El dolor no se presentó suave ni fuerte
sólo arte, del que nunca se desvanece,
iluminando el camino hacia lo irresistible.
En la sala de la inauditamente eterna espera,
entre el humo de la confusión, la desesperación,
de lo que aún no se ha comprendido,
de la poca fuerza de las grandes palabras que les pertenecen;
mientras el principio se acerca a la esperanza,
el tiempo por fin abre las celdas de los colibríes.
Entre las nieblas de lo prohibido,
un paso a través del umbral de lo salvaje,
se oye la primera palabra de libertad.
Libertinaje.
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