahora cuando llueve yo no me veo reflejada en esos charcos de lluvia en los que dicen que todos nos miramos alguna vez en la vida. Odio mi familia adoptiva al igual que ellos me odiaron a mí hasta el momento de regresar a Barcelona. Nunca más he vuelto a saber de ellos, lo último que pude saber es que siguieron viviendo en aquel pueblo donde un día fui presa. Nunca tuve amigos ni los quise tener, por eso, por estar encerrada en un pueblo de mentes cerradas nunca quise tener contacto con la gente, los odio a todos. Pero si hay alguien a quien realmente odio esa es a la persona que me salvó la vida, para algunos ese sentimiento puede parecer cruel pero para mí es más que comprensible. Nunca podré apreciar ni sentir cariño por alguien que apareció de la nada para salvar mi vida pero que luego desapareciese sin más, si tanto le preocupaba mi vida ¿Por qué me dejó a mi suerte? Sé que algunas preguntas nunca se podrán responder y esa es una de ellas. Sé que en cualquier momento puedo cruzarme con esa persona pero es algo que me es indiferente, nunca recordé su rostro y eso es algo que me tranquiliza. Hoy en día soy una persona totalmente adulta, o al menos así lo considero, tengo mi hogar pagado con la indemnización del incendio, un trabajo que si bien no es la mejor cosa del mundo, al menos me da para sobrevivir día a día. ¿Amigos? Desconozco que es esa palabra pues he dejado de creer en la amistad, tampoco los necesito, puedo vivir sola perfectamente y eso es algo que no me preocupa. Pero mentiría si dijese que estoy realmente sola, Spin es mi único y mejor amigo, su nombre real es Mike pero su pequeño problema con algunas substancias alucinógenas provocó que todos sus amigos le llamasen Spin. Es un chico de dieciocho años, de aspecto limpio aunque bastante desaliñado, su larga melena completamente despeinada ocultan unos preciosos ojos verdes que el mundo no debería perderse. Eso hecho junto a su frondosa barba hace que apenas pueda verse su simpático rostro. Siempre viste con tejanos rotos y camisetas algo descoloridas. Mide algo más que yo y su amplia constitución hace intuir que es una persona de vida fácil. Si me llevo bien con él es por lo poco que habla, tampoco le hace falta, tan solo unos pocos privilegiados somos capaces de descifrar las escasas palabras que salen de su boca porque cuando lo hace el mundo tiembla ya sea para bien o para mal.
Mi vida transcurre entre lo absurdo y lo monótono, solo soy una mujer completamente independiente, sin necesidad por decir te quiero para recibir un abrazo, tampoco los quiero. ¿Mi existencia? Supongo que como la de cualquier otra persona normal y corriente: sobrevivir día a día. Desde que estoy en esta ciudad he dejado de pasar por el barrio que me vio nacer, reniego de aquel lugar donde una vez hubo tanta vida y sin que nadie se diese cuenta acabase convertido en un verdadero infierno del cual yo, solo yo, pude lograr escapar. Yo no tengo recuerdos, eso es algo que me diferencia de la gente, y si los tengo los he querido olvidar ¿para qué recordar aquello que te hace daño? Yo no soy como esas personas que se encierran en sí mismas aquejándose de sus penalidades sin hacer nada por intentar cambiarlas. Mi pasado no existe, solo tengo mi presente, un hogar más bien pequeño repleto de muebles destartalados, unos armarios repletos de ropa oscura, electrodomésticos como en cualquier otro hogar y un par de ventanas que se asoman tímidamente a un barrio humilde. Este es mi lugar, y a pesar de los recuerdos no pienso dejarlo. Sé que puedo valerme por mi misma en esta jungla de edificios de acero, no necesito gente a mí alrededor, y si me hacen falta solo tengo que llamar a Spin que si bien no es muy dado a la palabra, siempre puedo contar con él. Hay quien tiene mascotas…en mi caso le tengo a él, la única diferencia es que no se le tiene que sacar a pasear ni pide caricias aunque en el resto la diferencia es nula.