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Monotonía de Tommy I

PoinaskiPoinaski Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2010 en Narrativa
La ciudad estaba inundada de un vapor translúcido, aún no nos han dicho de donde narices viene. De entre medio de ese vapor, con mi peculiar gabardina corta, mi chapela de empleado de ferrocarril y mi pelo desfasado estaba yo, Tommy. Miraba desde la acera las ventanas de lo que iba ser mi nuevo hogar: una ganga de piso idóneo para estar allí tirado todo el día. Conseguí la pasta en un concurso de estos de decir la verdad, a mi hermano no me importaba nada mi familia así que prefirió soltar sus secretos sucios con tal de ganar algo de dinero, después para disculparse me dio una parte del dinero, estábamos muy compenetrados y soy el único que realmente le importa en la familia. Últimamente la gente solo va eso, la ciudad se muere de hambre y la gente intenta conseguir el dinero con las más astutas artimañas. Así pues con la parte del dinero adquirida me instalé en el piso nuevo. Nada más entrar ya se desprendía un olor a humedad combinado el vapor enrarecido de la calle. El vapor se colaba por los edificios y todas las habitaciones toda la ciudad parecía que en proceso de fumigación. El piso acogía todas mis necesidades, era el típico que une cocina con salón y el baño y la habitación para dormir aparte, no necesitaba más cosas, en serio. El salón tenía dos sillas, una tele vieja, una mesa pequeña y un sillón que parecía que lo habían traído del vertedero, con chinazos de cigarrillos en el reposabrazos y la parte de abajo llena de chicles pegados, por lo menos estaban duros y los pude quitar. La otra habitación no era del otro mundo, una cama, un pequeño armario con un copón de grabados al estilo enamorados en un árbol y luego una cómoda con una lámpara llena de telarañas que parecía una mosquitera africana.

Me senté en el sillón chamuscado y me entro una sensación de relajación, lo bien que estaba allí encerrado, sin tener preocupaciones del exterior porque ya tengo una fortaleza donde aislarme, cosas mías. No entiendo el porqué pero cuando una persona se tumbada o se sentaba en plan relax, el vapor de la ciudad se encargaba de relajarlo como su se tratarse de cloroformo y los dejaba en una especie de trance que derivaba en un sueño y ya no te enterabas de cómo te quedaste dormido. Eso es lo que me paso la primera noche, caí fulminado en mi sillón y me levante sobre las 2 de la mañana, me sentí con ganas de salir a celebrar, además me quedaba aun bastante dinero del concurso así que me fui a dar una vuelta por la ciudad. Vaguee sin rumbo por los bares mas distinguidos de la calle Gold aunque no me dejaron pasar en unos cuantos por cuestiones de vestimenta, podía haberme pillado algo elegante antes de salir. En uno de ellos, un café-casino bastante bien montado, conocí a un hombre fanático de las apuestas, vestía de traje con un amplio sombrero de caballero, al estilo Eliott Ness. Lo que más me impacto era su afán por arriesgar las cosas, cuando estábamos hablando me soltó la típica frase de: -Yo arriesgo a las cartas, a la ruleta. Arriesgo con las camareras que me sirven las copas. Me encanta arriesgar. Pues no se consigue nada si no corres riesgos ¿entiendes?-
No sé a mi no me gustan los tópicos de siempre, pero tenía su cierta razón, me gusta asentarme en las cumbre estables y cuando ya estoy allí no me muevo hacia ningún otro lado, así veo las cosas pasar, como las inevitables.
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