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Caballos troyanos

IagoFPIagoFP Anónimo s.XI
editado abril 2008 en Narrativa
Una llama temblando en el espacio a oscuras. Una llama oscilando sobre el torso cerúleo de la vela. Sobre un platillo de cobre descansa en la mesilla. Es su aniversario negro. Protocolariamente el número de velas corresponde al número de años. Se acostumbra a usar como soporte confitería, en resumidas cuentas algo más elaborado. La gota de fuego ha pasado de un temblor a débil equilibrio y luego a desaparecer de la mecha. La llama ha sido barrida por una ráfaga de aire glaseada de hidrocarburos. Es su negro aniversario. No logro mantenerla prendida dado que es Imposible crear hermetismo y quietud en el aire con cerraduras inservibles y cristaleras verticales gracias a la cinta americana. Empírico. Enciendo una vela y la coloco en un platillo de cobre cada dos de mayo. Irradia tan solo una exangüe mecha. Tan solo una porque tan solo se puede fallecer una vez. Es la misma muerte conmemorada, no una progresión numérica de muertes. Es su aniversario: Hoy ha muerto ella. Hace ya 3 años. Desconozco los pormenores. El cómo incluso. Se desvaneció. Pensar que estas son sus exequias es más cómodo que iniciar su busca. Indigestión de barbitúricos. Infarto cardíaco. Por agresión violenta. En horario laboral (En la fábrica). Accidente de coche. Es más amplia la comodidad de aguardar a ver su esquela en un diario, recortarla y guardarla en un álbum fotográfico junto a la baraja de estampitas.
¿Sabes la curvatura de las Majas de Goya? ¿Y su paleta fría contorneándolas? Bien, pues ella era la fuerza bermellón del fusilamiento del 2 de mayo. Era la beligerancia en si misma, una jungla establecida en un cuerpo.
En ocasiones pinto cuadros y establezco similitudes con imágenes. En otras ocasiones vacío cascos de cerveza y establezco puentes entre yo y una inconsciencia que me permite no saberme como yo. En ocasiones leo a C.H Bukowski y me empapo con detalles nimios de Hollywood Boulevard. En otras ocasiones establezco la siguiente sentencia: ¿Cómo puedo ser mi comportamiento objeto de juicio, si ningún tribunal ha sido testigo de mi pesadilla? Y me autoconvenzo de mis hipnóticas en ocasiones y absorbentes en otras ocasiones.
Como en todas las ocho en punto, me dispongo a prepararle la leche en polvo al niño de nombre anónimo por lo de pronto. Viene siendo costumbre que la leche se cuaje y se derrame de la cazuela extendiéndose hasta más allá de mi paciencia y su escueto límite. Mientras preparo el segundo intento de cocción, rememoro la noche en que, por accidente y poca protección plástica, concebimos al irrisorio anónimo, pues la guardo con sus pelos y señales intactos en el formol de la memoria sin demasiada problemática. Las labores de cocina se me dan mal con mayúsculas como todo aquello que sea de utilidad, objetivamente hablando. Tiro el segundo tazón de leche, los excedentes, el cual literalmente ha explotado en la cazuela. Preparo la mezcla de nuevo. Con esmero, porque ahora un bebé patalea, con los ojos rebosantes de quejidos como sablazos intempestivos, en mi apartamento. Finalmente, con un biberón rebosante de leche, la cual había conseguido elaborar en un tercer intento, le di de mamar a anónimo.
Sentado en la silla, frente a la cuna, soy consciente de que no merece una autoridad paterna que le acaricie el pelo rubio con las yemas de los dedos manchadas de óleos azules que lo degradan y dañan o que le deje en equilibrio sobre las cejas convexas, al besarle la frente con una ternura positiva, un halo de cerveza reciente. Pero¿Cómo puedo ser mi comportamiento objeto de juicio, si ningún tribunal ha sido testigo de mi pesadilla? Y me autoconvenzo de mi abrupto comportamiento.
Por otro lado, le doy a entender que Nancy, como la carambola que colocó azarosamente los planetas, por mala fortuna es hoy nuestra mayor carencia. Le hablé de la madre mientras, en mi regazo, se inflamaba de leche caliente a gran velocidad, ganando volumen en los mofletes. Le confesé, casi con pavor que me tache de supersticioso, que cada dos de mayo enciendo una vela sobre un platillo circular de cobre, a pesar de que esta noche la tarea haya sido anulada. Que en realidad ella ha dejado algo más que pelos caídos en la funda de la almohada y la placa de fino sarro en las hebras del cepillo de dientes: el deseo de una educación a cumplimentar por ejemplo. Le hablé de la vela encendida, restándole tiña y sombra a los objetos, emanando un óvalo de luz requemada y le demuestro que, es físicamente imposible que en su armarito existan maestros de escuela o trozos de tubos de escape, que, por tanto, los monstruos no se manifiestan en esa zona concreta. Le conté que la vela, por razones diversas, no la clavo en un dulce confitado, y que no es superchería, solo que su raciocinio no lo admite y, finalmente, le hablo de que mama va a volver, aunque sea con otra cara y otros zapatos y otro nombre, pero le juro que le encontraré una mamá que se haga pasar por Nancy, y le susurro, que el hecho de que Nancy y su tío hayan desaparecido al unísono es algo casual, y que para nosotros ha muerto tal y como era.
Finalmente, absorbiendo cervezas y mezclando con acierto los pigmentos de los colores primarios, dictamino que meter a algunas mujeres en tu propia casa, es duplicar la fábula del caballo de Troya.

Gracias si han llegado hasta aquí. Si puede ser una critiquilla se agradece.
Un abrazo.
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